martes, 7 de agosto de 2012

RELATO VII (XII)

Entrada Original, Jueves 19 de Mayo del 2011


IX


He oído el mensaje dos o tres veces más para asegurarme que es verdad. No me lo acabo de creer del todo, pues no entiendo porque María quiere quedar conmigo. No la conozco, tan solo la he visto en la maldita cena y creo recordar que en alguna otra ocasión, pero no estoy seguro de eso. Si que voy a ir a la cita, pues me intriga porque me ha llamado; además, puedo hacer grandes averiguaciones a través de ella, sobre Marta, porque se fue llorando de la gran sala y como que pudo pasar aquella puerta; no sé lo que habrá detrás, que secretos guardan sus paredes, que silencios, cuantos temores, que miedos esconde Marta, porque la cerraba cuando vivía con ella, y sobre todo porque nunca quiso hablar del tema. Y porque María, desconocida para mí, pudo entrar con seguridad, como si hubiera estado más de una vez en la gran mansión, y supiera que se esconde allí. A parte de todo esto, también me intriga bastante porque ha esperado a que me fuera de casa y no lo ha hablado durante la cena. Si fue capaz de romper un silencio cortante, afilados como cuchillos, esperando a su próxima víctima, porque no dijo nada delante de los demás y desenmascaraba de una vez a Marta. Bueno, yo tampoco fui capaz. Quizás ella no tiene nada en contra de ella, aunque me extraña. Desconozco de que conoce a Marta, que hacía allí con nosotros, ya que no la vi relacionarse con nadie. Excepto con Carlos. Cuando entre al gran salón, ella estaba solitaria, ausente, y no la vi hablar a penas con nadie. Solo palabras sueltas, quizás por amabilidad, un saludo, un gesto y si cuchicheo con entusiasmo con Carlos. Fue capaz de hablar con esa seguridad, pero no la vi habladora. No sé, como la cena fue tan extraña, quizás le esté dando demasiado vueltas.

Creo que el resto de la noche no voy a dormir bien, pensando en mañana, en la cita, en averiguar todo. Tengo el poder en mis manos, que por otra parte, me quema, porque puede no salir bien. Pero si resulta tal como debería, podré ir a su casa y decirla todo, sabiendo que tengo ese as guardado. Pienso decirle todo. No me callaré nada, le dejaré en ridículo y limpiare mi imagen, recuperando mis amigos, a los verdaderos. Demostraré que ella es la mala y que yo fui una víctima más de su poder, de sus grandes influencias. Y por fin podré descansar.

Subo, con gran cansancio, las escaleras para ir a mi habitación. No me he llegado a terminar la última copa. Me pesa el cuerpo y casi no puedo caminar. He fumado demasiado. No tengo ganas de lavarme los dientes; me sentaría bien una ducha, pero no tengo ganas. Me contradigo con mis ideas. Pondré la radio un rato, para oír mi programa favorito, a ver si así me relajo y mañana voy lo más fresco posible a la cita con María. Tengo en mis pensamientos, grandes preguntas; necesito averiguar todo y atar bien los cabos. Me vienen imágenes de la fiesta y recuerdos del pasado. Grandes recuerdos, algunos bastantes buenos. Aquellas fiestas maravillosas que los dos organizábamos, pasándolo en grande. Subastas para los nuevos ricos, cosa que siempre me opuse; la gran orquesta, del norte, venían a tocar sus grandes éxitos; amenizaba la velada y los invitados disfrutaban realmente, hablando, bailando, riendo. También hacíamos grandes tertulias, sin dejar ningún tema en el tintero. Ningún problema, hasta que estallo la guerra en casa. Las fiestas, se convirtieron en infiernos para mí. Eran los nuevos amigos de Marta que invadían con hipocresía la mansión, hablando solo de dinero, negocios, cuadros, petróleo… dinero y más dinero. Asistí a bien pocas, pero solo para contentarla e intentar salvar nuestra relación. No sirvió de nada.

