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martes, 9 de julio de 2013

MARICA MALA (QUINTA PARTE Y ÚLTIMA. FICCIÓN)

Desde aquella noche, en que el plan daba comienzo, Santiago y yo nos veíamos a escondidas, como dos furtivos en la oscuridad de la noche, para que Jesús no nos encontrara juntos, y no se fuera todo al traste. Debíamos ser cautelosos, y de cierta forma, aquel juego daba mucho morbo. Vernos a escondidas, en lugares que no frecuentábamos, como dos amantes necesitados de amor y pasión, como si nuestras respectivas parejas, nos fueran a pillar en cualquier momento, daba rienda a nuestra imaginación. Follábamos como si fuera la última vez que iba a suceder y eso nos satisfacía más de lo que creíamos. Quizás es una tontería, pero nosotros lo veíamos así. Y joder de qué manera nos dábamos placer.

Ni él venía a mi casa, ni yo a la suya; comíamos de vez en cuando juntos, pero fuera del centro. De vez en cuando, escribía algún tweet "al galleto", para no levantar sospechas. Todos mis amigos ya sabían de qué se trataba, y el resto no me preocupaba. La cita estaba a punto de producirse. Él quería verme en el pub, concretamente "En el sitio", me imagino que para que todos nos vieran juntos, y así demostrar que había conseguido su objetivo. En un principio nos íbamos a ver en la terraza, donde me abordo por primera vez, pero donde había dicho él, me pareció mucho mejor. Él solo se iba a poner en ridículo, ya que el pub suele estar frecuentado por mis colegas, y se suele llenar con facilitad, así que todos iban a ver como es realmente. Todo estaba calculado al milímetro y nuestra amiga la camarera, iba a ser una gran cómplice. Yo solo quería que me dejara en paz, tranquilo, y aunque tuviera que volver a verle, no se digiera nunca a mí.  Sólo esperaba que todo saliera tal como esperaba, pero la verdad que salió mucho mejor.

Pero antes de aquella cita, que Jesús, tanto deseaba, me lo encontré "En la casa del libro". No se sí fue casualidad o no. Yo estaba buscando un título en concreto, ya que quería regalarle a mi novio, el último libro de Lucía Etxebarria. Le gustaba mucho y tenía todos los títulos, menos la última, recién publicada, y antes de que Santiago la comprara, lo iba hacer yo. Buscando por la sección, de las tapas duras, ya que no quería, regalarle la edición de bolsillo, y no quería que lo tuviera en su ebook, me sigue pareciendo más atractivo el papel, me pareció oír la voz de Jesús. Al mirar de reojo, comprobé que se trataba de él; iba acompañado por un tal Antonio, otro usuario de Twitter, de su misma calaña. Lo sé porque le encantaba criticar, igual que a él, y le seguía el juego en todo momento, así que vi una oportunidad; sin pensarlo dos veces, me acerque a ellos, saludándoles, de forma efusiva, con mi sonrisa habitual, ya que tenía que picar más el anzuelo. No me costó mucho conseguir su atención. Antonio me miro algo perplejo, ya que no entendía, que yo, la persona que más había atacado, sin necesidad alguna, mintiendo respecto a mí, me acercara a ellos de aquella manera. Jesús, sonriendo como un idiota, le dijo que precisamente le iba a contar, en breve, que nosotros dos íbamos a empezar a salir juntos. De forma descarada, y sin esconderse, casi le ordeno, que ya dejara de atacarme. Más marica mala no podía ser; me guiñaron un ojo, casi a la vez. Él mismo se había delatado, cosa que ya sabía que era así, tan solo tenía que echar un vistazo sus tweets, y quien respondía de una forma u otra, y Antonio le era muy leal, porque era otra marica mala, que casi con desesperación, le lamía el culo y hacia caso de sus indicaciones, y allí mismo, le falto segundos para bajarse los pantalones y dejarse dar. O bajárselos a él y lamerle el culo, como si aquello le fuera a dar lo que ansiaba. Los dos, con afán de protagonismo, pero cayendo en lo más bajo, seguían casi la mismas directrices. Si alguien me hablaba, ellos actuaban de la misma forma, hablándoles mal de mí y de la gente que me rodeaba. Incluso he visto, como ha intentado manipular a chicos de veintidós años, a un tan Gonzalo, eso sí, en privado. Lo sé porque el mismo me lo dijo, tal cual, que “el galleto” y Antonio, le habían dicho que me dejara de seguir, de hablar, que si no se atendiera a las consecuencias. Él no hizo caso, como muchos otros, y me lo dijo con total normalidad. Vamos, que estos dos, iban a por gente, supuestamente débil, o que creen que no les van a contestar. Pero desde que me visito aquella noche, por supuesto, sus palabras fueron bien distintas. Creí que Antonio, iba a ser el primero en saberlo y eso me sorprendió, pero bueno, el plan estaba en marcha, y aquel encuentro, casual o no, hizo que saliera mucho mejor. Porque tras despedirme, sin besos, porque no estaba dispuesto a dárselos, ambos escribieron en Twitter, su encuentro conmigo. No de forma despectiva, ni tan si quieran mintieron y aquello me asustaba más aún, ya que eran imprevisibles. Pero demuestra lo que todos nos imaginábamos, que están podridos por dentro.


Tras salir de la librería, mande un whatsapp a mi chico, ya que nos debíamos de encontrar en breve, pero no estaba seguro, si ambos me iban a seguir. Eran capaces de eso y de mucho más, así que cogí la dirección contraria, y me dirigí al piso de Vanessa. Allí iba a esperar, con ganas, a Santiago. Tenía ganas de ver la cara, cuando le diera mi regalo. No era ninguna fecha especial, nunca he necesitado esperar a su cumpleaños o aniversario, para regalarnos algún detalle: lo inesperado era mucho mejor, y ambos éramos bastantes detallistas. Así que, me acomode en el sofá. Para matar el tiempo, jugué algunas partidas. En la espera, llego Vanessa y su novia; Iban a recoger algunas cosas y en seguida se marcharon. A los cinco minutos, Santiago llego. Yo estaba en gayumbos, bien cómodo, como a mí me gustaba estar, así que, nada más abrir la puerta, me beso, agarrándome el paquete. Se me puso dura al instante, y notar su lengua en mi boca, me puso a mil por hora; le quité la camiseta, cerrando la puerta de un portazo. Nuestras lenguas iban jugando, encontrándose en la boca, mordiéndome el cuello, lamiéndome el sobaco, mientras mis manos jugaba con sus pelotas; no lleguemos ni a la habitación y follemos en el suelo. Un buen polvazo; acabemos en la ducha, para refrescarnos y esas cosas; luego le di el regalo. Sus ojos se iluminaron, abriéndose como platos, y con una sonrisa pícara me dijo que ha estado a punto de comprárselo. Menos mal que me adelanté.

Tras picotear algo en casa de nuestras amigas, y comprobar el correo, necesitaba saber si ya habían llegado mis propuestas laborales, vi varios correos, sin identificar y la dirección era algo extraña. Los abrí para descubrir de que se trataba, quizás eran de esos spam molestos, pero no, se trataba de un correo donde me amenazaban, sin ningún sentido, diciéndome que si a ver si tenía huevos de presentarme frente a él; claro, me lo dice alguien que no da la cara, y me firma como anónimo. Manda cojones, que alguien que no se identifica, me amenace. No sé de qué iba aquello, así que, sin más los borré. No les di más importancia.

La semana transcurrió con normalidad. El trabajo me agobiaba un poco, pero las cosas iban al ritmo deseado y aunque deseaba tener vacaciones, sabía que ese año no iba a poder ser; Mis Tweets cruzados con Jesús iban al ritmo que yo marcaba, y él no sospechaba nada. Nunca llegué a decir que había roto con Santiago, no lo iba hacer, pero al no dirigirnos las palabras y vernos a escondidas, también había funcionado. Así que llego la hora de la verdad, de la cita con "el galleto", nada apetecible, pero deseando que acabara todo de una vez; poco a poco había ido reconociendo que había mentido, respeto a muchas cosas sobre mí y del resto de la gente; parecía que había cambiado, sabiendo que era pura fachada. Así que aquel viernes, quedé con él, donde él había elegido. Yo llegué antes que él, dándole una excusa, que  no podía quedar antes por trabajo y que era mejor que nos viéramos directamente allí. Cuando vi aparecer a Jesús, con aquel sombrero de copas, no sabía si esconderme, o largarme por dónde había venido. No me podía creer que viniera de esa guisa. Un sombrero que no le favorecía nada, bueno, tenía un gusto bastante pésimo y para mi gusto nada le favorecía. Sólo faltaba que hubiera llegado en una vespa, ya que tras saber que yo tenía una, me dijo que era su moto preferida. No era ninguna casualidad, ya que casi todo lo que me gustaba, a él le fascinaba. Lo que antes negaba, ahora le parecía bien. Se acercó a mí, con esa manera de caminar, seguía pavoneándose, saludando unos y a otros, sabiendo que nadie le iba a contestar, pero a él le importaba bien poco. Tenía ganas de que acabara todo, así que, sonreí lo mejor que pude y le saludé. Él miro alrededor, asegurándose que la gente le miraba o buscando entre la gente a Santiago. Me dejó claro que no quería que estuviera allí, no pudiéndole asegurar eso, ya que según le conté, hacia tiempo que no le veía, que no sabía de él, y que no era de extrañar que apareciera por allí; sabía de sobras que iba aparecer, tarde o temprano, con nuestros amigos en común, así habíamos quedado.

Me quiso dar dos besos y de mala ganas se los dí. No podía fallar en ese momento. No sabía de que hablar, ni que decirle, pero él lo hizo por los dos. Me contó, que por su trabajo, había "salvado" algunas empresas, haciéndole el trabajo más fácil. No sabía que quería exactamente y al preguntarle, no supo responderme y con evasivas cambio de tema. Para lo que solía hablar, estaba bastante callado. No sé si por los nervios o porque nadie nos miraba. En varios intentos, me quiso besar en la boca, tocándome la mano. Hice amago, cogiendo la copa, sonriendo e intentando evitar que consiguiera robarme un beso en mis labios. Por un instante parecía que se estaba enfadando y miraba el móvil algo nervioso. Pensé que se iba a poner a escribir allí mismo. Seguimos hablando de cosas triviales, deseando ver entrar a mis colegas y a mi chico. El momento llegó, alrededor de las doce de la noche. Ninguno me llegaron a saludar, así lo habíamos decidido y menos Santiago. Nosotros estábamos ya tomando la segunda copa; había desistido un poco de intentar besarme, sintiéndome incomodo por momentos y cuando ya estábamos los que debíamos estar, le dije que por que no me pedía disculpas públicamente. Me miró extrañado, contestando que ya lo había echo a través de su cuenta Twitter, y que si podía olvidar aquellos malos entendidos. Para nada habían sido malos entendidos, ya que él rajó todo lo que quiso y más, sin decir ninguna puta verdad, y le dije que si realmente quería algo serio conmigo, tenía que pedir disculpas públicamente, que aquella noche era la idónea, y si demostraba que realmente sentía "esos malos entendidos", no quise echar mas leña al fuego, debía de coger el micro y decir que se había equivocado totalmente conmigo; no estaba seguro de que fuera a conseguir eso y fue cuando Vanessa entró en acción: se acercó donde estábamos, con unos chupitos de tequila, y con su simpatía, habitual en ella, nos dijo que nos invitaba, que teníamos que brindar por nuestro futuro y por el nuevo comienzo. No me sentía cómodo haciendo eso, pero tenía que conseguir que me pidiera disculpas en publico, contando la verdad de una vez por todas. Brindemos los tres, nos lo bebimos de golpe; seguía sin reaccionar, así que, decidí ir al cuarto de baño, mientras nos preparaba otro tequila, para poder mandar un whatsapp a Santiago, para decirle que a lo mejor le iba a besar, para que se decidiera de una vez de hablar. No le pareció bien, ni a mi tampoco me gustaba la idea, pero tenía que hacerlo o no sabía como iba a conseguir el objetivo, e iba a pensar que me tenía y no nos iba a dejar en paz en ningún momento. Así que, decidido, regresé a su lado. Volvimos a brindar, le cogí la mano, sudorosa, y le dije que si no hacía aquello por mí, que lo nuestro nunca iba a funcionar, y cuando le iba a besar, justo en el momento, fue cuando me dijo que sí, que lo iba hacer, que estaba dispuesto a subirse a la cabina del disc-jockey; le guiñe un ojo, dándole un empujón para que subiera. Se paró la música por un instante, y allí de pie, donde quería que estuviera, subido en la cabina, empezó a pedirme disculpas, a mí y al resto de amigos, de gente que había hablado mal, contando la verdad. Y ahora es, cuando, quiero que la gente vea su verdadera cara, así que, Santiago se acercó a mí, y empezó a besarme. Al vernos, se enfureció tanto, que sin darse cuenta donde estaba realmente, empezó a despotricar sobre nosotros, insultándonos, dando su verdadera cara, cambiando su discurso por completo. De los halagos, a insultos, de la verdad a mentiras, sin importarle que la gente le estaba oyendo, por primera vez y última. Así que, haciéndole una peineta, mi chico y yo seguíamos besándonos, cuando nuestro colega, continuo con la música. Él se bajo enfurecido, se dirigió a mí y fue cuando le dije que se fuera a la mierda de una puta vez y que me dejará en paz, que ya todos habían visto como es realmente y que estaba grabado en muchos móviles y que con un solo clic, se iba  a subir a las redes, así que, lo único que podía hacer, era dejarnos en paz y desaparecer de nuestras vidas. Se marchó sin poder decirnos nada más, y desde aquella noche no he vuelto a saber de él. Ni un solo Tweet, ni una sola palabra más, ni una sola visita, tal como llegó desapareció, y si alguna vez nos vio, nunca más se acercó a saludarnos. Por supuesto, de Antonio, que presenció todo, nunca más se atrevió a decir nada malo de nosotros. Los dos, desaparecieron de nuestras vidas para siempre. 

