martes, 10 de abril de 2012

RELATO IV

Entrada Original,  Miércoles, 29 de Septiembre del 2010

Andrés está acorralado en el cuarto de baño por cinco compañeros de clase. Está arrodillado mientras los compañeros le humillan, dándole collejas y ostias en la cara. Uno de ellos se saca la polla y le mea encima. El resto le imita y se mean en su cara mientras ríen y le insultan llamándole maricón. Algunos chicos entran al servicio y para no tener problemas y en vez de ayudar al compañero, huyen despavoridos. Nadie hace nada.

Andrés tiene quince años y acaba de llegar a la ciudad. Sus padres se han separado y la madre ha pedido traslado a un hospital de la capital. Él era feliz en el pueblo, con sus amigos, con sus clases de piano, las excursiones en bicicleta, las escapadas al rio en verano; no quería irse, pero entendía bien a su madre. La separación había sido dura para ambos; desde que se separó ella está cada vez más triste, casi deprimida, y necesitaba un cambio de aires. Miro todas las posibilidades para su bienestar, la suya y la de su hijo, y la más certera era irse lejos de allí, a una gran ciudad. Por la agencia de su mejor amiga, le busco un piso de dos habitaciones, cerca de su trabajo a un precio razonable; sabía que iba a tener que hacer algunas horas más, pero eso no le preocupaba. Quería alejarse de allí y poder empezar de nuevo.

El último día, en su pueblo natal, Andrés pudo celebrar una buena fiesta en el bar del pueblo. Reunió a todos sus amigos, en especial a Elsa, su mejor amiga; hubo un buen surtido de patatas, ganchitos, refrescos, queso y algunas tortillas de patata que hizo su madre, se despidió de su panda. Le hicieron regalos de despedida, hubo abrazos, besos y algo más con Toni. Era su medio novio. Se prometieron escribirse todos los días, hoy en día eso era fácil, ya que tenían ambos internet. Al principio fue así, pero poco a poco Andrés dejo de hacerlo, por los problemas amontonados en la gran ciudad. Eso lo averiguareis más adelante.

Al día siguiente de la despedida, con las maletas en el coche, tomaron rumbo a la ciudad; seiscientos kilómetros le separaban de la felicidad que creía que iba a encontrar; él estaba algo triste, ofusco, pero animaba a su madre, que todo iba a salir bien, que no se preocupara por nada, que él iba a estar a su lado en todo momento. Ella sonreía frágilmente, sin ganas, sin fuerzas, pero se esforzaba en sentirse bien con ella misma, y con su hijo. Hicieron varias paradas en el camino, para desayunar y estirar las piernas. En el bar de la gasolinera, tomaron un refresco y un pequeño bocadillo. Los dos, ausentes, pensaban en sus cosas; apenas hablaron.

A las cuatro de la tarde, tras un apoteósico transito insufrible de las ciudades, llegaron al portal de madera de su nuevo piso. Aparcó donde pudo, aún no le habían dado plaza de garaje; subieron al ascensor, antes de descargar las maletas y las cajas llenas de viejos recuerdos. La llave se atasco, pero al final Andres, pudo abrir la puerta del cuarto C. El piso estaba recién pintado, su amiga le aseguró que iba a tener las mejores atenciones; aunque era viejo, estaba bien cuidado. Abrieron grifos, probaron luces. Todo estaba en orden. Tardaron tres cuarto de hora en subir todo. A la medianoche, habían colocado la mayoría de las cosas y se notaba la mano de la madre. Estaba ordenado. Mañana continuarían con la ropa y resto de objetos. Lo importante era descansar.

Al día siguiente estaba todo colocado, las cajas, objetos de decoración, algún muñeco de porcelana… los recuerdos les invadía a los dos. Él comprobó que hubiera línea, y el ADSL ya estaba contratado. Se habían asegurado que todo estuviera correcto y a su gusto, para pasar la transición del gran cambio, sin apenas notarlo. Eso era imposible. Los dos lo sabían, pero era como si no se atrevieran a decirlo en voz alta. Los días siguientes pasaron juntos Andrés y su madre; arreglaron algunas cosillas, ya tenía el nombre en el buzón, la plaza de garaje concedida, plaza en el Instituto, papeleos de ayuntamiento… todo estaba en orden para comenzar su nueva vida. Ella se sentía algo más relajada, pero ya tenía ganas de comenzar a trabajar. Él, hablaba todos los días con Toni y Elsa, por Messenger, por teléfono. A veces tenía sexo telefónico; se masturbaban recordando situaciones vividas. Elsa y algunos más sabían que era homosexual, pero allí no le importaba demasiado, era feliz. Él nunca había experimentado esa sensación tan extraña, ya que nunca había salido del pueblo; bueno sí a Mallorca por el viaje a fin de curso, pero eso no contaba, iba con sus amigos. Nunca se había separado, y era duro, pero por otra parte, tenía ganas de ir a su nuevo instituto, a ver que le reparaba; a quienes iba a conocer… los días, para los dos pasaron volando.

El despertador sonó a las siete y media de la mañana. Su madre le había preparado un gran desayuno y estaba muy contenta. Ella llevaba ya una semana trabajando y le iba bien. El rostro le había cambiado por completo y se sentía plena de felicidad. Andrés la miraba con incredulidad; no podía creer que hubiera cambiado de actitud en tan poco tiempo, pero se sentía satisfecho de ver a su madre tan cambiada. Para él hoy iba a ser el primer día en el nuevo instituto y estaba nervioso, y a la vez con ganas de comenzar. Desayunaron juntos hablando animadamente.

A las ocho y media se bajo dos paradas antes del autobús para dar un pequeño paseo y así tranquilizarse un poco. Para él todo era nuevo. La ciudad le gustaba más de lo que él pensaba; con su madre había ido a un gran centro comercial, dieron paseos por el barrio y no estaba nada mal. Cada paso que daba pensaba en cómo iba a ser el día; a medida que se iba acercando veía a grupos de chicos y chicas que caminaban hacía el instituto, hablando, riendo, escuchando música en móviles; algunos iban en moto, otros en patinete, caminando. No veía a nadie solo. Él era el único. Le resultaba tan distinto a su pueblo; eso le puso más nervioso. Entro por la verja verde y subió los cuatro escalones rápidamente que casi se tropieza; no hubiera sido un buen comienzo si se hubiera caído el primer día. El curso había comenzado tres meses atrás y no hubo reparo en poder entrar; él y su madre habían hablado con la directora en que sus notas eran perfectas y que no iba a tener ningún problema en ponerse al día. Él era bastante inteligente y siempre había sacado buenas notas. De hecho quería hacer la carrera de periodismo y no iba a tener problemas en entrar en la Universidad. Entro por la puerta azul metálico y caminó por los pasillos sin saber bien a donde iba. Preguntó pero nadie le respondía. El pasillo era un bullicio de chicos de su misma edad y nadie estaba por la labor de responderle. Se dirigió a secretaria y allí le indicaron. Antes de entrar bebió agua en una de las fuentes y fue al baño. Había un grupo de cinco chicos fumando un porro que le ignoraron al verle. No hicieron amago de esconderlo; uno de ellos, Alex, le espetó con chulería de cómo se chivara se iba a enterar. Andrés tembló con pavor, y no articulo palabra. Cuando iba a salir, le preguntó con ese tono chulesco de si era nuevo. Le contestó casi en voz silenciosa, esperando que aquellos no fueran a su clase. La suerte no le acompañó. Minutos más tarde, en la primera clase, el profesor le hizo presentarse a sus compañeros. Al decir de dónde venía, Alex rebuzno y el resto de la clase, la mayoría, soltaron una sonora carcajada. No había empezado bien, pensó el pobre Andrés. Y lo que le quedaba por soportar.

Las siguientes clases se les pasaron volando hasta llegar la hora del desayuno; salió al patio con ganas de respirar aire fresco. Se apartó un poco del resto de su clase, aunque Susana, Andrea, Javier y Lucía se acercaron a él; se presentaron con dulzura y respeto y él sonrió. Le dijeron que no se preocupara por Alex, que era así con todo el mundo, que era un completo gilipollas, y que con ellos podía contar. Respiró profundamente al oír aquellas palabras. Los veinte minutos pasaron con más rapidez que las clases, como suele ocurrir. Hablaron de su pueblo, de los amigos que había dejado allí; omitió el porqué del traslado, no quería dar pena el primer día.