Pero aquella noche, no fue la única sorpresa que tuve, porque tras deshacernos de la marica mala, Santiago me pidió que me casara con él. Así que a día de hoy, estamos casados, viviendo juntos, felices cien por cien, teniendo el buen sexo que siempre hemos tenido, llevando la vida que los dos queríamos. Somos felices juntos, nos amamos, mi trabajo, mis esfuerzos, dieron sus frutos inmediatos, así que no podía pedir nada más. Si, solo una cosa, no cruzarme nunca más con una marica mala.

FIN

martes, 2 de julio de 2013

MARICA MALA (CUARTA PARTE. FICCIÓN)

Tras sentir su asquerosa mano y percatarme que se trata de Jesús, me levanté del banco inmediatamente; sin mayor vacilación, le pegué varios puñetazos en la cara, rompiéndole la nariz. Me tenía hasta los huevos, con sus tonterías y sus encontronazos “casuales”; él, en lugar de defenderse, sonrió malévolamente, con una sonrisa que me dio arcadas; una sonrisa de marica mala, perversa, que había planeado todos los encuentros al milímetro, cuadrando su plan a la perfección, siendo yo su presa. Así me lo hizo saber, tras limpiarse la nariz, sujetándosela como si se le fuera a caer; se quedó inmóvil en una de las rayuelas del andén; me soltó que había conseguido su objetivo, que le pegara para poder denunciarme, acaso no hiciera lo que él quisiera, que era tenerme en su cama. Yo estaba flipando, no podía entender, que hubiera hecho todo eso por tener sexo conmigo, o por poder llegar a ser algo más. Lo que me estaba ocurriendo no podía ser real, como una persona puede llegar a ese punto enfermizo, de inventarse cosas sobre mí y los demás, de seguirme y quedarse como un pasmarote, inmóvil en la rayuela sucia, como si lo que me hubiera dicho, hubiera sido una cosa normal.

Mi reacción, fue arrearle otro puñetazo, con todas mis fuerzas, me daba igual que me denunciara, me la suda, es más, no creo que ni lo haga. Tras tumbarlo de nuevo, me giré y le dejé claro las cosas, una vez más, sin saber que iba a servir de algo, ya que le daba absolutamente todo igual. Me lo había demostrado, soltándome aquella estupidez, que tío más patético, que mente más enfermiza; me estaba empezando a dar verdaderamente asco. Menos mal que el metro ya ha llegado; me monté en uno de los vagones, y le hice una peineta. No me voy ni a molestar en mirar el Twitter, me la pela lo que diga de mí, o de mi gente. Ya estaba realmente hasta los cojones de tener que encontrármelo en cada sitio que iba, de verle pavonearse, de oír su puta carcajada. No suelo ser violento, pero “el galleto” había pasado ya el límite de mi paciencia. Es que tras contárselo a Santiago, aún no me podía creer, que aquella mente enfermiza, estaba haciendo todo eso, por tener mi polla en su boca, en culo o creer que podía tener algo serio con él; ni como se suele decir, aunque fuera el último tío de la tierra, me lo follaba. Antes de metérsela a un tío como él, prefiero pajearme mil veces; estoy realmente encabronado, pero no de forma sexual, sino tengo una mala leche encima, de no saber, desde cuando el puto Jesús me está espiando. No es que le tenga miedo, pero si es capaz de hacer eso, se le puede cruzar más los cables y hacer algo más grabe. Es más, no creo ni que este enamorado de mí, sino que es un enfermo mental, que se ha obsesionado conmigo, y vete a saber con cuantos más. Que no tiene vida propia y se inventa una, haciéndola suya, creyéndose sus putas mentiras, sus locuras, implicando a gente, que ni le conoce.

Antes de dormir, me di una ducha, de agua fría, de la calor que está haciendo; me hice un pajote, viendo una de mis escenas favoritas y me quedé fritó. Al día siguiente, lunes, me dirigí a la oficina, como era habitual, alrededor de las siete de la mañana. Nada más entrar, mi secretaria se encontraba ya en el puesto. Antes de entrar en el despacho, me paró un instante, y me dejó un sobre. No tenía remitente; le pregunté quien lo había dejado, moviendo los hombros sin abrir la boca. Lo abrí. Era una nota de Jesús que decía así:
“hoy a las doce te espero en la puerta del corte inglés de princesa, si no estás allí te denunciaré. Vas a ser mío si o si”.
Tiré la nota a la basura, si quería denunciarme que lo haga. Me la pela.
La mañana del lunes pasó lentamente, como todos los lunes, se me hizo bastante pesado. A las dos y cuarto, Santiago me vino a buscar para comer juntos; teníamos pensado ir al “Vips”; antes de bajar, le pregunté si había visto a Jesús merodeando por el edificio; le conté lo sucedido, no lo hice antes para no preocuparle, o para que se enojará más que yo. Me comentó que no le había visto, pero que si volvíamos a tropezar con él, que deberíamos de tomar cartas en el asunto; dicho y hecho, nada más sentarnos para comer, cerca de uno de los ventanales, vimos pasar “al galleto” con aquel hombre mayor, el mismo que vimos en la discoteca. Iban agarrados del brazo, como un abuelo con su nieto, pero con la diferencia, que una de las manos de Jesús, le tocaba el culo. Nos miraron, y él sonrío con aire triunfal; en la nariz, tenía un tabique, y signos de mis puñetazos. Nos hicieron signos como si quisieran sentarse con nosotros; Santiago le dijo que no, pero como si no hubiera dicho nada. Menos mal que estaba bastante lleno y no pudimos cambiarnos a una mesa más grande, y tuvieron que sentarse algo lejos. Pero sabía que me miraba, sabía que le estaría contando mentiras y sabía que iba a ser una auténtica pesadilla. Algo tenía que hacer, pero no sabía el qué.

Aquella misma tarde, nos lo crucemos una y otra vez, claro lo tenía fácil, estábamos en el centro, por la calle Fuencarral. Al final logremos darle esquinazo. Temíamos que si me lo había encontrado en la parada del metro, cercano al piso de mi chico, podría saber dónde vivía. Al menos en mi pequeño piso no. O eso creo. No estábamos seguros si sabía dónde vivíamos, pero pronto lo íbamos averiguar. Alrededor de las nueve de la noche, tras pedir comida china, estábamos los dos sentado en el sofá, tranquilamente, cuando sonó el telefonillo. No podía ser el repartidor, no había pasado ni un cuarto de hora. Santiago se levantó, descolgándolo de forma graciosa, cuando en cuestión de segundos soltó por su boca "hijo de puta". Me miró cabreado, y con esa mirada, me hizo entender que se trataba de Jesús. No me lo podía creer, el muy hijo de perra nos había seguido, o no sé como demonios había averiguado donde vivía  y es más, si sabía donde nos encontrábamos, seguramente sabía donde vivía yo. ¿Cómo? pues no lo sé. Me puse el pantalón y bajemos por las escaleras, pero él ya no estaba allí. Tras cenar y de un par de llamadas al teléfono fijo, sin obtener respuesta del otro lado, llamemos a un amigo policía, para explicarle la situación y para ver si podíamos hacer algo. Vino a casa con unas cervezas, y le expliquemos lo que nos está ocurriendo, con todo detalle. No obvie ninguna parte. Nos dijo que poco podíamos hacer, ya que esas denuncias casi no llegan a nada o que tardaría mucho en solucionarse, y que no me preocupara, porque él cree lo mismo que yo, que no me va a llegar a denunciar, ya que tendría que contar algo convincente, y tal como es Jesús Galient, no cree que se le ocurra. Que lo que podía hacer, era hacerle un pequeño engaño, porque está casi seguro, que si le "daba una cita" me dejaría en paz. No estaba muy convencido de eso, pero podría funcionar.


Desde aquella noche, estuve un tiempo sin verle, y ya casi creí que había desaparecido de mi vida. Miré un par de veces su cuenta, y seguía con sus gilipolleces, pero me había dejado de mencionar. Era casi un milagro, no me dejó ninguna nota más, no le vi alrededor del edificio de mi trabajo, no volvió por casa de mi chico... pero cuando menos me lo esperé y ya creía que se había olvidado de mí, una noche me encontraba en casa, preparando unos informes para el día siguiente, cuando llamaron directamente a la puerta. Antes de abrir, me puse un pantalón y una camiseta. Estaba desnudo, como era habitual, y más en verano. Miré por la virilla, temiendo lo peor. Y así fue, era Jesús. Iba vestido con un pantalón de lo más ridículo con una camiseta negra. Llevaba unas gafas de sol, extra grande, que no necesitaba en ese momento, y sonreía de esa forma que me sacaba de mis casillas. Con su voz, seguido de una carcajada escandalosa, me dijo que si no le dejaba entrar, iba a montar un escándalo  y que si no había ido a denunciarme, era porque me daba una oportunidad. Como si la necesitara, pensé yo. Le dejé hablar, y como en tantas ocasiones, solo decía estupideces; se inventó que se había tenido que marchar a Valencia, a ver a un familiar. Con voz cortante, le dije que fuera al grano y que cojones quería de mí. Su respuesta, tras seguir contando cosas que no me interesaba en absoluto, y menos viniendo de él, fue que fuera su amigo. Perplejo tras oír su respuesta, y recordando el plan, le dije que le daba una oportunidad, pero tenía que dejar de seguirme, de molestar a mi chico; eso le puso furioso, al oír que decía mi chico, su cara cambió por completo; se puso a gritar como un histérico, que si no decía en Twitter que lo había dejado con Santiago por él, que me iba hacer al vida imposible. Como si no lo estuviera haciendo ya. Con paciencia, me lo llevé a mi terreno; no sé como pude aguantar las ganas de volver a zurrarle, pero lo hice, con total serenidad, le dije que eso no lo iba hacer, ya que no hacía falta; le mentí diciéndole que estábamos mal, y seguramente lo íbamos a dejar definitivamente y que cuando tuviera un hueco, podríamos quedar a tomar algo, ya que ahora andaba ocupado. Picó el anzuelo, tranquilizándose; me guiñó un ojo, pensé que iba a darme un beso, pero me dio la mano y tal como vino se fue. Cerré la puerta, respiré por un instante, casi con desesperación. Llamé a mis colegas, a mi novio y le expliqué lo ocurrido. El plan se había puesto en marcha.


lunes, 24 de junio de 2013

MARICA MALA (TERCERA PARTE. FICCIÓN)

Antes de entrar a “Bepop”, di las últimas caladas al cigarro, lo tiré al suelo y por instinto lo pisotee. Mire a un lado y a otro, quería asegurarme de que Jesús no nos había seguido. Quería tener la noche tranquila y no liarla; Andrés había sacado ya las entradas; Santiago, me miró con impaciencia. No le gustaba que fumara. Él lo había dejado años atrás, y le molestaba más que a cualquier otra persona. Y eso que yo fumaba poco, unos seis cigarros al día, aunque reconozco que cuando salgo de fiesta, fumó mucho más, y eso que en los bares ya no se puede fumar. En casa, cuando estoy solo, me suelo fumar un par; en mi pisito tengo un pequeño balcón, chiquitito, pero suficiente para no fumar dentro de casa. Y cuando estoy con él, quizás uno, el típico detrás de comer. Cuando follamos no; nunca me ha gustado fumar en la cama, y me gusta quedarme abrazado a él, y no me suelo levantar, y cuando nos pegamos la ducha, tampoco salgo al balcón. Aunque no por que este desnudo, porque no sería la primera vez, que los vecinos me han visto el rabo. No me da pudor; no es que sea un exhibicionista, pero reconozco que me pone burro, me da morbo.
Nada más entrar, me crucé con un par de ex ligues; ninguno de los dos me saludaron, pero si me miraron el paquete. Solía ligar bastante, y folleteo no me faltaba. Lo que ocurría, era eso, que después si encontrabas a los que te habías follado, algunos no te saludaban. La verdad que me considero una persona de lo más normal, no me considero que este bueno; pero tengo mi encanto y no son por los centímetros de polla. La tengo grande y hermosa, veinte tres para ser exactos, y lo importante que sé utilizarla, pero lo que más me gusta son mis ojos. Ya ves, que curioso, la mayoría me miran el cipote. Pues bien, ninguno de los dos me saludó, aunque uno de ellos, más tarde, intento cogérmela cuando estaba en el lavabo. Le di un sopapo. Me habían tocado demasiado las pelotas y no pude más. No pasó nada. No se reveló, simplemente me miró con cara de asco, por encima de su hombro, de pura rabia, sabiendo que no iba a probar más mi rabo y salió echando leches.

La noche avanzaba más deprisa de lo que quisiera; nos lo estábamos pasando de puta madre, y ya llevábamos unas cuantas copas de más, pero aun creía que controlaba la situación. Vamos, que íbamos camino de coger una buena cogorza. No sé en qué momento de la noche, llego Pedro al local. Estábamos bailando, cuando se nos acercó y nos llevó hacia la barra. Nos invitó a unos chupitos de tequila, luego llegaron dos más; me reía por cualquier cosa. Entonces pedí una botella de agua, ya era la hora de que parara de beber. Y fue cuando vimos acercarse a Jesús, agarrado a un hombre mayor. Tendría unos cincuenta años. Iba sonriendo, como si fuera la reina de la noche, pavoneándose, intentando ser el centro de atención. No lo consiguió, porque lo único que vi, fueron las risas de los de allí presente. Pero a él le daba igual, ya que seguía con su “papel de estrella”. Nos lo presento como si fuera alguien importante; nos dijo que era el productor de una película independentista y que había llegado a Madrid para tomarse unos días de descanso, que le conoció en una fiesta privada, de no sé dónde. No paraba de hablar y soltar gilipolleces por la boca.  Nos sacaba de quicio con tanta verborrea, y tanta estupidez sin sentido. Soltaba esas carcajadas tan escandalosas, que los de al lado les miraba. Así él se sentía orgulloso, se inflaba como un pavo, como si hubiera conseguido su objetivo. Cuando les miraba, les sonreía falsamente y se dirigía a ellos como si les conociera de toda la vida. Ellos les ignoraba, pero él seguía hablando como si tal cosa. A nosotros tres, nos quiso aclarar que solo eran amigos, como si me importara si se lo había follado o no; estaba hasta los huevos de tener que aguantarle y por eso le dije que nos dejará en paz, y que fuera a buscarse a sus amigos, si los tenía, y que no volviera a dirigirme la palabra. Me tenía hasta la polla. Cuando le solté todo, fue la primera vez que le vi cambiar la expresión de su cara; dejó de sonreír y de soltar la carcajada tan estúpida, y con aires de diva, le dijo a su acompañante, que hoy no era mi mejor día. Al oírle, le cogí del cuello, de la camisa barata, y le dejé bien claro, que aún no había visto mi peor día. Su acompañante, no dijo nada. Le miró de reojo, algo asustado, y casi arrastrándole se lo llevo de allí. Y el muy capullo, ya entre la multitud, me guiñó un ojo. Sin conocerle, me estaba dando realmente pena. Que tío más estúpido. Mis amigos, me calmaron tras el incidente, invitándome a otra copa. Santiago me cogió la mano y me besó tan apasionadamente, que se me puso toda dura. Me flipaba como besaba. Realmente me había encabronado y ahora estaba bastante cachondo. Tenía ganas de bajarme el pantalón y soltar mi rabo, para dárselo a mi novio. Así que, no tardemos mucho en irnos. El metro estaba a punto de abrir, así que, nos empecemos a magrear mientras nos dirigíamos a la boca del metro. Nos paremos en un portal, de lo caliente que íbamos; nos besábamos  mientras nuestros paquetes se rozaban. Él mordisqueaba mi cuello y yo más caliente me ponía. Me desabrocho algún botón del pantalón y libero mi polla. Me la empezó a menear. Yo hice lo mismo con su cipote. Su lengua jugaba con la mía, me besuqueaba el cuello, me tenía encabronado, cachondisimo y si no fuera porque se encendieron las luces del portal, me lo hubiera follado allí mismo. Tuvimos que esperar hasta llegar a casa. En el ascensor, ya estábamos medios desnudos, sin importarnos, si nos cruzábamos con alguien. Y así fue, al salir a mi rellano, uno de mis vecinos, iba a pasear a su perro, ¿a esas horas? siempre me preguntaba lo mismo, como podían levantarse tan temprano para sacar al perro. Entiendo que tener una animal, conlleva esa responsabilidad, pero yo no sé si podría. De echo tuve perro cuando era pequeño, pero no lo es lo mismo, ya que lo cuidaban realmente mis padres. Ahora no tengo animales, ni los quiero, simplemente porque no tengo tiempo, y no podría cuidarlo como se merecen. Mi vecino, nos miró escandalizado y refunfuñando montó en el ascensor. Santiago y yo, nos reímos por un instante, mirándonos a los ojos, y seguimos a lo nuestro. Abrí la puerta como pude, ya que no dejaba de comerme la polla. Al entrar, me quite el pantalón y los gayumbos, e hice lo propio con los suyos. Le cogí los huevos y me trague su rabo. Estaba babosa, del calenton que llevábamos. Jugué con su culo, le metí la lengua, y cuando menos se lo esperó, le metí el rabo. Primero suavemente, con dulzura, luego subí poco a poco el ritmo, hasta darle la caña que a él tanto le gustaba recibir y a mí dar. Cambiemos de postura, porque nos gustaba mirarnos a la cara, besarnos, mientras tenía mi polla en su culo. Le zumbé de lo lindo, estábamos a mil por hora; soltó su chorro de lefa y yo sin sacar mi cipote me corrí en su ojete y seguí bombeando. ¡Qué buen polvazo! Pero teníamos ganas de más, así que continuemos follando unas horas y tras quedarnos saciados nos quedemos dormidos.


A la mañana siguiente, me despertó el sonido del móvil. Era mi madre que andaba algo preocupada, porque llevaba unas dos semanas sin llamarla. Con voz aún de dormido, la respondí como pude, que no se preocupara, que todo estaba bien, que el trabajo me había absorbido un poco, y que me disculpara. Me dijo que si seguía en la cama, que se notaba la voz cansado. La contesté que sí, que había salido de fiesta y que estábamos aun durmiendo. Me colgó con un te quiero, muy tierno, y le di un beso por teléfono. Santiago seguía durmiendo. Tenía una nalga fuera, tan prieta, tan dura, de sus horas de gimnasio. Le di un pequeño mordisco, tan apetecible, que pegó un pequeño brinco. Me sonrió, con los ojos aun cerrados y me abrazo con un solo brazo. Le acaricie la mano y continuemos durmiendo. A media tarde, nos levantemos; estábamos medio empalmados así que en la ducha volvimos a follar salvajemente.


Antes de cenar, preparé algunos temas que debía presentar el lunes a primera hora, mientras mi chico preparaba la cena. Esa noche no íbamos a salir, nos apetecía quedarnos en casa y ver una película. Mire el Twitter un instante, y fue cuando vi que “el galleto” había vuelto a mentir. Me había vuelto a mencionar, y no una vez, sino bastantes. Decía que me había visto en el lavabo del pub “el sitio” cascarsela a un tío, mientras que mi novio me la meneaba a mí. Que me había peleado con varios tíos, golpeándoles la cara y me habían echado del local, que si no me había dejado entrar en otra discoteca, que si mis amigos habían comprado coca, y mentira tras mentira, hablaba de más gente, de otros amigos, de desconocidos, cada vez diciendo algo más absurdo. No iba a entrar en su juego y como era habitual, a la media hora lo borraba y decía alguna media verdad. Nadie le contestaba y cada vez iba teniendo menos seguidores, y los pocos que les quedaban eran de su misma calaña;  lo que si observe, es que se hablaba a sí mismo, es decir, que tenía varias cuentas y las utilizaba como si fueran otras personas; se respondía a sí mismo, y se notaba porque escribía y utilizaba las mismas palabras, las mismas expresiones… se lo enseñé a Santiago. Lo siguiente que hicimos fue bloquearle.

La noche del sábado la pasemos tal como la habíamos planeado. Desconectemos los móviles y vimos tranquilamente la película. Nos hicimos unas palomitas, nos preparemos unas coca colas, con bastante hielo y disfrutemos de una velada tranquila. Tras la película, vimos otra de terror y cuando nos entró sueño, nos fuimos a la cama. Antes de dormir, nos pusimos hablar de nuestras cosas, mirándonos fijamente, charlando tranquilamente. Nuestras manos estaban entrelazadas y sentir su piel junto a la mía, me hacía sentir felicidad. Sonreía como un autentico bobo, por lo bien que me hacía sentir. Le di un beso dulce, corto pero intenso, mientra mi mano bajaba a su paquete. Metí la mano por dentro del gayumbo y le agarré el rabo. Le acaricié los huevos, baje más abajo y le metí un dedo en su culo. Sus manos ya me habían bajado el slip, liberando mi polla. Se agachó y me la empezó a mamar. Volvimos a follar. Conectábamos bien en la cama y eramos casi insaciables. Tras tener una buena corrida, nos quedemos dormido.