Llegó la hora temida, la clase de gimnasia; la clase se dirigió hacia el vestuario; se sentó en el frío banco de madera y empezó a desnudarse. Los compañeros hablaban de las tetas de Susana, haciendo movimientos obscenos. Él tuvo una erección y se sintió avergonzado. No por el comentario sobre las tetas de Susana, sino al ver como se le movía la polla a Alex. Al darse cuenta, se acercaron a él gritándole maricón y le pusieron un calcetín sucio en la boca. El resto ignoraban la situación, porque ya conocen las putadas de Alex. Algunos incluso se reían sin más, siguiéndole el juego. Javier no se encontraba en ese momento. El profesor entró pero no les pillo. Andrés no dijo nada, Alex ya se lo había dejado bien claro, como se chive le mata.

La vuelta a casa había desaparecido el entusiasmo de la mañana. No le iba a decir nada a su madre, tenía claro que quería la felicidad de su madre. Ella ahora está feliz y es lo que cuenta. Javier le acompañó un buen trozo, vivía cerca de su piso y quedaron para la mañana siguiente. Esa tarde, ya tenía muchos deberes y quería ponerse al día en algunos temas. Tampoco le apetecía quedar. Por la noche cenó con su madre y al día siguiente iba a estar solo, ya que le tocaba guardia. Estuvo lo más amable posible, pero no se podía quitar de la cabeza, aquella situación del vestuario. Él acababa de llegar y ya había sufrido un abuso; aunque he de confesar que esa noche Andrés se masturbó pensando en la polla de su verdugo.

Al día siguiente Javier le esperó en la esquina donde habían quedado. Decidieron coger el metro y bajarse unas paradas antes para caminar. Javier era guapo, alto, fibrado, y tenía fama de ligón de la clase; pero era muy simpático, nada creído. Le contó algunas cosas que habían ocurrido en el instituto, lo gilipollas que era Alex y su panda de idiotas y que si tenía algún problema con ellos que se lo contara. Pensó en decirle lo del vestuario, pero no le quiso dar más importancia, quizás se olvidaban de él y solo fue una broma macabra, algo puntual. Se convenció de eso, para estar bien consigo mismo. Siempre lo había estado y su homosexualidad lo llevaba con normalidad; su madre lo sabía, su padre medio lo había aceptado, pero aquí en la ciudad todo era distinto. No quería que nadie lo supiera. Es cierto que se había fijado en Alex en cuando lo vio, pero viendo los resultados, pensó en guardar ese secreto. Y bueno, Javi estaba buenísimo, pero era hetero, eso sin dudas.

Pasaron de nuevo la verja verde, la puerta azul. Javier fue a su taquilla, y el continuó hacia la clase. Alex y su panda estaban en el pasillo, medio ligando con algunas chicas, todas ellas vestidas con mini faldas y grandes escotes. Al pasar por su lado, Andrés les saludo y la respuesta fue una zancadilla. Se cayó al suelo, casi de boca; le miró desafiante por un instante y él le señalaba con el dedo corazón, riéndose a carcajada limpia. El resto se partían de risa; todo el mundo le estaba mirando. Se acercó Susana y Lucía preguntándole si se encontraba bien. El respondió que se había tropezado con los cordones, y que estaba bien. Entró en clase y se sintió en su sitio. Al levantarse para la siguiente clase, tenía un chicle pegado en el pantalón.
Luego les puso chinchetas. El quería creer que era inocentadas al nuevo, pero lo del calcetín en la boca realmente le había asustado. Más aún masturbarse pensando en él. En sus sueños, húmedos de adolescente, soñaba con Alex.

Las semanas pasaban y los encontronazos no cesaban. Le habían puesto laxantes en la bebida, y al ir al baño, no le dejaron pasar; se cagó encima. Ese día se salto las siguientes clases, marchándose a casa; menos mal que tenía el chándal en el vestuario y se pudo cambiar. Ocultó la ropa, hasta que se marcho su madre y la pudo lavar. Le clavaron chinchetas, le quemaron con cigarros, le tenía que dar dinero cada semana, comprarles chuches diariamente, collejas, insultos… Andrés no podía más, pero tampoco decía nada a sus amigos, que si sospechaba que algo pasaba. Tampoco dijo nada en casa; se tapaba al salir de la ducha, para que su madre no viera los moratones. Sabía que así no podía continuar, pero no actuaba. La jefa de estudios llamó a su madre, porque su hijo se había saltado varias clases; los trabajos los presentaba tarde, el suyo, ya que tenía que hacérselo a sus verdugos. Las notas habían bajado y mucho. No se concentraba. Su madre le había preguntado que le estaba pasando y él no sabía que contestar, que no estaba muy concentrado ese trimestre, pero que no iba a volver a ocurrir. Estaba deprimido y mucho. Solo pensaba en el suicidio.

Para Febrero llegó la mayor humillación. Andrés está acorralado en el cuarto de baño por cinco compañeros de clase. Está arrodillado mientras los compañeros le humillan, dándole collejas y ostias en la cara. Alex fue el primero en sacarse la polla y mearse encima de él. El resto le imita y se mean en su cara mientras ríen y le insultan llamándole maricón. Algunos chicos entran al servicio y para no tener problemas y en vez de ayudar al compañero, huyen despavoridos. Nadie hace nada. Andrés está llorando. Le levanta y le dice que se calle. Entre todos le cogen y le entran en un servicio. Cierran la puerta con cerrojo; le hacen beber de la taza del váter, lleno de pis. Vomita. Le dan más collejas, se ríen, se burlan. Le dejan allí solo. Se queda sentado llorando de dolor. Tiene decidido la fecha, el catorce de febrero se va a suicidar.

Hace tiempo que ya no habla con Toni, ni con Elsa, ni con nadie relacionado con sus antiguos amigos; no han vuelto al pueblo desde que llegaron a la ciudad; su madre hace cada vez más horas, guardias y apenas la ve. Está solo. Se siente abandonado por la suerte; a penas tiene dinero para poder pagarles y no se atreve a pedirle más a su madre; ya le había robado en un par de ocasiones y no estaba dispuesto a robarla más. A Javier y al resto de sus amigos, cada vez se fue distanciando de ellos; era borde con ellos para que les dejase de hablar; quería huir de allí, quería escapar, quería hablar, pero las amenazas era constante. Incluso una tarde, Alex y el resto, les siguió hasta su casa. Le estuvieron incordiando por el timbre más de media hora. Al día siguiente, le robaron el móvil y les gastó el saldo; luego se lo devolvieron roto. Cada vez estaba más decidido, el catorce de febrero lo iba hacer.

Diez de febrero. Andrés ya no habla a penas con nadie. Sus amigos intentan convencerle para que les cuente qué demonios le ocurre. Si Alex tiene que ver algo con esto. Él no les cuenta nada y pide que le dejen tranquilos. Su madre ha comenzado a salir con un compañero, un médico, y aunque intuye que algo le pasa a su hijo, cree que es por su homosexualidad. Se lo comenta y él lo niega. No habla. Una vez más, en el cuarto de baño, están fumando un porro y le obligan a dar unas caladas. Casi se ahoga al tragar el humo; le dan ostias y le piden más dinero. Se lo tiene que dar esa tarde. Andrés les dice que no tiene más, y le dan varios puñetazos en el estomago. Alex, cabreado, le coge del cuello y muy seriamente le dice que esa tarde se lo va a dar, si o si, y si hace falta le acompañara a casa. Las dos últimas clases, se las saltan y se dirigen a su piso. Lleva una navaja en la mano, para que él no huya. Le tiene bien intimidado, sabe que va hacer lo que él quiere. Andrés observa a la gente y se le pasa por la cabeza chillar, protestar, pero tiene el miedo metido en el cuerpo. Al llegar a su piso, le tira al suelo y le pisotea el cuello, diciéndole que si quería besarle; le grita marica de mierda y otros insultos horribles. Le levanta y le tira agua a la cara. Le da todo el dinero de la hucha y le da varios puñetazos en la cara. Le amenaza que si cuenta algo de todo lo ocurrido, le iban a matar. Al marcharse da un fuerte portazo. Andrés esta en el suelo llorando. Se incorpora con la mente en la azotea del piso. No puede más, no quiere esperar más. Se sube a la azotea y se tira al vació. Muere en el acto.