El domingo fue muy tranquilo y familiar. Fuimos a casa de sus padres a comer y por la tarde la pasemos con su hermana. Luego le acompañé a su piso, y tras una cena ligera, me marché para mi piso. Normalmente los domingos solía dormir solo, ya que los lunes iba temprano a la oficina, y si él no tenía que madrugar, pues no le molestaba. No era solo por eso, sino porque aún no vivíamos juntos del todo, aunque lo hemos hablado, no lo tenemos decidido. No porque no tengamos ganas, porque tenemos claro que lo vamos hacer, pero queremos tenerlo claro cien por cien; de momento las cosas iban genial así y tener nuestro espacio nos complacía a ambos, y cuando llegue el momento de vivir juntos, tenemos claro que el espacio no nos faltará, porque creo que es importante, que aunque se mantenga una relación, hay que tener la capacidad y la libertad de tener esos momentos que cada persona necesita, así que, cuando llegue el momento se sabrá. Prisas no tenemos.

Había decidido dar un paseo, pero casi a mitad de camino, se puso a llover de tal manera, que tuve que coger el metro. Bajé las escaleras, medio empapado; no había mucha gente, y pude sentarme en uno de los bancos; faltaban cinco minutos para el próximo metro; cogí el móvil y leí el whatsapp que me había dejado Santiago. Le contesté. Luego me puse a jugar algunas partidas, y estaban tan concentrado, que no me di cuenta que Jesús se había sentado a mí lado, hasta que me tocó la pierna.







jueves, 20 de junio de 2013

MARICA MALA (SEGUNDA PARTE. FICCIÓN)

Tras aquel primer encontronazo, nada fortuito y muy meditado por parte de Jesús Galient, tardemos en cruzarnos un tiempo. O mejor dicho, tardo en encontrarme de nuevo. Y mira que no evite ir al pub; no teníamos intención de hacerlo, y menos por alguien que no se quien es; tampoco le bloqueé en Twitter, tampoco le seguía, así que me daba igual si alguna vez me mencionaba. Que hiciera lo que quisiera. Sabía que era un payaso, una marica mala, así que no me preocupaba. Yo me preocupo realmente de la gente que me importa, y él para mí era un cero a la izquierda. No le conocía, ni tenía intención de hacerlo, ya tuve bastante con aquel encuentro y con lo que vi en la red social, ya tuve suficiente información de como era esa persona. Lo que no entendía, es como tenía algunos seguidores, ya que sus tweets eran bastantes repelentes, arremetiendo con todo el mundo; incluso llego a inventarse cosas de gente que conocía bien, y tan solo les tuve que advertir, y vieran lo mismo que yo. No me gusta decir a la gente lo que tiene que hacer, ni menos decir, pero tan solo diciéndole que vieran sus tweets o guardando sus gilipolleces, para demostrarles que es lo que iba diciendo de ellos, me fue suficiente. No me gusta hablar sin pruebas, así que, así hice. Fue fácil, porque él mismo se delataba, y ya podía borrar lo que quisiera, que la prueba ya estaba en mis manos. Con cinco minutos de ver lo que escribía me era suficiente, así que la partida estaba ganada. Encima, el muy mierda, iba cogiendo enlaces de blogs, y se los pegaba como si los escribiera él. O enlaces de fotos de gente famosa o conocida y hacía montajes. Es patético, pero así es Jesús. Una autentica marica mala.

Ese verano yo no tenía vacaciones, el departamento estaba desbordado, y necesitaba que estuviéramos todos en verano, y ya nos cogeríamos las vacaciones más adelante; al principio me fastidio y mucho, ya que ese verano queríamos ir a Italia, pero por suerte, Santiago pudo cambiar sus vacaciones, para coincidir con las mías. Todo iba rodado, saliendo a la perfección. Mi relación con él iba de puta madre, en todos los sentidos. En la cama nos compenetramos a la perfección, y eso es todo un lujo; con anteriores parejas el sexo no funcionaba tan bien como cabe esperar, pero con él era diferente. Los dos somos de sangre caliente y cuando follamos, salen chispas de la cama, o de donde lo hagamos. No nos aburríamos, y lo hacíamos casi todos los días. Era perfecto. En el resto de ámbitos, nos iba genial, porque no solo de sexo se puede mantener una relación. Si que es importante, pero no lo es todo. Tenemos casi los mismos gustos, nos gusta estar tumbados en la cama y hablar, me hace reír y es comprensivo con mi trabajo. Él sabe, que tras cambiarme a la nueva oficina, no tenía mucho tiempo, pero lo entendía y la cosa nos iba bien. No tenía queja de él, y él de mí tampoco. Nos queremos y mucho. Nuestros amigos se llevaban bien y formé un buen grupo. No salimos mucho de fiesta, porque nos gusta estar en casa, pero de vez en cuando nos pegamos nuestras fiestas, y acabamos con un buen polvo. Y menudos polvos, si es que cada vez que me imagino estando con él, se me pone dura. Y anda que no besa bien, porque para mí, los besos son importantes; si un tío no besa, pues me corta mucho el rollo. Recuerdo cuando iba en flor en flor y pillaba algún tío, que no acababa de salir del armario y me giraba la cara cuando le iba a comer la boca; no lo soportaba. Entonces lo que hacía, era metérsela, porque eso si que les gustaba, pero darte un morreo no. Así que acababa corriéndome, y me iba para mi casa. Desde luego no le volvía a ver, porque no me interesaban. Últimamente hay muchos tíos así, que no besan, que solo quieren sentir el nabo en su culo y nada más. Pues esos tíos a mi no me interesaban, y ahora menos, que con mi Santiago lo tengo todo. Le amo. Y siempre he tenido claro que voy a ser fiel; si estoy con alguien, y hay sentimientos de verdad, no tengo la necesidad de irme con otro. Lo veo una tontería, porque si no estoy a gusto o realmente no siento nada, para que engañarle; para eso estoy soltero y follo con quien quiero. Lo veo una estupidez, eso de los cuernos. Y de verdad, siempre he sido fiel, y oportunidades no me faltaban, pero nunca lo hice. Y con mi chico estoy feliz, y mucho.

Pues bien,  un viernes por la noche, tras estar por la tarde en casa, y de haber follado con mi novio, nos llamo Andrés, para que fuéramos con él de fiesta; el resto de la pandilla, estaban ya de vacaciones, y pocos quedábamos en la ciudad. Le dijimos que sí, que a las doce estaríamos en la Plaza del Rey. Nos dimos una ducha, juntos, y tras comérnosla, otra vez y corrernos plácidamente, cenemos algo rápido y cogimos el metro. Lleguemos alrededor de las doce y cuarto. Andrés estaba algo ya impaciente, no le gustaba esperar; le pedimos disculpas, casi al unisono y nos dirigimos al pub. No había mucha gente, mejor pensé yo, ya que a veces se petaba y me agobiaba. Lleguemos a tiempo para pedir un dos por uno, y si no, le pedíamos las copas a Silvia, amiga nuestra, y novia de Vanessa. Esa noche a ella le tocaba turno y su chica estaba en el hospital haciendo guardia. Ellas llevaban siete años juntas y nunca había una pareja tan bien avenida. Eran las dos súper simpáticas. Yo las conocí en el pub, me las presentó una noche Alberto; todavía no estaba con Santiago, en plan serio, porque si habíamos follado alguna vez, pero no había amor entre nosotros dos. Desde el principio me cayó genial, y Silvia fue quien me presentó a su chica. Desde entonces, nos veíamos de vez en cuando, incluso vinieron alguna vez a mi pueblo. Mi madre las alojaba como si fueran sus propias hijas y mi padre se reía mucho con ellas. Al principio pensaron que eran hermanas, pero se lo contaron con total normalidad; mis padres, ya algo mayores, se lo tomaron bien, como eso, con normalidad y no se escandalizaron; en el pueblo las miraban algo raras, pero ellas les importaba un bledo; al igual que a mí, porque alguna vez si me habían gritado "maricón" y yo me agarraba el paquete y les hacía una peineta; o les decía cualquier cosa y como no me achantaba, me dejaron en paz. Más de uno, de los que me habían insultado, más tarde me comieron el cipote y tragado el semen y tenían el ojete bien abierto. No me extrañaba, porque muchos iban de machos y luego eran muy perras en la cama. Nunca entendí esa postura, de ir de gallitos, porque no se es mas hombre por hacer ver que eres heterosexual, menuda gilipollez. Tampoco se es mas hombre por ser solo activo; es que me he encontrado algunos activos, que se creen más hombres porque no le han metido nunca la polla, otra gilipollez como otra cualquiera de los clichés de los gays; cierto es que no me gustan o no me suelo fijar en la gente que es amanerado, no soporto la palabra "pluma", pero eso no significa que sean menos hombres o mejores que yo. Nunca lo he visto así, así que esa gente que critica a otro gay, por ser amanerado o no, no me suelen caer bien. Cierto es que al "galleto" le llamamos marica mala, pero es que él lo es. Se define él solo.

Pues bien, ese viernes, tras tomar la primera copa, bailar un par de canciones, de tocar el culo a mi chico, comerle bien la boca, de excitarnos, de bailar en mitad de la pista, me fui un segundo al lavabo; estaba meándome vivo y no aguantaba mas. Había un poco de cola, nunca mejor dicho, pocas pollas, pero las suficiente para tener que esperar un rato. Al final, pude mear. Me saque el rabo y observe, soy muy observador, como él de al lado, me la miraba. Sonreí, me la sacudí y me lave las manos. Siempre me lavo las manos tras mear, no soporto a los tíos que no lo hacen, y menos que luego te den la mano, como si nada. Asco, pero bueno, no todos los tíos lo hacen; así que, me las seque en el secador y él otro tío, tras pasar detrás mía, me toco el culo. Me giré y le dije que no lo volviera hacer; me sonrió, como si nada y se dirigió hacia la pista. No quise liarla, no suelo montar follón, pero me jodió que lo hiciera. Antes, quizás me hubiera girado y le hubiera comido la boca, o la hubiera liado parda. No soporto a los tíos que te tocan, sin más, o sin haber insinuado que lo hiciera. Pero esa noche, no, solo le dije eso. Al salir, me choqué con Pedro, que le hacía aún en Canarias; me dijo que los últimos días no había parado de llover, que paradoja, porque en Madrid hacía un calor de mil demonios y que pudo adelantar el vuelo. Pero que no había dicho nada, porque se había encerrado en su casa, con un nuevo ligue, y no habían parado de follar. Menudo hijo puta esta echo, un golfo con mucho cuidado, pero es un tío cojonudo. Me reí cuando hizo el movimiento, como si estuviera dando por culo, y me dirigí hacia mis amigos. A lo lejos, aunque había poca luz e intermitente, al ritmo de la música, pude ver a Jesús. Me dirigí rápidamente hacia Santiago y Andrés, y antes de que pudiera decirles que cuando viniera Pedro, nos íbamos echando leches de allí, ya era demasiado tarde. Jesús se acercó por detrás de mi novio, y le tapo los ojos. Le miré con mala gana, pero a él eso le daba igual. Con su puta voz, le dijo que si sabía quien era. Me chirrió en los oídos. Santiago se giró, porque no sabía de quien se trataba, y al verle, se giró sin decirle nada. Pero él se quedó allí hablando de lo que había echo, de su nuevo proyecto, que estaba creando una nueva estrategia para una marca, que nunca había oído, y que seguramente se había inventado, que si había conocido a un italiano, que le iba a introducir (la polla pensé yo) en Italia y no sé que rollos más; todo eso en cuestión de segundos. Miraba hacía la puerta del lavabo, por si veía salir a Pedro, pero no, él ya había salido y se estaba comiendo la boca con dos tíos; mientras Jesús, no paraba de hablar. Hasta que vio a no se quien y nos dijo con esa puta carcajada, hasta luego. Cogí la copa y la dejé en las barras laterales. Andrés me preguntó quien era ese personaje, nunca mejor dicho, y de que le conocía. Santiago le explicó, por encima, mi primer encontronazo con él. Mi amigo no utiliza redes sociales, no le gusta, así que no le advertí de nada, ya que a él no le iba afectar. Pero con lo que le expliquemos, ya tuvo más que suficiente, además, lo había vivido en sus propias carnes, su ralladura, su forma de hablar. Después, avisemos a Pedro de que nos íbamos ya. Jesús, iba hablando unos y otros, pero no con nadie en concreto. Es más, estoy casi seguro de que iba solo, aunque presumiera de amigos, creo que no los tenía. Iba en grupo en grupo, como si buscara aceptación. No quería oírle más aquella noche, así que cogimos y nos larguemos. Ya en la puerta, con un cigarro encendido, decidimos irnos para "Bepop" a tomarnos otra copa.

lunes, 17 de junio de 2013

MARICA MALA (PRIMERA PARTE. FICCIÓN)

Cuando Jesús Galient, se me presentó de repente, aquella tarde de Julio, estaba yo sentado en una terraza tomando una cerveza, esperando a mi novio. Estaba leyendo un libro y con la excusa de que le gustaba mucho la autora, Pilar Mateos, se me presentó y sin invitarle, se sentó en la silla vacía. Me miraba de forma extraña, casi daba miedo. Más tarde descubrí, que debí de echarle de allí, sin ningún miramiento, porque era la reencarnación de la verdadera marica mala; a través de mis amigos, me enteré que le llamaban “el galleto” por lo feo y mala que era. Pero vayamos por partes:
Pedí el traslado a Madrid, porque allí se me presentaba una buena oportunidad de ascender en mi trabajo y entre otras razones, porque estaba hasta los huevos de mi pueblo. Vivía en un pueblo de 20000 habitantes, que a priori, no se puede considerar pequeño, pero no tenía nada de atractivo; el cine, hacía años que lo habían cerrado, no había ni un solo pub para tomarse unas copas y menos aún del conocido ambiente. Nunca había entendido esa palabra, no la definición, sino la utilización, ¿de ambiente? Pues que yo sepa en todas partes hay ambiente. No sé porque no le llamamos las cosas por su nombre, ya que todo el mundo lo iba a entender mucho mejor. Un bar gay. Aunque puede llegar a ofender, porque no se oye “voy a un bar hetero”; yo y mis reflexiones. En definitiva, que no había un lugar de ambiente, y en mi pueblo, necesitabas el coche para todo. Normalmente los fines de semana, nos íbamos para la ciudad;  cada semana, uno del grupo, era el que conducía; íbamos cinco en el coche y si alguien ligaba, pues ya se las apañaba para la vuelta. De todas maneras, entre semana, mi pueblo era puro aburrimiento y la mayoría ya nos conocíamos. Y al tener la oportunidad de largarme a Madrid, no me lo pensé dos veces. Aquella tarde, tras trabajar y aceptar mi nuevo puesto, me preparé la maleta; no se lo había contado a nadie. Mis padres se llevaron una gran sorpresa y sin entender mi marcha repentina, intentaron disuadirme para que me quedara. Fue en vano porque lo tenía claro, quería irme de allí y empezar una nueva vida. En Madrid tenía amigos, así que solo no me iba a sentir. Tras preparar la maleta, y mandar unos cuantos mensajes, quedé con algunos colegas, para soltarle el bombazo. Lleve unos botellines de nuestra marca preferida y lo celebremos. Me dijeron que me iban a echar de menos, pero que entendía mi postura, y que si ellos tuvieran la misma oportunidad que yo, lo hubieran aceptado sin más. Tras beber, quedemos en que le daría mi dirección, cuando me estableciera en la ciudad. Primero iba a ir a un hotel, ya que no quería molestar a nadie, pero tenía claro que iba a encontrar piso en seguida.

Y así fue, tras pasar cinco días en un hotel, más o menos cómodo, e instalarme en la central, en mi nuevo despacho, mis amigos me ayudaron a encontrar, un pequeño apartamento de soltero, que me venía genial, por precio y ubicación. Era perfecto. Salón y cocina juntos, con aire acondicionado, lavabo amplio, habitación con armario de cuatro puertas empotrado. Me bastaba para mi solo; fácil de limpiar, de recoger y súper cómodo para mí. Me gustó en cuanto lo vi, así que, no me lo pensé dos veces y aboné lo que me pidieron. Al sexto día ya estaba todo instalado en mi nuevo pisito, y esa noche lo inaugure con un buen polvo. Todo perfecto.

No me costó nada instalarme en la ciudad; mi nuevo puesto, requería mas responsabilidad, pero también era una buena pasta gansa y tener cinco personas a mi cargo, que uno de ellos era colega mío, me facilitaba mucho las cosas. No me costó adaptarme al trabajo, tenía mi buen grupo de amigos y sexo no me faltaba. No podía pedir mucho más. Todo iba bien, no me preocupaba el no tener pareja, me sentí pleno y feliz tal como me iban las cosas; solo echaba de menos a mi familia, y a mis amigos de mi pueblo, pero con bajar de vez en cuando o ellos venir a visitarme, me conformaba. Más no se podía pedir.

Volvamos aquella tarde en la que Jesús, me abordó como un verdadero acosador. Pero antes os explicaré como conocí a mi novio Santiago. Como dije, nunca me había preocupado el tener o no tener pareja, aunque tengo que reconocer que echaba de menos, que tras un buen polvo, la persona que me follaba, me dijera que me quería y se quedara en casa a dormir. No es que no se quedaran algunos, pero no es lo mismo, ya que muchos de ellos, tras follar, se marchaban y aunque se quedaran a dormir, al día siguiente se iban sin decir mucho más, y a la mayoría no les volvía a ver, aunque nos encontráramos en algún pub, no te dirigían la palabra. Con muchos otros repetía, ya que teníamos buena conexión sexual, sabiendo que como pareja no iba a funcionar, si que en la cama iba a la perfección; la verdad, que no tenía quejas de mi vida sexual; no es que fuera un adonis, pero tenía mis encantos, y al ser bastante abierto, pues conocía rápidamente a mucha gente. Pues bien, una noche, tras no encontrarme muy bien, salí del pub a respirar un poco de aire fresco; no había bebido mucho, pero quizás la cena abundante y los picantes de la comida india, me estaba jugando una mala pasada. Me senté en un banco, cuando Santiago, se sentó, y sin poder encender su cigarro, me pidió un mechero. Nos miremos a los ojos, y con una sonrisa, le cedí mi encendedor. Nos rocemos las manos, y sentí un leve escalofrío. Tenía unos ojos preciosos, una mirada que traspasó la mía. Me puse nervioso, como nunca me había ocurrido, o en un muy pocas ocasiones. Contadas diría yo. Nos dimos los nombres y dos besos. Me preguntó que hacía allí sentado y si había ido solo. Le contesté, con un nerviosismo, como un adolescente que acaba de conocer al que cree que es su amor verdadero, que había salido a respirar un poco de aire y que había ido con mis amigos. Él, con una sonrisa casi perfecta, me dijo que había salido a fumar un cigarrillo, y que estaba a punto de marcharse, pero que ahora quizás tenía motivo para quedarse. Me cogió la mano, cosa que me sorprendió, y entremos de nuevo a la sala. Me llevó a la barra del bar y me pidió una copa; no sé bien lo que llevaba, pero la verdad que me sentó de puta madre. Le presenté a mis colegas, estuvimos bailando, hablando e intercambiemos los números de teléfono. La verdad que deseaba follármelo allí mismo, y cuando nos dimos el primer beso, se me puso dura al instante; besaba genial, y tenía ganas de más; pero aquella noche solo hubo eso, besos.

Hasta el tercer día, no le volví a ver; tras dejarnos miles de whassaps, y de charlas interminables, hasta alta horas de la madrugada, volvimos a quedar en el centro. Aquella tarde si hubo sexo, y no veas, fue escandalosamente bueno; tras corrernos y ducharnos juntos, en su piso, cenemos juntos y aquella noche dormí junto a él; por un instante, pensé que era muy precipitado todo, que estaba pasando muy rápido las cosas, y así se lo hice saber. Me miró con sonrisa picarona, diciéndome que si estaba disfrutando de su compañía, que más da si pasaba en el primer día, o si pasaba un largo semestre, que lo importante era que viviéramos el momento, que mañana no se sabe lo que puede ocurrir; que su filosofía era esa, vivir los momentos como si fueran únicos, como si el mundo se fuera acabar y que no le daba importancia a ciertas cosas; que si me sentía incomodo o quería ir mas despacio, que me entendía, pero que no veía razón por no estar juntos e intentar algo bonito. La verdad que tenía razón; siempre me había gustado vivir al día, sin tener preocupaciones para el mañana, pero en cuestión de pareja, algo serio, pues le daba demasiado vueltas; y así hice, hacerle caso y ya llevamos más de seis meses.

Pues bien, aquella tarde, sentado en la terraza, esperándole, con mi libro, Jesús, se sentó en la silla vacía y empezó hablarme de la autora, con aire de saberlo todo, y como si me conociera de toda la vida. Me habló de un libro, que confundió con otra gran autora, y al intentar corregirlo, me puso el dedo en mis labios. Le miré con desconfianza, no era para menos y le dije que si me conocía de algo. Se rió, con una carcajada estrepitosa, muy escandalosa, que la gente de al lado, incluso nos miraron reprochándonos el ruido que estábamos haciendo; bueno más bien él, porque yo me sentía incomodo en aquella situación; un extraño, que no conozco, ni tan si quiera de vista, se sienta sin más y empieza hablarme de aquella forma, pues era de una incomodidad exagerada. Su respuesta a mi pregunta, fue que me había visto navegar por Twitter, y que le parecí atractivo; mientras me hablaba, porque anda que no le gustaba cascar, intenté hacer memoria y no recordaba tenerle en la red social; lo utilizaba, pero la mayoría eran amigos míos de toda la vida, y algún que otro familiar, pero no recordaba a ningún Jesús Galient, si es que utilizaba su nombre, porque claro, muchos escriben con nombres raros. No, estaba seguro que no le seguía en Twitter, y antes de que me taladrara más la cabeza, con esa verborrea molesta, le dije que se estaba confundiendo de persona. Me miró, soltando de nuevo la carcajada molestando de nuevo al resto, y cuando acabo, me confesó, que había soltado unas pequeñas mentirijillas, que no me conocía de la red, sino del pub "el sitio", lugar que frecuentaba con los colegas, y que había visto algún comentario mío en la red, y que un tal Antonio o José, que no recordaba bien su nombre, le había hablado de mí. Tenía la cabeza a punto de estallar, con tantos datos, que no le daba importancia y no me hacía recordar que le hubiera visto alguna vez, que no sabia de que tíos me estaba hablando y solo deseaba que Santiago apareciera de un momento a otro, porque por mucho que intentó, el tipejo no se movía de la silla. Me daba datos y más datos, como si me importaran algo y no se detuvo, hasta que por fin, apareció mi novio. No sé si fueron diez minutos o más, pero me pareció una eternidad. Me besó en la boca y me preguntó quien era mi amigo. Antes de que pudiera responder, Jesús se presentó, dándole dos besos en la cara e intentó darle un beso en la boca. Mi novio se apartó, antes de que se lo pudiera dar. Con la mano, cogió una silla libre, pero Jesús, por fin, con su carcajada estúpida  me dijo que ya  nos veríamos de nuevo, pero que se tenía que marchar, que había quedado. Y tal como llegó, se fue. A mi novio entonces le expliqué lo sucedido; no daba crédito a lo que oía, y con un resumen, lo mejor posible, le conté todo. De aquello, solo sé que aquel tipejo no le conocía de nada. A Santiago se le ocurrió entrar en la red social y allí apareció su foto. Miré el mio y sí, allí estaba siguiéndome. Yo a él no. Pero si entré y mire algún comentario suyo. Y la verdad que todos eran negativos, hablaba de terceras personas, insultando incluso algunos de mis amigos, daba la vuelta a la noticia y lo más increíble, que a penas cinco minutos, había contado que me había visto en una terraza, a las siete de la tarde, todo borracho. Pero si entrabas de nuevo en su perfil, borraba los tweets que había escrito en la última media hora, incluyendo otros, con barbaridades, siendo una autentica marica mala.




martes, 11 de junio de 2013

GOLPES (FICCIÓN)

Era la hora de la comida y mi hermano Sebastián no había llegado; mi madre se empezaba a preocupar, ya que en esa semana tenía el turno de tarde y se echaba la hora encima; por la mañana había salido a correr un rato y tras una ducha refrescante, llevó a mi sobrino Miguel, a dar una vuelta con la moto. A mi padre no le hacía mucha gracia, a mi madre menos, pero él no iba por carretera, sino por caminos polvorientos, que llegaban a las fuentes naturales, que teníamos en el pueblo. Tras la vuelta y descansar, junto al pequeño estanque, donde manaba las fuentes que abastecían a varios pueblos, un agua fría, buena, saludable, regresaron a casa. Por un instante se metió en su habitación y luego recordó que tenía que ir hacer el último recado. Cogió de nuevo el casco. Miguel fue tras de él, pero yo le cogí. Arrancó con una sonrisa y toco el claxon. Mi sobrino le encantaba oír el sonido y le hizo reír.
 