La desesperación de la madre fue descomunal. Nunca supo porque su hijo se había suicidado. Después de aquello, decidió volver al pueblo junto a su novio. Allí intentó averiguar si los amigos de sus hijos sabían algo; nada, hacía meses que no hablaban con él y si que le había notado raro en algún correo intercambiados, pero que no sabían nada. Antes de la marcha, precipitada de la ciudad, intentó hablar con algunos chicos del instituto. Es cierto, que ella no sabía quiénes eran los amigos de sus hijos. En realidad, desde que habían llegado, apenas sabía nada de su vida. Solo le riñó por las notas y la falta de clases, pero como nunca lo volvió hacer hasta aquella fatídica tarde, pues no sospechó nada. Pero nadie abrió la boca; los que sabían que Alex y su panda le habían humillado, no dijeron nada por miedo a represalias. Javier, Susana, sus amigos, no tenían pruebas. Si miles de sospechas… pero no dijeron nada.

La madre, nunca supo porque su hijo se había suicidado. La tristeza invadió de nuevo su vida.



lunes, 9 de abril de 2012

CASI UN AÑO

Entrada Original, Lunes, 27 de Septiembre del 2010


El mes de Octubre se acerca a paso agigantado. El primer aniversario de la muerte de mi mama, está cerca y empiezo a remover sentimientos que me invade todo los poros de mi cuerpo. No solo porque se acerque la fecha, ya que todos los días pienso en mis padres, pero como es lógico, al estar cerca de la fecha señalada, pues uno piensa más en los momentos buenos y malos que pase junto a ella.

Yo le he dado bastantes disgustos porque he sido bastante rebelde, y he llevado siempre la vida que he querido, y a veces, eso me alejaba de ellos; algunas ocasiones fueron por mi trabajo, ya hable de ello en una entrada anterior; otras veces por mi rebeldía o mi estilo de vida, que me ha hecho sentir sensaciones de todos los colores, pero siempre teniendo claro lo que me apetecía hacer en cada momento.

Todo el mundo tiene secretos, y yo no soy la excepción, y hoy me apetece hablar de uno de ellos; bueno no sé si se le puede llamar secreto, sino anécdota de mi vida… eso da igual. Sé que puedo recibir críticas, las recibiré sin duda, o me dirán mentiroso, cosa que no me preocupa para nada, porque ya sabéis que me la suda bastante lo que piense la gente de mí. Nunca me ha importado, aunque a veces he demostrado lo contrario. Las entradas están llenas de ejemplos y no me voy a repetir, pero en general, me suda bastante las opiniones del resto de los mortales, ya que, aunque a veces sí que echo daño algunas personas, eso es inevitable, por lo general, he llevado mi vida como me ha apetecido. Y eso no va a cambiar.

La entrada la escribo ahora, aunque faltan unos días para que llegué la fecha, no sé si tendría fuerzas para escribirla. Esto no significa que vaya a estar triste todo el mes, pero si más susceptible, si con menos ganas, y sentimientos revueltos, aunque mi humor me caracteriza y la fuerza de la vida me hace seguir hacía delante. Lo más importante, le voy a dar un nieto, que tanto mi madre, como mi padre, pero más ella, lo deseaba. Y aunque ahora no estén en vida, sé que ellos lo verán desde donde estén (no soy creyente, no soy fiel a ninguna religión, de hecho no me interesa, la critico porque la Católica, la que dice ser nuestra, es una religión que me da asco, por sus mentiras, pedófilos.... da para otra entrada, aunque no vale la pena…. solo sé que ellos están junto a mí, eso tenerlo claro) y les cuidara.

Como algunos sabéis, mi madre fue atropellada por un hijo de puta, lo es, porque se dio a la fuga, que iba muy rápido por una vía de máximo treinta kilómetros la hora. La arroyo y sin ningún tipo de moral o culpabilidad, cogió la carretera que se dirige a Marquina; gracias a un vecino, que tomo nota de la matricula fue arrestado en Bilbao. Nunca pidió perdón. La multa es lo de menos, la indemnización la doné, no quería su puto sucio dinero. Quería un perdón, una explicación, que nunca obtuve. En fin, me duele hablar de esto, y las lágrimas son inevitables. Escucha la canción de "Answer", y pienso en mis padres. La imaginación traspasa las barreras del corazón y siento que están a mi lado. Sé que me están cuidando, mimando, porque mis padres eran así. Incluso tras lo que os voy a contar:

Yo de pequeño he sido bastante rebelde y precoz; en la adolescencia fue a más, y con catorce años me fui de casa con una señora mayor, que me la follaba bien a gusto. A los trece ya follaba con mujeres y con la peña de mi edad. A los tíos también, pero había pocos que quisieran, pero me las arreglaba para conseguir mis objetivos. Mi polla ya estaba grande en aquella época y mis colegas, compañeros de clase, flipaban al ver el tamaño del rabo. Pues si lo ven ahora, no sé lo que dirían. Es ironía.

Pues bien, con esa mujer me fui a un pueblo cerca del mío. No quería dejar de estudiar, ya que mi objetivo estaba bien definido ya desde bien pequeño. Siempre me ha gustado la publicidad y me quedaba embobado viendo los anuncios; me atraía ese mundo y mi madre, tías, primas, vamos, mi familia, lo venía venir. A mi primico de once años, es idéntico a mí. Creo que ya lo he comentado en varias ocasiones; pues eso, le gusta la publicidad, siempre está creando historias, eslóganes, incluso se mete conmigo. Me dice en muchas ocasiones, que él lo hubiera hecho de tal forma, o hubiera puesto a tal actor, o tal frase… la verdad que si estudia, va a ser un buen publicitario. A mí me gustaría, la verdad; mi tía, su abuela, me dice que yo de pequeño era así, siempre creando, siempre jugando hacer publicidad… pues eso, que ya de pequeño lo tenía claro (mi primo igual, estoy segurísimo de eso) y por eso no me marche más lejos.

Pues imaginaros a mis padres, cuando les conté, una noche cenando, que me iba de casa con ella, que me apetecía vivir esa aventura, pero que no se preocuparan que yo no iba a dejar de estudiar, que no se cuanto tiempo iba a durar, que utilizaba preservativo, que no iba hacer una locura más grande, por el momento y que dijeran lo que dijeran, me iba a ir. Que la iba a llamar cada semana, y que la iría a visitar, pero que lo iba hacer, dijeran si, dijeran no. Era mi decisión. Mi padre, flipaba en colores al oír hablarme con tanta seguridad y de lo que salía de mi boca. A veces parecía demasiado adulto para la edad que tenía, por algunas expresiones o mi forma de ver la vida. Mi padre era bastante callado, pero en esta ocasión, lógica, entendible, dio un golpe en la mesa, pero sin chillarme, me dijo que me olvidara de irme por ahí hacer el gamberro. Mi madre lloraba, y agarrándome a la mano, me dijo que como se me podía ocurrir tal tontería. Que ellos sabía que ya mantenía relaciones sexuales (Ermua por aquel entonces era más pequeño aún, y evidentemente me había follado algunas, la mayoría de compañeras de clase y bueno algunos padres la idea aquella no le hacía mucha gracia, aunque siempre utilicé protección) y no me había cortado nunca, ni ahora por supuesto, de comerme la boca con alguna en el portal. Con los tíos, había más discreción, no por mi parte (mis padres siempre supieron que era bisexual, aunque se lo confesara hace ya dos años en Nueva York)…. Pues eso, la discreción era por parte de ellos, aunque como he dicho anteriormente a esa edad, en aquellos tiempos, tengo 34, pues no había muchos pavos de mi edad que se dejaba follar, pero alguno caía, y si no mayores que yo, que a mí no me importaba, yo necesitaba desahogar esa actividad sexual (como ahora, aunque ahora los mayores que yo no me gustan). No os equivoquéis, no me tiraba a tíos viejos, perdón, mayores, sino a gente de treinta, tíos que flipaban por mi ritmo…

Recapitulemos. Mi padre me dijo que eso no lo iba a consentir y mi madre no sabía bien que decirme, pero evidentemente no le hacía gracia, que me fuera de casa a la ligera; yo lo tenía claro, me iba a ir con ella (por cierto, ella regreso a Ermua y está casada con dos hijos) teniendo claro que iba a estudiar (no sabía el tiempo que me iba a ir). Y así lo hice. Metí ropa en mi maleta y me despedí de mis padres. Y me marche. Estuve unos seis meses, y en verano, nos fuimos de viaje a ver mundo. Ella tenía y tiene, buen trabajo, ganando buena pasta, así que no teníamos problemas para viajar, y disfrutar de aquella gran aventura. No dejó de lado su trabajo, y me llevaba a casa a visitar a mis padres. Tenía una vida sexual intensa con ella, diariamente, pero de vez en cuando me zumbaba algún tío. Mi familia me quiso quitar la idea de la cabeza, pero era imposible; yo soy muy cabezota, demasiado. Pues bien, como he dicho, la aventura duró unos seis meses, más o menos y fue bastante positivo para mí. Cuando a veces lo pienso o echo la vista atrás, pues si, no voy a negar, que fue una verdadera locura, que disgusté mucho a mis padres (cuantas cosas les he ocultado) y que quizás no lo volvería hacer. Bueno, no me voy a engañar, si, lo volvería hacer porque siempre lo tuve claro.

Cuando regresé, mis padres me recibieron con los brazos abiertos y eso que me habían dicho que si me iba que no volviera. Bueno, eso lo dicen muchos padres a sus hijos, pero luego les recoge… madre mía, escribiendo me trae miles de recuerdos. La verdad que con ella viaje bastante, me compraba mucha ropa, pero no me gustaba nada cuando me hacía un regalo caro… no sé, tampoco le voy a dar más vueltas, hice lo que hice y no hay vuelta atrás. Disfruté del momento y no pensaba en nadie, que tan solo en mí, y en aquella mujer. Sé que hice daño a mis padres, eso lo admito, pero iba a visitarles a menudo, y les llamaba cada semana. Eso lo cumplí. No sé que queréis que os diga, y tampoco voy a sacar ninguna conclusión; fue una libre elección, que nunca oculté a mis padres y que la experiencia fue positiva… también os digo, que tras mi escapada, media consentida, volví a verla en algunas ocasiones para follar salvajemente, y luego se marcho del pueblo, porque la gente habló de aquello durante mucho tiempo. Y como he dicho, volvió, está casada y con dos hijos.

La verdad que me he metido en algunos líos, y he coqueteado con las drogas; las he probado, pero nunca he estado enganchado a ninguna y nada por el estilo, eso sí que lo quiero dejar claro. Tengo algún secreto más oscuro que esté que relato aquí, pero eso ya es otra historia y que poca gente, muy poca, lo sabe. Pero no creo que lo cuente, eso ya es mi vida privada, y aunque me gusta hablar de mí en la red, y suelo explicar lo que se me antoja, no creo que eso sea algo para publicar. Quién sabe si alguna vez estarán escritas en mis memorias; es un decir, porque eso no es cosa de que la peña se entere; Lo sabe muy poca gente. Ahí lo dejó.

Pues nada, que las lágrimas se convirtieron en sonrisas picaresca, tras lo recuerdo de un trozo de mi vida. Lo he resumido y bastante, pero espero que este claro lo que os explico en esta entrada. Ya sabéis que a veces, la mayoría, me pongo a escribir y salto de un tema a otro, explico cosas entre paréntesis, aclaraciones o notas, para dar más énfasis al blog. No sé si esa la palabra exacta, pero cuando un escritor, cosa que yo no me considero, aunque haya ganado premios por mis relatos, debe de ser claro y concreto, y resumir una cosa así os aseguro que no es nada fácil.

En la red, intentaré no estar muy triste, aunque ahora no lo esté; a ver, siento un dolor por el recuerdo de la muerte de mi mama, cosa lógica, y si siento tristeza, pero ellos, cosa que quería deciros que me educaron bien, que intentaron disuadirme de mi escapada, que no se quedaron con los brazos cruzados (puntualizó esto porque no quiero malos entendidos) y me cuidaron bien como los demás padres (la mayoría). Y me quisieron mucho al igual que yo a ellos, y que no me fui con mi "novia" por nada malo, negativo, ni descuidos, sino simplemente porque me apetecía mucho en aquel momento. Sé que es una locura, que lo fue, pero no sé cómo explicaros, que tenía la necesidad o las ganas de irme con ella. No estaba enamorado, ni mucho menos, pero… en fin, que me fui y lo disfruté. Quedaros con eso, ya os he dicho que fui muy precoz.

Ah, antes de acabar, deciros que Lucía evidentemente esto lo sabe (sabe mi vida de pe a pa) y me dice, siempre en plan guasa, que espera que el hijo que esperamos no haga lo mismo que yo; evidentemente yo también lo espero. Eso sí, le daremos la educación que nuestros padres nos ha inculcado y después él que elija su camino, sin más remedio, lo hará y lo tendremos que aceptar.

Pues bien chicos, aquí os dejo esta nueva entrada, esperando que disfrutéis con esta trozo de mi vida y que bueno, nos seguimos viendo en el Facebook.

Besotazos.

viernes, 6 de abril de 2012

PRIMAVERA

Entrada Original, Jueves, 23 de Septiembre del 2010


Desde que estoy en Sídney, tengo la sensación de que el tiempo pasa más deprisa que en otra parte del mundo. Los días pasan rápidamente y el tiempo parece no detenerse y acelerarse. Estamos ya a 23 de septiembre y aquí ya ha empezado oficialmente la primavera. Se empieza a notar los días más largos, el sol calienta un poco más, las temperaturas son muy suaves, la gente ya tiene ganas de celebrarlo en las playas… ¡Si, llegó la primavera!

Creo que esa sensación del tiempo es porque me conecto a la red y ocho horas se notan. A veces contesto a notificaciones de 17 horas de retraso y claro, eso se nota. No sé, suena a estúpido, pero es así; parece que aquí los minutos sean segundos… no estoy delirando, aunque parezca que sí.

Pues bien, este fin de semana va a ser grande en las dos playas más importantes: Bondi Beach y Manly. Se celebra la llegada del buen tiempo, con hogueras, fiestas, alcohol y por supuesto sexo. Eso que nunca falte. Para mí este fin de semana también va a ser muy especial, vamos a inaugurar el hotel, que por cierto, está completo ya las quince habitaciones. Es un hotelito pequeño, con piscina, cerca de la playa y que adquirí hace poco. He realizado unas pequeñas obras, y aunque está funcionando ya, y hay bastantes reservas, para bastante tiempo, oficialmente la inauguración será este fin de semana, coincidiendo con una de las grandes fiestas de Sídney. La llegada de la primavera. A ver si puedo o quiero (eso está mucho mejor, jeje) subo fotos. Añado que la primera noche es totalmente gratuita para la primera visita de todo el mundo que se instale en mi hotelito. Y el viernes haré un sorteo de un coche. Me siento así de generoso. Eloy ha realizado un anuncio excepcional, que se puede ver en las principales cadenas de Australia. No sé como lo ha hecho, ni cuando, pero es un crack, un tío cojonudo, que si él quisiera, podría montar su propia agencia de publicad. Sería una gran putada para mí, para que negar lo que es obvio, pero él está tranquilo trabajando para mí. La verdad que lleva muchos años a mi lado, y quiere la tranquilidad de un sueldo, sin responsabilidades, aunque las tiene porque es un gran currante. ¡No puedo vivir sin él! A parte, es un buen colega, un buen amigo (hetero lo aclaro). La verdad que el "bichejo" se deja querer.