Ayudé a mi madre a preparar la mesa; había cocinado unas ricas lentejas. Puse los vasos, los cubiertos y pique un poco de ensalada. Tenía hambre. Días anteriores había estado enfermo y llevaba unos días sin ir al colegio. Ese día parecía que ya me encontraba bien, ya que el apetito había vuelto. Mi madre me dio un pequeño manotazo en la mano, ya que cogí varias aceitunas con los dedos; le guiñé un ojo y cogí un pedazo de pan. Fui a la nevera a coger algo de embutido, y me fui para el patio. Mi padre, ya se había sentado en la mesa; mi madre miraba el reloj una y otra vez. Llego al poco rato mi hermana. Llevaba aún la bata del trabajo. Su hijo, corrió a sus brazos. Le dio varios besos, cogiéndole la mano. Se sentaron conmigo. Suspiró del cansancio acumulado. Se encendió un cigarro. Nunca la había visto fumar de aquella manera y no sería la última.
 
Ya alrededor de la una, mi madre, inquieta, no paraba de asomarse a la calle; se quedó inmóvil en una de las esquinas. Ya estaba muy nerviosa. Mi padre la llamó para que se tranquilizara; seguramente se había entretenido con uno de sus amigos, pero si era raro que no llegará a casa, para comer e irse al trabajo. Era su primer trabajo serio, con contrato y estaba muy contento, ya que podía costearse sus gastos y su gran pasión: las pesas. No había faltado ningún solo día y era más que puntual. Por eso era extraño que no hubiera llegado ya. Nos sentemos en la mesa, y nosotros, lo más pequeños, comencemos a comer. No llevábamos ni cinco minutos comiendo, cuando sonó el timbre. Era raro que alguien llamara al timbre, ya que todo el mundo solía entrar por la parte del almacén, que solíamos tener abierto, para estar en el patio; en el barrio nos conocíamos a la perfección y por las tardes, cuando regresaba del colegio, mis vecinas se reunían allí con mi madre, pasando la tarde. Quienes llamaban al timbre, solían ser el cartero, si tenía que entregar alguna carta certificada, y los empleados del gas, luz… pero en esa ocasión, por desgracia, no era ninguna de esas personas, sino era la policía. Fue mi padre quien abrió. Le oíamos titubear. Mi madre, nerviosa, y sin saber que había ocurrido, se puso a llorar. Se acercó al policía, con nerviosismo. Éste, les dijo que mi hermano había tenido un accidente, que se encontraba en el hospital del pueblo de al lado, al recién estrenado, y que les acompañaba. Una mujer, de unos cuarenta y cinco años, se acercó llorando, nerviosa, temblando, y les dijo a mis padres, casi sin entender nada, que sentía mucho lo que había ocurrido, que no le había visto, que les acompañaba al hospital. Los cuatro se fueron. Mi hermana mayor se hizo cargo de nosotros.
Yo le pregunté a mi hermana que había ocurrido y cuando íbamos a saber algo de Sebastián. No entendía porque mi madre se puso a llorar, sin a ver visto a mi hermano, pero esa angustia me hizo vomitar. Las horas se hicieron eternas, pesadas y hasta al anochecer mi madre no regresó a casa. Le acompañaba aquella mujer, desconocida para mí; les contó a mis hermanos que Sebastián le había llevado al hospital de Barcelona, ya que le tenían que hacer pruebas más complejas. Mi padre se había quedado con él. Le dijo al oído algo a mi hermana y se marchó. Ella, le preparó un caldo. Mi madre, tumbada en la cama, con una expresión que nunca había visto, me llamó. Me abrazó con fuerzas, acariciando mi espalda y dándome besos. Mi hermana le llevo el caldo y una pastilla. Quise preguntar que era, pero con su mano, me hizo un gesto de que me fuera.
Esa noche, nos costó dormir a todos. En esa época no teníamos teléfono, y casi ningún vecino lo tenía. Era un lujo que casi nadie se podía permitir. Así que, la angustia que producía el no saber nada, era mayor. A la mañana siguiente, mi madre, apenas sin haber dormido, cerca de las cinco de la mañana, mi madre nos levantó. Íbamos a ir todos a Barcelona, en el viejo tren, que unía mi pueblo con la capital. Hacía mucho tiempo que no iba, la última vez, fue al zoo, en una excursión escolar. Pero aquella vez era totalmente diferente; mi madre casi nos llevaba en volandas, no quería perder el tren de las 6.30, ya que en esa época solo salían cada dos horas. Pago los billetes y nada más sentarnos, el tren empezó el recorrido. Alrededor de las nueve, estábamos en Plaza España, demasiado tiempo, demasiadas angustias, y aun nos quedaba el metro, unas veinticinco paradas para llegar al hospital.
 
Mi padre nos esperaba en la puerta; ya le habían hecho las primeras pruebas, y no tenía buena pinta. Tenía dañada la medula y era más que probable que no volviera a caminar; solo había un rayo de esperanza, que se esfumó tras la última visita del médico. Confirmaban que tenía dañada la medula y que se quedaría en silla de ruedas, que ni tan siquiera iba a volver andar, y que intentarían, que tras una larga rehabilitación, al menos, se pudiera poner de pie, con ayudas de muletas, pero que no podían asegurar que eso ocurriera. Con un apretón de mano, y la angustia marcada en el rostro del médico, dio media vuelta, dejándonos destrozados. Mi madre abrazaba a mi padre, llorando, desconsoladamente. Tras serenarse, y maquillarse para disimular el sollozo, cual cosa no consiguió, porque los ojos de mi madre estaban tristes, entremos a verle. Estaba en una gran habitación, con 8 personas más. La mayoría jóvenes. Mi hermano empotrado en la cama, con un collarín, tenía la mirada perdida. No era para menos, su vida había dado un giro de tres ciento sesenta grados y el saber que no iba a volver a caminar, a montar en moto, a seguir con una vida normal, iba a cambiar también su carácter. Nos pusimos alrededor de él y le dábamos ánimos. Casi sin saber que decir, sin saber que transmitir en ese doloroso momento. Él no decía nada, solo intentaba sonreír, forzosamente.
 
Ese fue el primer día de muchos; estuvo casi nueve meses ingresado, y nosotros, los familiares habíamos vivido prácticamente en el hospital. Allí empezó la rehabilitación y buenas amistades, de gente, que como él, estaba en la misma situación, unos por accidentes, otros por tirarse de cabeza, en las aguas cristalinas de cualquier acantilado. Veíamos también niños, verdaderas tragedias. Yo a mis padres apenas les veía y era mi hermana que se encargaba prácticamente de la casa. Yo iba a verle los fines de semana, todos. Los enfermeros, médicos y el personal del hospital, tenía siempre una sonrisa para nosotros, intentando darnos ánimos constantemente. No fue fácil para nadie, y mi madre, fue la que más sufrió.
 
Lo peor es que la cosa no quedo ahí; el último mes de estar ingresado, subí con mí cuñado a Barcelona para visitarle y darle una sorpresa para su cumpleaños. Mi madre estaba allí durante todo el fin de semana y otros de mis hermanos, por compromisos, no podían ir. Había hecho lo posible para no faltar, pero le fue imposible. Entonces decidimos ir con mi cuñado, en su viejo coche. A mitad de camino, el coche dejó de funcionar. La grúa tardo más de lo normal y nos pudo dejar en el próximo taller. Cogimos un taxi para el hospital. Ya era tarde. Mi madre no me esperaba y esa noche ella regresaba a casa. Mi hermana y su marido se quedaban en Barcelona, en casa de la madre de él. Mi madre, al verme, se enfadó muchísimo, ya que no me esperaba ya a esas horas y se había quedado preocupada por nosotros y por Sebastián, ya que tendríamos que a ver ido por la mañana. Casi sin hablar, me cogió de la mano y empezó a dar zancadas hacía la parada del metro, refunfuñando, estaba realmente cabreada, y aliviada a la vez. Una vez en el andén, casi sin saber lo que estaba haciendo, dejé que mi madre montara y me eche a correr hacia la salida. A lo lejos, vi como la puerta se cerraba y la cara de mi madre desesperada. Regresé al hospital; esa noche se iba a quedar mi tío, ya que mi padre estaba ausente, fuera de Cataluña por trabajo, que no pudo rechazar; no le dieron el permiso porque mi hermano ya llevaba casi 8 meses ingresado. Como dejaron los cabos atados, y sin remedio, había tenido que ir. Pues mi tío al verme, me dio dinero, para que regresara a casa. Me acompaño a la parada de autobús. No se iba a ir hasta que no me viera subir. Pues bien, esa noche, tras llegar al destino, baje en la última parada e única, algo lejos de mi casa; desde allí baje el puente que unía ambos pueblos. Entonces vi un coche pasar, que dio la vuelta, se paró y me preguntó que donde iba tan solo y que me podía llevar, solo si quería. Sin pensarlo, me subí al coche. Preguntó mi nombre, mientras me tocaba la pierna. Le pedí que me dejara bajar, me entró miedo, pero siguió conduciendo hasta un descampado y allí me violó. Me dijo que no dijera nada, que si se enteraba que me había chivado, iba a ir a por mí. Me dejó en uno de los cruces y caminé hacia mi casa. No me salía ni una lagrima, estaba temblando. Llamé a la puerta, y abrió mi hermana. Me dio un bofetón; me dijo que nuestra madre había llamado preguntando si había ya regresado, que ella nada más arrancar el metro, se bajó en la parada siguiente y regresó para atrás. Desde que mi  hermano tuvo el accidente, mis padres decidieron poner teléfono, que ya veríamos como lo iban a pagar, pero que era necesario. Me preguntó qué demonios había pasado. No le contesté; tan solo me puse a llorar y relaté lo que me había pasado. Mi hermana, sin apenas saber qué hacer, llamó a Jesus, otro de mis tíos y me acompañó a la policía. Allí declaré lo sucedido y entonces siguieron el protocolo. Me llevaron al hospital, me hicieron revisión y vieron que lo que decía era verdad. Otro duro golpe para la familia.
 