Vamos a estar los siete en la fiesta. Yo iré acompañado de una amiga, mi morena, como la llamo yo (hemos tenido escarceo); Eloy, un crack, que no le faltara compañía femenina, mis dos compis (nunca he dicho sus nombres, creo, y mira no los diré) que tampoco le faltaran compañía; mi querida Susana, que se ha hecho bastante amiga de mi primo y su marido (se siente un poco descolocada la pobre). En fin, que los siete magníficos iremos a la fiesta del hotel y repartiremos la noche por las grandes fiestas. Yo he comprado condones, de mi talla, porque pienso disfrutar del sexo a tope, como debe ser; esas noches son para divertirse… aunque yo hoy he adelantado mi pequeña fiesta particular. He estado comiendo con mi morena, y hemos tenido un sexo salvaje, cosa que preveía en ella. ¡Toda una tigresa!... hasta aquí puedo leer.

El trabajo está saliendo rodado. Me estoy empapando de publicidad navideña, que la verdad, no asimilo una navidad veraniega, pero estoy donde estoy, y me estoy nutriendo de anuncios navideños, ya que nunca hecho anuncios de esas características, y la maquinaria está en marcha. Incluso me han propuesto salir en una serie, un pequeñito papel, pero no creo que pueda, aunque me gustaría. La verdad que hay muchas series australianas que han funcionado, como "Las hermanas Mcleod" (que si no me equivoco la está emitiendo en TV3) que obtuvo bastantes premios importantes. Quien no ha visto alguna vez H2O; otra serie de éxito "Heartbreak High" o la polémica "Seven Network" donde se produjo un beso lésbico y fue un escándalo; ya sabéis los grupos conservadores están en todas partes.

Del trabajo poco más que contar. Tenemos para no aburrirnos, incluso estoy haciendo temas de Madrid, por la baja de Lucia. Que por cierto esta bellísima, con su tripa y todo va bien. Pero está haciendo reposo que lo necesita. Y eso, he cogido temas que estaba haciendo, aunque ella luego lo supervise. En definitiva, todo está funcionando a la perfección. Ya me queda dos meses y poco más para terminar todo aquí. La verdad que está siendo intenso, interesante, emocionante, vamos que no tengo ninguna queja. Mis dos compis se quedaran conmigo hasta mi marcha; Eloy no sé cuánto tiempo más. La marcha mas inminente va a ser de Susana, que la necesitamos en Madrid. Y bueno a mi primo le quedan días de disfrutar de la ciudad y sus paisajes. Pues eso, que hemos grabado algunos anuncios más, y no siempre lo tengo que comentar en el muro. Ya comenté que el año repito con todos y quizás con algunas más. Los resultados en televisión va de boca en boca y eso para nosotros es lo más. Ale, de trabajo ya no hablo más, por hoy claro.

La verdad que no tengo mucho que contar, si casi todo lo sabéis por la red, y las fotos que ido colgando. Si, poco más os puedo contar. He ido algunas fiestas más, he tenido el sexo necesario, he visto cosas nuevas, estamos disfrutando, este fin de semana estaremos celebrando la primavera, más sexo, conocer gente nueva…. ¡No tengo ninguna queja!

En fin, ya sé que es una entrada cortita, pero si sabéis lo que hago paso a paso, solo tenéis que mirar mi muro. Pues ale, me despido hasta la próxima, me imagino que será con un relato (el cuarto) o una nueva entrada personal. ¡Eso ya se verá!

Ah se me olvidaba, besotazos, con marca propia, la mía.

RELATO III

Entrada Original, Martes, 21 de Septiembre del 2010


Moisés llegó con siete años al orfanato de los clérigos de Granada. Sus padres habían fallecido en un accidente de tráfico y no tenía ningún familiar que pudiera hacerse cargo de él. Solo tenía un tío que emigro a Argentina por parte de madre y por parte de padre no había nadie. La comunidad de Andalucía le busco un hogar, pero no se había adaptado a la familia Garcia. No pudo ser y al final optaron por llevarle al orfanato de los clérigos.

Él era un niño muy tímido, casi había crecido con niñeras, en viejas guarderías del estado, ya que sus padres tenían que trabajar para sacar adelante la gran hipoteca de un piso tan pequeño. Casi no recuerda a sus padres, pero si sabía que dormía tranquilo. El poco tiempo que paso con los Garcia, apenas pudo dormir bien, estaba siempre muy nervioso; no se sentía querido, tan pequeño, tan frágil, pero notaba que no era bien recibido. Sus hermanastros, no jugaban con él y su nueva mama, pasaba las horas en el salón, hablando con las amigas, fumando como un carretero; apenas le hacía caso. Su marido trabajaba casi todo el día y solo le veía por las noches, un rato, antes de irse a la cama. Nadie se había preocupado de él. Al que más temía era al hermano mayor. Pero el orfanato no iba a ser mucho mejor.

Llegó en un día de tormenta y el Mon señor Andres del Monte, recibió a la delegada de Andalucía; llevaba el pelo mojado, una pequeña maleta y al lado Moises, bastante delgado. Le preguntó su nombre, pero no abrió la boca. Le miraba con tristeza, como solo los niños y los mayores pueden mirar. Agarraba la mano de la mujer, con todas sus fuerzas. No sabía si hubiera preferido quedarse en casa de los Garcia o estar allí. Para ser tan pequeño, tenía una mentalidad adulta. Sabía lo que pasaba a su alrededor, pero siempre callaba.

Mon señor les hizo pasar; les dio unas toallas para que se secaran un poco y les sirvió un plato de sopa bien caliente. Al niño le llevaron a una vieja cocina, en una mesa destartalada, y allí le sentaron. Ella se dirigió hacia él en un tono suave; le dijo que no se moviera de allí, que ellos tenían que hablar. Pensó, que le gustaría que aquella mujer pudiera ser su nueva mama, pero sabía que eso no iba a pasar; Moisés ya se imaginaba que iban hablar de él y su comportamiento con los Garcia. Moises en realidad no había hecho nada. Pero ellos sí que le habían hecho, sobretodo el hermanastro mayor. Observó a su alrededor y vio viejas telarañas colgando de la pared; un grifo goteando, y el frío había calado en sus huesos. Se tomó la sopa con rapidez y se quedo muy quieto. Para tener la edad que tenía, era muy listo. Hay cosas que no entendía, pero se quedaba con todo. Su mente retuvo ese momento y otros que el pobre sufrió allí.

Paso tan solo veinte minutos. La mujer volvió a entrar con el Mon señor en la cocina. Le cogió de la mano y se dirigieron a una sala acogedora, nada tenía que ver con aquella cocina. Había una chimenea encendida y varias butacas de un color rojizo, eran de piel. Ninguno de los dos entendía porque no habían entrado allí directamente, en lugar de aquella cocina mugrienta. El porqué se entenderá más adelante.

Los tres se sentaron y ella le habló en un tono suave, agradable. Le comentó, casi susurrando, que ella se iba a marchar, pero que le vendría a visitar casi a diariamente, que no se preocupara, que allí iba a estar bien y que le buscarían otra familia. El niño asintió con una profunda tristeza, que sus ojos reflejaban. Estuvo a punto de susurrarle al oído que no se fuera, que él no quería quedarse allí, pero como en otras ocasiones, no dijo nada. Se limpió los mocos con la manga de la vieja bata, secada en la leña de la chimenea y le dio un fuerte beso. La mujer sintió un escalofrío que recorrió todo su cuerpo; sintió el deseo de llevarse aquel niño a su casa, de abrazarle, de mimarle, de cuidarle… ella no sabía bien que había ocurrido en casa de los Garcia, pero si sabía que algo al niño le tendría que a ver sucedido en aquel hogar. Bastante había sufrido con la muerte de sus padres… pero nunca le sacó ninguna información y la historia que le conto el patriarca, no era muy fiable. Pero sabía que no podía hacer nada. Le miró por última vez y cerró la puerta. Dio pasos lentos, con tristeza y con la esperanza de que Moisés le cuente algo que hiciera sacarle de allí. Pero no hubo respuesta a sus plegarias. Montó en el coche y marcho. Sus lágrimas recorrían sus mejillas.

Mon Señor apretó la mano suave de Moisés y le acarició. No le miraba, tenía la vista al suelo y debajo de la sotana una erección.