Mi hermano ya estaba en casa, cuando yo ya llevaba unas semanas visitando al psicólogo. Mi madre cada vez estaba más triste y mi padre la consolaba lo mejor que podía. Mi hermano y yo nos sentíamos completamente solos, aunque sabíamos que teníamos el apoyo de la familia, pero el dolor interno, que sentíamos cada uno, nadie lo podía suplir, y él y yo, nos unimos en un mismo dolor. Pasábamos largas tardes juntos, envueltos en largas lecturas, y tertulias. El me acompañó a varios juicios, dándome todas sus fuerzas y yo le acompañe a sus rehabilitaciones. Nos dábamos ánimos mutuamente y juntos superemos muchos peldaños. Al fin, tras largos años de juicios y emplazamientos, salió la sentencia. Primero la suya, que ganó una cantidad de dinero, suficiente, para al menos vivir lo mejor posible. Aquello no le hizo feliz, ya que no le iba a devolver su vida anterior, pero al menos iba a vivir sin pasar necesidades y cuando faltaran mis padres, podría contratar una enfermera. La mujer tuvo la culpa, se saltó un stop, y tras visitarle una sola vez al hospital, nunca más supimos de ella. Y eso que vivía en el barrio, pero supongo que su conciencia no le dejó vivir.
Luego salió la sentencia de mi juicio y solo le condenaron a diez años de cárcel, porque no fui el único niño que violó. Ninguno de los dos lo celebremos, pero al menos nos sentimos algo más aliviado.
 
A partir de ahí, mi familia seguimos luchando día a día. A veces uno recae, pero está el otro para apoyarle; a veces aún sentimos escalofríos al recordar todo, pero nuestra unión, más que hermanos, fue para siempre. Junto a mis padres, familiares, vivimos superando día a día todo lo ocurrido. Superando, juntos, los duros golpes que la vida nos sentenció.


martes, 2 de abril de 2013

LAS FOTOS (TERCERA PARTE-FICCIÓN)

Parece ser que la guerra hoy ha terminado; no sé si por mucho tiempo, si será por poco, no puedo aventurarme a predecir que es el fin, porque ya hemos luchado en muchas batallas, que han llegado al mismo sitio, para luego retomarla con más fuerzas.

Tras los últimos cruces, acusaciones, de correos, mensajes privados en el perfil artístico, hoy me he dado cuenta que me han bloqueado mi cuenta en la página donde nos conocimos. Esa que tanto odiaba y que ahora trabaja para ellos; sin cortarme ni un pelo, he mandado un correo, algo subido de tono, al soporte suyo, exigiendo explicaciones el porqué de un bloqueo innecesario; mi orgullo está herido, si ayer me sentía ganador, hoy me siento derrotado, porque en esa página llevaba muchos años, he conocido a mucha gente, no solo para follar y guarrear, sino a gente verdaderamente interesante, que no tienen que ver con la página cien por cien, sino gente que busca un tipo de sexo, que allí sabe que lo va a encontrar; pues bien, el correo ha sido contestado y me comentan que he vulnerado dando información personal, sobre mi ex. Cierto es, ¿pero acaso he mentido?

Más enfadado si cabe, mando un correo a mi adversario, le mando un privado en su perfil artístico, porque en el suyo personal, por fin me ha bloqueado. Nunca lo había echo hasta ayer, pero me alegro que lo haya hecho porque se podía liar mucho más; pues el mensaje más o menos decía que porque cojones ha hecho eliminar mi cuenta, si sabía de sobras que llevo muchos años allí, que sé que ha sido él, que sé que ha intervenido en eso, solo para joderme (es como si lo mío no contara y yo no hubiera hecho nada) y que ahora, sin apetecerme nada, no tengo ganas de empezar de cero. Le amenazó, que la puedo liar más aun si cabe, que esto no va a quedar así, que la guerra ha vuelto a comenzar y que sabe que cumplo mis amenazas, sin atenerme las consecuencias; una vez más, espero respuesta, deseo que sea inmediata, para seguir con nuestra pelea sin fin y dejar claro de una puñetera vez, que nuestra pelea no va a tener fin, porque llegaré, haré lo que haga falta... una vez más, me sobrepaso en mi papel, como si fuera una verdadera víctima, como si necesitara explicaciones a lo que está haciendo, como si estuviera haciéndomelo a mi, sin hacer nada. Resalto lo encabronado que estoy, que conoce bien esa situación. Me siento perdedor, por haber perdido mi perfil en esa página, y le recuerdo que él la odiaba, que él se salió al conocerme y me reprochaba muchas veces que yo seguía ahí.

Él, más calmado, con pausas, con serenidad, me responde con total tranquilidad, que él no tiene nada que ver, y que podría haber denunciado, pero que le conozco demasiado y que no va hacer nada al respeto. Simplemente que me va a bloquear en su perfil artístico, para evitar hablar más conmigo, me pide que no le mande más correos, que él hace tiempo ya me olvidó, que reconoce que muchas veces ha pensado en mí, pero como ya dijo en el pasado, lo nuestro no pudo ser, que fue bonito lo que ocurrió, pero que está cansado de empezar una y otra vez las peleas, los insultos, y que la amistad que prometimos la última vez, no va a llegar nunca, porque nunca fuimos realmente amigos, porque si hubiera sido así, esto ni lo otro, ni lo de más allá hubiera ocurrido. Simplemente me dice que él no puede intervenir, ni tan siquiera me reprocha que yo hubiera empezado, solo que va a bloquearme, que espera no recibir ningún correo más. Todo esto con la serenidad de un adulto, sin alterarse, ni punto de comparación con mi tono.

Vuelvo a escribir al soporte, pongo el grito en el cielo y cinco minutos más tarde, ni rastro de los dos perfiles de mi ex. Lo ha hecho, cosa que yo deseaba siempre que hiciera; no le puedo contestar, y le mando un último correo, con mi carácter no puedo asegurar que sea el último. Debe de ser el último, ayer triunfé, hoy perdí, y casi sin reconocer que yo me lo busqué, porque aunque vi lo que vi y me jodió un montón, no debí de escribirle, no debí hablarle... y ahora mismo tendría mi perfil, ahora mismo tendría mi serenidad. Él la tiene, casi siempre la ha tenido. No hay marcha atrás, ni aunque volviera al mismo sendero, las cosas iban a ser igual. Hubiera hecho exactamente lo que hice, porque uno es como es.

La guerra ha terminado, sin firmar ninguna tregua, porque ambos sabemos que eso no iba a servir de nada, ha sido fulminante, en cuestión de días, como si hubiera pasado más tiempo, ha zanjado el tema, bloqueo, y yo ahora me siento como si hubiera perdido todo de nuevo. Del orgullo de ayer, de haber conseguido su atención, de haber conseguido una respuesta, a quedarme sin mi perfil en la página que entraba de vez en cuando, a sentirme estúpido, vacío y ¿ahora qué?

La respuesta: nada. Ahora pasara el tiempo y quien sabe si por cruzarnos de nuevo, por ver algo, le vuelvo a escribir un correo, con aires de triunfador, para perder otra cosa más. Si ayer sabía que no le iba a volver a besar, hoy sé que nunca me va a dirigir la palabra. Él lo consiguió, yo no. Él pudo respirar, él pudo dar cien pasos y no mirar atrás. Yo debo de aprender a dar esos cien pasos y aunque me caiga levantarme. Lo dicho, si ayer me di cuenta que no volvería a besar sus labios, hoy me he dado cuenta que no volveré hablar con él como antes.


lunes, 1 de abril de 2013

LAS FOTOS (SEGUNDA PARTE-FICCIÓN)

Reconozco que ayer la volví a liar; me quemaba por dentro el quedarme quieto y la volví a liar. Hice lo que mejor ser hacer, mandarle un par de correos, amenazantes, y ser el hijo puta que siempre he sido. No debí de indagar más y dejar el tema tal como estaba. Cierto que encontré las fotos por casualidad, pero mi rabia, mis ganas de joderle (y no precisamente metiéndole el nabo) se apoderó de mí de nuevo y no pude estar quieto. Le di vueltas un par de horas, pensando en lo que podía escribirle, tanto por correo, como en su muro (en los dos, en su perfil de él persona, como en su perfil artístico); antes estuve indagando con las fotos que había encontrado, en serio, de casualidad por mi muro y averigüé lo que me temía; no sé porque me jode tanto que esté trabajando en el cine porno (en una página especializada y me imagino que amateur); no se trata de que este haciendo eso, ni tampoco de que no me haya dicho nada. Sigo insistiendo en como si tuviera que explicarme todo, como si entre nosotros no hubiera pasado nada. Ni tan siquiera quedó la amistad tras la desastrosa relación, de tiras y aflojas, de ahora nos vemos, ahora no te quiero, ahora te odio, ahora déjame, ahora volvemos… la amistad estaba desquebrajada por todos lados y era imposible que se hubiera salvado.
A veces parecía que sí, que podíamos mantener una bonita amistad; se consiguió durante un largo tiempo, pero volvíamos a las andadas. Tras conocer que tenía una nueva relación (nunca olvidaré la primera vez que le vi besar a otro delante de mí; bueno me lo encontré de casualidad en una discoteca de Madrid; él estaba con sus amigos, que no eran los míos, pero eso es otro tema, y le vi enrollándose con alguien que no era de su tipo; me dio un vuelco el corazón y esa noche ya no me divertí); pues bien, tras conocer que aquel tipejo solo fue un rollo, me imagino que producida por el alcohol, que más tarde me reconoció él, por mis reproches y por nuestros tiras y aflojas; me reconoció que era un tipejo feo, y que le entró el calentón… aunque no me lo creí bien del todo, la respuesta a medias, no le pregunté más y deje el tema. Dejaba muchas cosas en el aire, sabiendo que a mí me molestaba y mucho; siempre me decía que no me satisfacía sus respuestas, que siempre preguntaba y preguntaba. Nunca entendió esa parte de mí. No sé si quiso entenderlo o lo hacía realmente por putearme… en fin, que me voy del tema: tras conocer su relación seria, con un Canario, estuve un tiempo que le iba enviando correos, queriendo saber de él; fue a buenas, pero poco a poco iba subiendo de tono, incluso provocándole erecciones con mis guarradas o recordándole nuestros buenos polvos; me decía que si le invitaba a casa, a cenar, o por ahí, podíamos pasar una noche; sabía que no lo iba hacer (que yo sepa siempre fue fiel, al igual que yo) pero me ponía y mucho esa situación. Pues bien, tras volver hablar con él por teléfono, nos volvimos a picar con asuntos del pasado hasta que volvimos a dejar de hablarnos. Como ya dije, siempre estábamos igual. Ahora sí, ahora no, ahora no te hablo, ahora sí, tanto él como yo, aunque reconozco, que siempre le tiraba la caña y él recogía el anzuelo.
La diferencia de edad, entre nosotros, nunca fue el problema, nos llevamos siete años; no es mucho, pero por aquel entonces, él era joven y buscaba sexo potente; nos conocimos en la misma página que ahora está haciendo las escenas. No recuerdo si fui yo que le entré o él a mí, pero la verdad, que tras nuestro primer encuentro, sexual, hubo más hasta que empecemos nuestra relación seria. Yo me conservo bastante bien, y aunque ahora él tenga 30 y yo a punto de 37, en el pasado, parecíamos de la misma edad; la verdad que siempre me han gustado más jóvenes que yo, y normalmente follo con gente más joven, pero nunca uno sabe lo que va a ocurrir con alguien de tu edad; si cuento esto, es porque creía que le iba a poder “dominar”, a ser algo más posesivo con él, pero eso no fue así. Su ansia de libertad, de hacer lo que quería realmente, cosa que no era mala, fue uno de nuestros mayores problemas. Fue por mí, más que por él, y lo que resulto ser amor a primera vista, con buena química sexual, pues con el paso del tiempo, solo fue sexo.
Cada letra que escribo, me hierve la sangre, de porque el destino me ha puesto esas fotos en mi camino; las vi de casualidad, y no pude estar quieto; no pude evitar de investigar más y ayer ya fue la locura total. Mi locura, mi ardor por volver a escribirle… Tras revisar varios expedientes de trabajo y de ver varias páginas más, entre en las páginas porno para pajearme. Entre donde tengo uno de mis perfiles, de esos que enseñas todo, y sabiendo que le podía ver allí, no porque tuviera perfil, sino porque las fotos que encontré por mi muro, eran de allí, indagué más y... sí, vi una promoción de unas escenas, donde salía él. Ya no tenía dudas de que era él. Pinche, y le vi en plena acción. La verdad que lo hacía fatal, no soy objetivo, quizás por la rabia que tenía en aquel momento, o porque realmente su papel siempre había sido de pasivo. Aunque quería parar, ya no pude echar marcha atrás y escribí algún comentario sobre la escena y más tarde llegue a poner su verdadero nombre, para joderle más aún, como si ganara la batalla final de nuestra relación, ya muerta, y sintiéndome vencedor. Esa seguridad, falsa, de ganador, de propietario del mejor premio, me llevo a escribir más y más comentarios, hablando de su real trabajo, diciendo su nombre verdadero, donde lo podían encontrar. Sonreía como un verdadero hijo de puta, un cabrón sin escrúpulos, que triunfa; es más, contra más escribía, más ganas de hacerle daño, más disfrutaba y eso me llevo a entrar en ambos muros, y escribir una y otra vez comentarios sobre él. Le mande mensajes privados, lo dejé en abierto por su muro, le escribí correos, sin obtener respuesta. Y como no la obtenía, más daño le hacía; se me fue de las manos, me sentía triunfador, solo quería que me dijera cualquier cosa o que me bloqueara al fin por todas, porque ni él, ni yo, nos habíamos bloqueado nunca. Bueno yo sí, pero le volvía admitir. Pero nunca lo hice del todo, y él me decía que él no iba hacerlo… pero esa noche, medio loco, medio oliendo la locura, saboreando una grata victoria, que luego me iba a llevar a derrumbarme, a no dormir tranquilamente, a desvelo, pero el veneno estaba dentro de mí, y aunque ya tumbado en la cama (no llegué a correrme) le seguía escribiendo más y más. Entraba en los perfiles, en todos, y le escribía, entraba en el correo y le volvía a decir cualquier estupidez que se me ocurría en aquel momento. A penas dormí, pero entre triunfador e idiota, llegó la mañana, que fue cuando obtuve su respuesta:
“sal de mi vida, nunca quisiste estar en ella”
 Me reí al leer dicha estupidez, y le volví a contestar, ya más calmado, ya más pausado, ya diciéndome que porque he tenido que escribir esas estupideces, más sabiendo que me había bloqueado, cosa que había buscado tiempo atrás, y que por fin logré de la forma más cruel. No sé cuántas personas habrán leído su nombre real, no sé cuántas personas habrán leído donde trabaja, donde vive, toda la información que di sobre él. Ahora ya es tarde, y desde la calma, sintiendo aun rabia, porque yo no soy así, porque el hijo puta lo dejé atrás hace ya tiempo, ayer, de la forma más estúpida, volvió a salir y herir, hacer daño. Aunque lo borré todo, echo esta. Es más, no sé porque aún me pregunto porque me meto en su vida, cuando la calma parecía que había llegado entre nosotros; no sé porque me da rabia que esté haciendo ese trabajo, porque ahora él es así, cuando siempre había odiado esa página, y había habido muchos reproches porque yo continuaba en ella; porque ahora trabaja para ellos, porque ahora folla con desconocidos, porque cobra por ello, porque actúa como activo, si nunca lo ha sido, si lo sabrá sus amigos, los míos, sus compañeros, su familia… porque ha cambiado tanto, si realmente lo ha hecho, donde está la persona que yo conocí… no sé porque me pregunto todo eso, cuando ya no está en mi vida, cuando me tendría que dar igual… a lo mejor si lo sé, a lo mejor no quiero saberlo, a lo mejor…
 