Tres semanas más tarde, Moisés seguía apenas sin hablar con los demás niños del orfanato; le habían instalado en una camita, casi apartada de la gran habitación. Se duchaban a diario vigilados por los monaguillos y espiados por Mon señor. El orfanato estaba viejo, pero él había hecho instalar cámaras de seguridad, pero las había instalado a su antojo. Algún que otro monaguillo le había lavado sus partes, toqueteado, pero como al resto de los niños; pero sí que había recibido visitas nocturnas de dos curas y de Mon Señor. Le acariciaban el cuerpo, le besaba en los labios y cogía la manita suave y se las ponía en su pene. Se masturbaba con las manos de Moisés. Él no decía nada; se sentía mal y no entendía porque aquellos señores le estaban haciendo aquello, al igual que el hermano mayor de los Garcia. Otra vez estaba ocurriendo.

La delegada de Andalucía estaba cumpliendo su promesa de ir a visitarle diariamente. Le veía cada vez más triste, mas hundido. Le hizo preguntas, pero él no respondía a nada. Si que hablo con Mon Señor y le dijo que era normal, que había sufrido mucho, que se estaba adaptando, pero que era muy tímido… como mentía aquel hijo de puta; como mentía aquel bellaco. Se estaba aprovechando de aquel niño, al igual que otros, junto a sus sacerdotes más fieles. Daba asco. Pero ella no sospechó nunca de lo que allí a dentro estaba ocurriendo. Hasta que Moisés con los años, decidió escribirle una carta.

Una noche, tras la ducha nocturna y la cena, los niños se fueran acostar. Moisés seguía en aquel colchón viejo, apartado de la gran habitación. Se puso el pijama, se arropó con la vieja manta; todo aquel orfanato estaba viejo, menos algunas estancias, donde ocurrían todos los abusos…. Él seguía imaginando en salir de allí con la mujer que le había traído. Con miedo, miraba de reojo en la oscuridad más absoluta, temiendo que esa noche no se fuera a librar. Llevaban días sin hacerle la visita nocturna; lo que no sospechaba es que esta vez iba a ser peor.

Serían las cuatro de la mañana, cuando Jaime, un sacerdote que estaba de visita, le despertó; con el dedo, le acaricio sus labios, mientras él se mojaba los suyos. Le cogió la mano y se la pasó por su entrepierna. Le levantó y se lo llevó de allí. Se dirigían hacia la vieja cocina. Moisés quiso gritar, pero no le salía la voz; quería llorar, pero no le salían las lágrimas; se sentía indefenso, tan frágil… al otro lado de la puerta había dos sacerdotes más, y Andres del Monte, completamente desnudo. Tenía el pene en erección. Le sentaron en una de las sillas y los cuatro, con el pene fuera, se lo restregaban por la cara, por su cuerpo, le escupían, se masturbaban… Al final no pudo más y pegó un gritó que retumbo las cuatro paredes. Le taparon la boca y allí mismo los cuatro le violaron. Desgarrado, lo llevaron a la enfermería de las monjas de San Fernando, un pequeño convento al lado del orfanato; eran diez monjas que sabía lo que ocurría allí, pero por cuatro perras y unos polvos nocturnos con algunos de ellos, callaban el horror que estaban sufriendo allí los niños.

Pasó cuatro días y le dieron el alta. Permaneció cinco días más en la cama, sin salir al pequeño patio; de hecho el pobre Moisés nunca salía al patio a jugar con nadie; ganas no tenía, desde luego con tanto sufrimiento. Por la cabeza se le pasaba miles de cosas, pero no comprendía algunas de ellas; quiso hablarlo con la mujer que la llevo allí, pero hacía días que no le iba a ver. Estaba dispuesto a contárselo. Pero lo que él no sabía, es que le habían trasladado a Aragón, sin previo aviso, sin justificación alguna; no le dejaron visitarle para despedirse de él, ya que le dijeron que era mejor así. Intentó incluso adoptarle, pero fue rechazada la petición. Le habían dicho que se encontraba mucho mejor y que salía a jugar con el resto de compañeros, que todo iba bien… ella les creyó.

El tiempo pasó para Moisés con una lentitud impredecible; estaba a punto de cumplir los diez años. Llevaba ya tres allí, en aquel infierno. Le habían violado las veces que aquellos hijos de puta quisieron; le habían incluso masturbado a él. Estaba destrozado y su cara de niño, ya no lo parecía tanto. Los abusos eran con menos frecuencia, e intuía que se lo estaban haciendo a otros, a más pequeños que él. El horror que estaba pasando no lo comprendía del todo, pero sí que sabía que tenía que irse de allí. Ya intentó escapar y fue peor.

Quedaban cuatro días para su décimo aniversario, cuando recibió una carta de la que él creía aún delegada de Andalucia. Nunca había olvidado aquella mujer, pero al ver el remitente, estuvo a punto de romperla. Sentía mucho odio para la edad que tenía, sentía tanta vergüenza de sí mismo, ya que se sentía totalmente culpable. La carta se la habían dado por error (no sabe bien porque, ya que el resto de cartas había sido quemadas en aquella chimenea que nunca olvidara). La leyó con atención. Le decía que no entendía porque nunca le había respondido, si estaba bien y todas esas cosas que se dice en una carta. Era su oportunidad de salir del infierno.

Robó papel de uno de los despachos, cogió un bolígrafo de la cocina principal y se fue aquella vieja cocina. El dolor era tan fuerte, que no pudo reprimir las lágrimas por todo lo sucedido allí. Se escondió bajo la mesa y como pudo escribió con sus palabras, casi de adulto, lo que había sucedido allí. Mientras tanto, pensaba en cómo iba a poder enviarla, y recordó que el sábado iban a salir a visitar la Basílica de Granada. Nunca había salido de allí y sabía que algunos niños salían de vez en cuando hacer excursiones, pero ya le habían comunicado, que él iba asistir; pues bien, escondió su carta dentro la almohada; temía que fuera encontrada. Robó un sobre y un sello del despacho de Mon Señor y el día de la visita, la echo al buzón. Nadie se había dado cuenta.

A la semana, recibió la carta su salvadora. Ésta actuó de inmediato. Estaba tan convencida de que aquello no podía ser una mentira de un niño; cuánto dolor sentía por dentro, incluso sentimientos de culpabilidad.

Dentro de lo que cabe, todo fue bien. La policía clausuró aquel lugar tan horrible; los cuatro y algún sacerdote más, les encerraron entre cuatro paredes; las monjas incluidas por encubrimiento. Algunos monaguillos fueron llevados a centro de menores; los niños fueron recluidos en otros centros, incluso algunos adoptados por familia interesada en ellos y que nunca promovieron los papeles. Y Moisés pudo ser adoptado por aquella mujer.

Pasaron los años en casi una total felicidad. Él había empezado una carrera, iba al psicólogo tres días a la semana; nunca olvidó todo aquello. Imposible de olvidar. Terminó su vida en un pueblo pequeño de Aragón; cuidó a su salvadora hasta el lecho de muerte. De su cabeza no se le iba la imagen de aquella vieja cocina. Y en su cabeza retumbaba el goteo del grifo viejo.

martes, 3 de abril de 2012

CAMINANDO


Hoy con los compañeros de trabajo, hablando de cine y música, mientras tratábamos un anuncio para un cliente, en mi oficina, hemos hablado de la gran película de Belen Rueda “El Orfanato” y esto me ha disparado la memoria, recordando el primer día que la vi, donde y con quien.

Cuando estoy trabajando, este donde este, si es factible, me gusta regresar caminando a mi casa, hotel, apartamento, ya que así me despejo, voy desconectando de la jornada laboral, y bueno, me dedico a pensar en mis cosas (si no hablo por teléfono) mientras escucho música. Suelo andar una media de 5 kilómetros, y esto me sirve para mantenerme en forma, ya que no voy al gimnasio tanto como quisiera, pero como habréis visto en las fotos, me mantengo bien fibrado, tal como a mí me gusta, ni mucho, ni poco, vamos que me mantengo bien; la verdad siempre he tenido la suerte de no engordar, coma lo que coma, y los postres me chiflan, pero es cierto que hago ejercicio, ahora menos, pero mis caminatas nadie me las quita. Ya sé “que no tengo abuela” pero siempre me he querido mucho y así lo siento y así lo expreso. Sin más. Cada cual debería de ser feliz tal como es, con sus defectos, virtudes, su físico, pero no me vale que me digan que no me puedo querer por ser como soy. Si uno no se quiere a sí mismo, nadie lo hará. O eso es lo que yo pienso. El respeto empieza por uno mismo, entonces deberías de ser respetado. No siempre se cumple, porque la gente pierde el respeto por cualquier cosa, y la educación hace tiempo que la dejemos atrás. Yo siempre, o casi siempre, me pongo de ejemplo, porque a veces hago las cosas sin pensar, haciendo daño, pero quien diga que no le ha ocurrido alguna vez es que miente. No soy perfecto, y la perfección es aburrida. Pero este palo he hablado ya en muchas ocasiones, pero como sabéis, los que seguís este blog, a veces me pongo a escribir saltando de un tema a otro, es una de mis características…

Pues a lo que iba; me encontraba en Ermua, sin coche, no recuerdo el porqué exactamente no tenía mi vehículo, el caso es que estaba en Ermua visitando a mis familiares, cuando el sábado por la noche, un buen colega (Aitor, regente de un bar con éxito) me invito al cine a ver la película de “El orfanato”. El no conduce, no tiene carnet. Fuimos a Éibar con otros amigos, pero ellos continuaban el camino. Vamos, que a la vuelta nos iba a tocar hacer “dedo” o caminar. Nos tomemos unas birras, con sus pinchos, y saquemos las dos entradas. Para los despistados o mal pensados, él es heterosexual (sonrió). Pues bien, compremos palomitas, algunas chuches, nos sentemos en las butacas y disfrutemos de la gran película. Disfrute viéndola, él también. A la salida, ya que no teníamos prisas (nos tocaba hacer 3.3 kilómetros que para mí estaba chupado, para él supongo que también), nos fuimos a tomar otras birras, eso trajo unas copas… el resultado era de esperar. Nos pusimos contentos y los kilómetros se hicieron más pesados de lo esperado. Andábamos cantando, riéndonos, con un gran cachondeo, de dos buenos amigos que somos. No pasaba ni cristo por la N-364; pero no nos importó. Aquel sábado fue inolvidable, como otros tantos. Disfrute con mi buen colega (que por cierto esta semana santa nos veremos) y acabemos en su casa tomando un último “pelotazo”. Vamos, acabé en su casa durmiendo.

Pues nada, solo quería explicar esta pequeña anécdota, que para mí es imborrable. Ya de paso, aprovecho para desearos una feliz semana santa, si salís de vacaciones disfrutarlas y sino también. Besotazos de mi marca y hasta la próxima.

lunes, 2 de abril de 2012

RELATO II

Entrada Original, Jueves, 16 de Septiembre del 2010



Maria salía de la comisaría desolada, destrozada y rota de dolor; la cara marcada de arañazos y moratones delataba que su ex marido le había vuelto a pegar. Era la tercera denuncia y nadie le había hecho caso. Tiene miedo a que su marido lo vuelva hacer; está segura que lo volverá a ocurrir y tiene miedo no levantarse nunca más del suelo. Está vez le había pillado saliendo del trabajo; Susana no pudo acompañarla, tenía una cita importante en el médico, pero Maria la tranquilizo; era las seis de la tarde, había gente aún por la calle, en aquella tarde de invierno. Las rebajas tocaban su fin, pero se notaba que la gente aún estaba buscando las últimas rebajas. Eso pensó ella, que a esas horas, no le iba a poder hacer daño. Se despidió de Susana, dándole un fuerte abrazo, con una sonrisa tímida, y caminó calle arriba. Miró a su alrededor, como tantas otras veces, para ver si veía al capullo de su ex marido. Ni rastro de él. Suspiro algo tranquila, pero al doblar la esquina, ya cerca de la parada del autobús, su ex, con una botella de tequila en mano, casi sin poder mantenerse de pie, le cogió de los pelos. Aun estando borracho, tuvo la fuerza suficiente para tumbarla en la acera y darle golpes por su cuerpo. Nadie hizo nada. Ella solo pensaba en su hijo Cristian.

Maria había sido muy feliz junto Alberto. Él de novios era muy atento con ella, detallista, cariñoso, y le amaba con locura. Habían estado tres años de noviazgo y tan solo habían tenido las peleas típicas de pareja; discusiones las tiene todo el mundo, pero nunca había mostrado un signo de violencia; si que ella sabía que era un pelín machista, pero nunca le había puesto un dedo encima. Después de tres años de idílico romance, se casaron y a los cinco meses Maria se quedo embarazada. Ahí cambio todo. Alberto se empezó a mostrar tal cual era en realidad. Maria no entendía como había podido ocultar esa vena de hijo puta.

Él era pintor, y como otros sectores, la crisis se cebo en la familia. Ella estaba de baja, por el embarazo, cuando él la pegó por primera vez. Había regresado de pintar a un familiar, ya que no le salía gran cosa como pintor, y la familia le estaba echando una pequeña mano. Su aliento olía alcohol puro; ella ya había cenado, mientras le había preparado el plato a su marido. Estaba algo preocupada por un pequeño dolor, pero su cuñada le había tranquilizado, que eso era normal, que no se preocupara y se relajara. Le había convencido con cuatro palabras, pero ella de todas maneras había pedido cita a su ginecólogo. Había mirado el reloj unas cuantas veces; su marido nunca había llegado tan tarde. Tras preparar el primer plato, y cortar la fruta como a él le gustaba, se sentó a ver la tele. Él entró dando voces, y tambaleándose por el pasillo; se acercó a ella y le miró con cara de asco. La insultó llamándola zorra, ninfómana y lesbiana, le gritaba que se fuera a comerle el coño a su amiga Susana, que era otra puta como ella. Maria se levantó e intento tranquilizarle, diciéndole con miedo, sin entender nada, que le había preparado su comida favorita, que había cortado la fruta como a él le gustaba. Le abofeteó y la tiró al sofá. Maria se agarró a su barriga, ya crecida, y la tapó como pudo. Él la golpeó sin piedad. Luego se metió en la cama. Ella no tuvo valor de irse en busca de ayuda; no llamo a nadie, no quería molestar, quizás se lo había merecido; esa frase se le repetía en su mente. Salió como pudo y fue a urgencia del hospital más cercano. Allí mintió que se había caído por las escaleras. Los médicos no la creyeron, los signos eran evidentes e hicieron parte. La policía tardó una media hora, pero ella, contó la misma versión y que no hacía falta ninguna denuncia, porque no había nada, ni a nadie que denunciar. La policía se marcho, advirtiéndola que estaba haciendo mal en no querer denunciar al agresor; tampoco quiso llamar a nadie, regreso a casa sola; su hijo estaba bien. Ella no.

Llegó a casa, se tumbó en la cama pequeña y aunque no pudo dormir mucho, algo descansó. Al día siguiente, ya levantada, se dijo a si misma que su marido no le iba a pegar nunca mas, que había sido por culpa de su pérdida de trabajo y echo la culpa al alcohol consumido. Le preparó el zumo de naranja, como casi todas las mañanas, y se dirigió, con pies de plomo a la habitación de matrimonio. Levantó levemente la persiana y despertó con cuidado a su marido. Alberto, la miró y con lágrimas en los ojos le pidió mil perdones. Se abrazaron y acabo Maria pidiéndole disculpas a él.

El embarazo avanzaba mejor de lo que ella esperaba y aquel mal episodio no se volvió a repetir hasta que cumplió el séptimo mes. Las cosas entre ellos dos parecía que había mejorado y mucho. Había encontrado trabajo en un pequeño taller a media jornada, mientras hacía chapuzas en algunas casas de la periferia. Ella casi había olvidado el mal trago, pero en su subconsciente sabía que no iba a ser feliz con él; pero no se atrevió a contar aquello a nadie, ni tan siquiera a su mejor amiga Susana. Ella, había insistido que se había caído por las escaleras, y contaba la versión cada vez que su mejor amiga insistía; su cuñada también le había preguntado, pero el silencio absoluto llegó cuando ella zanjó el tema delante de su ex marido. Su familia, que la verdad, le habían dado casi todos de lado cuando dejó el pueblo, no tenía trato; solo con unas primas que la visitaban de vez en cuando, pero ellas ni preguntaron. Estaba completamente sola, solo le tenía a él.