Solo sé, que no sé cómo va acabar esta historia, no sé si habrás más fuego cruzado o si su bloqueo servirá para algo, si habrá más guerras, más batallas, más heridos o si la muerte es definitiva; pero lo que ya sé, es que nunca volveré a besar sus labios.
 


martes, 26 de marzo de 2013

LAS FOTOS (FICCIÓN)

A veces creo que aún tengo derecho a preguntarle y que me de explicaciones, como si aún fuera mi pareja. Lo malo, por decirlo de alguna manera, es que no lo disimulo. Nunca he creído que él era mio, por el echo de ser mi novio, aunque si reconozco que a veces he sido algo posesivo y cuando yo estaba de viaje, o me quedaba en casa por trabajo, me daba mucha rabia que él saliera con los amigos, y no se quedara conmigo hablando por el Messenger. Por aquel entonces era lo que se utilizaba y cuando no podíamos vernos hablábamos horas y horas; muchas de esas conversaciones acaba en pelea, cuando leía "me tengo que ir al gimnasio que he quedado" o "me voy a ver la serie". Los fines de semana las peleas eran más a menudo, ya que muchas veces él quedaba con sus amigos, mientras yo me quedaba en casa trabajando, y sin remedio, nos habíamos visto a penas unas horas; en ese tiempo no hablábamos, sino follábamos a saco, dándonos placer mutuamente y echando unos buenos polvos. Lo curioso es que teníamos esas conversaciones por el Messenger, y en persona, pues eso, utilizábamos la lengua para otras cosas.

No siempre acababa en pelea, pero la mayoría sí. Luego, si en unas horas nos veíamos, la reconciliación era en la cama. Al principio no era así, todo era bonito, curioso, romántico, pero mi trabajo absorbía muchas horas, cada vez más y él empezó hacer otras cosas. No quiero decir que eso fuera malo, ya que lo llevábamos bastante bien, pero la relación se fue enfriando o cayendo en picado, al estar demasiado tiempo separados. Primero fueron mis viajes, largos, que a veces separados por la franja horaria, a penas hablábamos. No sé si fue la falta de comunicación, si mi amor hacía él se convirtió en casi posesión, pero las cosas fueron viniendo de esa manera y no hubo manera de pararlo. Al final acabo dejándome, aunque hubo reencuentros, todos pasados por la cama; intentemos ser amigos, pero fue imposible. Con el tiempo, ya no supe de él, ni tan siquiera salía ya con nuestros amigos en común; ya no le volví a escribir, ni a llamar, y él a mí menos aún. Dejemos de existir uno para el otro. Sin más. Yo de vez en cuando si pensaba en él, aunque cada vez menos, quizás para no hacerme más daño, quizás para no volver a llamarle y encamarnos de nuevo.

Pero ayer, la casualidad de la vida, hizo que me lo encontrará, en fotos, en una página que me había jurado que ya no entraba. No es que yo entrara en esa página para buscar sexo, sino que en mi Facebook, encontré un enlace, en el muro, que me llevo a unas fotos, y ahí estaba él. Al principio dudé, porque no me podía creer que se hubiera dejado hacer esas fotos, pero los tatuajes, le delataban. Miré las fotos con detenimiento; la verdad que cada vez estaba más bueno, más fibrado, pero mi mente me decía que él no podía ser. Había fotos que no parecía tanto, pero rebusque en mi portátil, las miles de fotos de él, y si, era él. ¿Cuanto tiempo llevaba echa esas fotos? ¿Por qué precisamente en esa página? Esas dos preguntas me retumbaba en mi mente. Cogí varias veces mi teléfono, y le escribí, sin llegar a mandarlo, como si tuviera quedarme alguna explicación. No lo hice por el móvil, pero si le mande un privado a ese perfil, que con nombre artístico, se había abierto ese perfil totalmente diferente al suyo. Quizás para poder subir ese tipo de fotos, quizás para que yo no lo descubriera... menuda burrada, pensé, ¿por qué iba hacer eso? ¡Si ya no le importo! 

El mensaje, como yo me temía, no obtuve ninguna contestación. Entré en su perfil, el de toda la vida, nunca llegue a bloquearle, aunque si lo hice un par de veces, en uno de nuestros enfados en el pasado; cada vez que teníamos una discusión, la mayoría por parte mía, aunque él sabía pincharme, me daba por bloquearle, y luego lo recuperaba. Un juego de idiotas, de niñato consentido, pero siempre acababa cediendo. La cuerda se estiró tanto que se rompió. Pero volvamos al mensaje, no tuve contestación en ese perfil, y al entrar al suyo, vi que aun podía mandarle mensajes, y le escribí: "no entiendo porque te has echo esas fotos, ni cuando, si te han pagado, si es por placer o simplemente te la hiciste para follar más". Me quedé a gusto cuando terminé de escribir el mensaje, pero a los cinco minutos me arrepentí. No había vuelta atrás, no podía hacer nada. Estaba escrito, enviado, y con rabia, apagué el portátil y me puse a ver la tele. 

A la mañana siguiente, desde el Iphone, entré al facebook, para ver si me había respondido. Nada, cero, es como si aún tuviera la esperanza, de que lo fuera hacer, para volver a vernos y follarle por última vez. ¿Realmente quiero eso? me pregunté mientras me lavaba los dientes, pero no podía evitar en mirar mi perfil, una y otra vez. Ya en el trabajo, sin ninguna tentación más, decidí olvidarme del tema, decidí y reflexioné, que si ha echo las fotos es porque le ha salido de los huevos, es porque es libre, como él ha querido ser, y que no me debe ninguna explicación, ni antes, ni ahora. Así que, decidí borrar el mensaje, y pensar que ese nuevo perfil, tan diferente, tan artístico, no existía. Eso sí, la rabia que había sentido la noche anterior, de pensar que si llevaba tiempo haciendo esas fotos, que si estaba follando a lo loco, como si yo no lo hiciera, como si él no pudiera, pero yo sí, como si él no pudiera salir, y yo si, como si él tuviera que darme explicaciones, de eso, de lo otro, y yo le contará simplemente lo que me pareciera.... la rabia que había sentido, me hizo pensar que tiempo atrás le había amado con locura, que tiempo atrás si había estado realmente enamorado, cuando las cosas nos iban bien, y que el sexo salvaje, de los últimos tiempos, fue tan solo eso, sexo sin amor, que nos hacía sentir muchas cosas en la cama, pero fuera de ella, no tenía sentido que nuestra relación continuara. Oh, si hubiera pensado menos con mi polla y más con la cabeza y el corazón; oh si le hubiera dicho que se fuera tranquilamente con sus amigos, que podía llamarme a cualquier hora, quizás ahora esas fotos que vi, las hubiéramos hecho juntos. 

Pero eso nunca se sabrá, porque por mucho que nos empeñemos el pasado nunca vuelve, y a veces en un grabe error, volver atrás para intentar algo que ya no se puede recuperar. Él tiene su vida, yo la mía, y estoy casi seguro que ya ni pregunta ni una sola vez en mí; estoy seguro que ya no va con nuestros viejos amigos, porque él prefirió hacer nuevos, para no tener que cruzarnos en una sala de un bar; dejó de ir al gimnasio que solía ir, porque estoy seguro que pensó que le iba a ir a buscar. Es más, que cada vez que sale por la puerta de su casa, mirará dos veces por si aparezco de repente, que ya no coge el autobús número cinco, y que prefiere coger el metro, andar algo más, por si se me ocurre ir a buscarle. Nunca se me pasó eso por la cabeza, pero él cambio muchas cosas para no encontrarse conmigo, por que le dolió nuestro final, o porque se cansó de los últimos juegos o simplemente vio que lo nuestro ya no iba a ser lo que fue tiempo atrás; ni un polvo de lo nuestro nos hubiera unido de nuevo, porque aquellos polvos, eran como encuentros entre dos desconocidos.

Confieso que hoy antes de dormir, he vuelto a pasar por aquel perfil, porque pensé, que cuando leyera mi mensaje, pudo haberme bloqueado, sin más, pero no lo hizo quizás por algo. Quizás ni leyó el mensaje y lo borró. Pero me extraña que hiciera eso; pues eso, antes de irme a dormir, pase por ese perfil y una vez más admiré su cuerpo, como si las fotos que tengo de él guardadas, de nuestros viajes, de nuestras salidas no existiera. Y sin poder bloquearle, como en el pasado, que le borraba a la primera pelea de turno, me dormí pensando que ya no volveré a besar sus labios.