Había ido a comprar algo de pollo en la carnicería del barrio, pan y una botella de agua. Quería prepararle una pequeña ensalada y pollo al horno. Tenía un trozo de tarta en la nevera. Se esmeró para tenerlo todo a punto; el reloj marcaba las dos, estaba agotada. El timbré sonó en cinco ocasiones. Descolgó el telefonillo; era Alberto, se había olvidado las llaves en el viejo pantalón. Hablaba con voz pastosa, casi no se le entendía. Ella se estremeció. Abrió la puerta del piso, con miedo. Los ojos de él, encendidos de rabia, la desafiaba. Ella retrocedía, y las lágrimas le brotaban; le agarró con mucha fuerza y ella no paraba de repetirle el nombre que habían decidido para su primer hijo. Le golpeó en toda la nariz, en la boca, se cayó al suelo. Se tapaba la barriga con todas sus fuerzas; sangraba, sollozaba… Alberto, le insultaba con rabia. Le golpeó hasta que se cansó y se fue de nuevo a la calle. María llamó a su cuñada al móvil. Tardó casi una hora en llegar; la ambulancia estaba allí. Entró estrepitosamente y sorprendentemente preguntó por Alberto. María se quedó helada. No supo que decir. Ella había sido la maltratada, no él. Los enfermeros le limpiaban las heridas y le hablaba con pausa para no alterarla más. Le recomendaron lo mismo, que denunciara. Dijo que no.

Después de curarla, se marcharon. La policía quiso buscar al hijo de puta que le había hecho eso, pero no podían; ella no iba a denunciar. Su cuñada entendió que nunca se había caído por las escaleras, pero con frialdad, le dijo que si le denunciaba lo iba a lamentar.

El 9 de marzo nació Cristian. El matrimonio se habían vuelto a perdonar mutuamente y él le prometió que nunca más iba a ocurrir, que con el nacimiento del niño todo iba a cambiar, que había encontrado un trabajo en una vieja fábrica, y que le gustaba. Ella decía que si con la cabeza, pero con el corazón no podía más. Pero no tenía apoyo de nadie. Susana sospechaba, pero no quería agobiarla, quizás debió de hacerlo y el final que todo el mundo presentía no hubiera ocurrido.

Cuatro meses tenía el niño cuando ocurrió el siguiente episodio. Allí fue cuando con un gran valor, decidió denunciar. Las broncas era a menudo, los insultos casi diarios, el maltrato psicológico era rotundo… ella no podía más y decidió denunciar por primera vez. Se lo contó a Susana y se trasladó a su casa, con su hijo. Él la llamaba, le acosaba, quería volver con ella y le decía en muchas ocasiones que si no era de él, no iba a ser de nadie; a veces lloraba para que le dejara ver a su hijo, que la quería. Pero María no le creía. Las denuncias no sirvieron para mucho, si para un tiempo, que dejó de saber de él.

Cuando salió del trabajo y fue golpeada en plena calle, sin ayuda y volvió a denunciar, hablo con un juez para que le ayudara. Nadie hizo nada. La cuñada incluso le había golpeado una vez en el supermercado y se llevo a Cristian una tarde sin permiso de nadie. Aquello fue que colmó el vaso a la pobre María. Pidió traslado en el trabajo y se lo habían concedido. Se iba a ir de Madrid a un pueblo de Málaga. Lo tenía todo preparado, cuando su es ya ex marido, llamó a la puerta, quería despedirse de su hijo; tenía orden de alejamiento pero se la había pasado a la tolera en más de quince ocasiones. Ella llamó a la policía, pero fue demasiado tarde. El niño asustado, abrió la puerta. Era pequeño y no entendía que sus padres estuvieran separados. Él entro y cuchillo en mano le dio más de veinte puñaladas a la madre delante del niño.

María murió. El niño creció con Susana, con ayuda psicológica. Él estuvo en la cárcel solo tres años.

domingo, 1 de abril de 2012

HILO ROJO

Primer trimestre del año 2012 agotado. Primer trimestre que en lo profesional ha ido cojonudo y hemos firmado con nuevas marcas, tanto aquí en España como en otros países. Las cosas nos van bien y seguimos luchando para que sigan así. Mi gran equipo y yo estamos dando todo para que todos los logros continúen... y acertamos porque somos grandes profesionales y eso se refleja en la buena publicidad que hacemos, no solo en televisión, sino en todo lo que trabajamos. Orgulloso me siento de ellos y eso se nota en el ambiente y se nota en las opiniones de la gente cuando habla de un anuncio o tal. Como dije en una ocasión, no toda la publicidad me gusta, eso por supuesto, pero la ilusión continua intacta como el primer día. Este primer trimestre ha sido fabuloso y nos queda tres trimestres duros, como ya os dije, este año 2012 esta lleno de grandes proyectos y el tiempo es oro. Pero sé que lo conseguiré.

Hay un anuncio de la DGT, que no es de mi cosecha, pero si de unos buenos amigos, que en una de las frases, coletillas, como queráis llamarlo dice: "Como en la carretera y en la vida, todos estamos conectados". ¿os suena?

Me hizo mucha ilusión ver esa frase en este anuncio, por los dos temas que había hablado anteriormente en mi blog. La conexión de todos. De una forma u otra la conexión existe y el hilo conductor, que movemos nosotros es de color rojo: el de la pasión, el del amor, el de la amistad, porque los grandes sentimientos, los verdaderos el color es rojo o debería de ser. Es invisible, pero están más unidos que nunca. Este fin de semana, que acaba en breve, mis amigos han estado a mi lado, pasándolo en grande, escuchando buena música, escuchándonos unos a otros, riéndonos, divirtiéndonos, que gran fin de semana. No solo con mis amigos, sino con Lucia y mi hijo, que cada día me sorprende más, con una nueva palabra que aprende, con un nuevo gesto, con sus besos, con su ternura, con su inocencia. El 7 de abril va a cumplir 16 meses y esta súper espabilado. No para quieto, no para de aprender y me sorprende cuando me mira con esa sonrisilla de pícaro. Sin duda es lo mejor que me ha pasado en la vida. Ah, el 7 también es el cumpleaños de mi gran Lucia.

Pues este gran trimestre, el puzzle se ha ido completando, junto a los mios, trabajando duro, viajando y estando separado de mi hijo. Se ha completado y aunque pueda que falten piezas, porque siempre faltan, aunque no las hayas perdido tú, no suelen estar todas; cosas que pasan en la vida, que no puedes evitar que pasen... pues bien, ese puzzle se ha ido completando, con esfuerzos, estando con la gente que me importa, trabajando con los mejores, hablando con los mios... en resumen, que dejas cosas del pasado para convertirlas en presente, porque lo mejor que se puede hacer, es vivir el presente, para mejorar tu futuro y aunque siempre me gusta echar la vista atrás, hay cosas que no se pueden volver a mirar, ni a revivir, porque esa conexión, ese hilo rojo, se haya podido romper o esta a punto de romperse, y duele en muchas ocasiones, pero debes de dejar de mover aquel hilo para pasar a nuevas conexiones. Y eso es lo que estoy haciendo, aunque a veces me cuesta, la vida no es fácil, eso lo sabéis de sobras, pero hay que esforzarse para ser el mejor en todo o al menos intentarlo, porque he sido muy hijo de puta, y sigo siendo el cabrón que era, eso no lo voy a cambiar, ni quiero, pero intento hacer las cosas bien, no solo en lo profesional, sino en lo personal. No pretendo que me entendáis, no pretendo que sepáis o averigueis de lo que estoy hablando, pero que me entienda yo, que me entiendas tu, ellos, mi gente, es más que suficiente. Yo me dejo conocer, pero quizás sois vosotros que no queréis conocerme.

Pues bueno, creo que esta entrada la cierro ya, no todas tienen que ser largas, diciendo que he disfrutado de un buen fin de semana, que disfruto de la vida la máximo, que disfruto los momentos que vivo con mi hijo, que vivo con Lucia, que vivo con mis colegas, y que espero que los demás trimestres sean como mínimo como este, aunque hayan momentos tristes, porque en la vida no todo es felicidad, pero debemos de aprender de esos momentos, porque así garantizamos que el color ROJO este en nuestras vidas.

Besotazos y hasta la próxima. Seguir conectados.