Me desnudo delante del espejo. Creo que he engordado durante estos últimos años. Me veo viejo, con canas instaladas en mi cabello, y arrugas en mi cara. No me importa envejecer, pero me hubiera gustado hacerlo al lado de la persona que ame. Me asusta la soledad, me da miedo pasar el resto de mis días hablando conmigo mismo y no poder sentir el cariño y el calor de una mujer. No creo que vaya a tener hijos a estas alturas. Ahora, recuerdo a Esmeralda, aquella relación sí que hubiera funcionado. No debí de ir a Praga. Ir aquello tampoco me sirvió para mucho, porque no se llegó a ningún acuerdo. La novela, mi gran novela, no se público y eso me jodio bastante. Las ventas de libros había bajado bastante, esa fue la excusa; me dieron falsas esperanzas durante un tiempo, pero no se llegó a publicar. Ni tan siquiera me dijeron el porqué. Dejé de escribir, no por esto, aunque si fue un golpe duro, sino más bien por el amor que sentía hacia Marta; ella me absorbía todo mi tiempo. No sé porque recuerdo a Esmeralda, una mujer tan bella, maravillosa, que por mí culpa se acabo la relación. Eso sí que lo reconozco. Y ahora, estoy solo en este gran apartamento, lleno de lujos, rodeado de regalos de Marta, regalos innecesarios, sintiéndome muerto por dentro, en mi gran soledad, en un vacio que me llena el alma… paradoja de la vida. No sé porque, pero pienso que seguiré así por mucho tiempo. La esperanza, supongo que la dejé en la gran mansión, cuando vi a Marta por última vez. Pero idiota de mí, pensé que podía recuperar el destello, cuando recibí la invitación. Me dejo helado leer aquellas frases, tan cortas, tan cursis, al estilo que ella solía escribir para todas las fiestas, para aquellos fracasados de los nuevos ricos. Sí, me sorprendió ver que estaba invitado, viendo el final del camino de mi amargura, de vengarme y de poder recuperar mi vida de una vez por todas. Pero tampoco ha servido de nada. Por eso, mañana no puedo perder el tiempo con tonterías e iré al grano cuando vea a María. Diré lo que pienso, lo que siento, sacaré la verdad, nada más que deseo eso, para hundirla. No debería de pensar así, pero no tengo más remedio. Así, recuperaré mi vida. Mi verdadera vida.

Dejo la ropa, ordenada, encima de una cómoda. La llevaría al cesto, pero lo veo demasiado lejos. Me enciendo un último cigarro, mientras busco mi emisora preferida. No sé porque se ha desintonizado; esta algo viejo, mira, algo viejo en mi lujoso apartamento. Un regalo de mi abuelo que jamás me iba a desprender de él. Marta estuvo a punto de tirármelo en una de nuestras peleas. Localizo la emisora, por fin estoy tumbado. Estoy cansado, demasiado; cierro los ojos e intento relajarme. Cinco minutos después, cuando me sentía algo más relajado, suena de nuevo el teléfono. Inquieto, me levanto de la cama sobresaltado. Esta vez sí que llego a tiempo, antes de que suene el contestador. Quizás es María, que se arrepiente de la cita o quizás se haya ido de la fiesta, supongo que tiene que haber acabado ya. Pero no, estoy equivocado. Al descolgar, oigo la voz amenazante, veo que no ha cambiado nada, de Marta. Me indica que no vaya a la cita de mañana; me pregunto cómo se habrá enterado. Parece que suplica, pero eso es imposible. Al no responder, pega un fuerte grito y vuelve amenazar acaloradamente, que si acepto la invitación, lo voy a pagar caro. No digo nada. Suspiro profundamente, lamentado el estado de ella, y mi cobardía al no responder. Descuelgo sin más y regreso a la vacía cama. Vuelvo a cerrar los ojos y una sonrisa estúpida dibuja mi cara. Mañana, pienso con cierta inquietud, ganaré la guerra.

viernes, 3 de agosto de 2012

RELATO VII (XI)

Entrada Original, Sábado 14 de Mayo del 2011


VIII

Estábamos algo cansadas y con la boca algo seca de tanto hablar. Nos habíamos bebido toda el agua y quedaba una única manzana; parecía la del pecado, ya que ninguna de las dos nos atrevimos a cogerle y darle el primer mordisco. Quedaban tres cigarros, entre las dos nos habíamos fumado casi un paquete entero. Ella fumaba más que yo. Nunca imaginé hablar tanto tiempo con una persona desconocida y menos de temas tan importantes de mi vida. La complicidad era palpable, por parte de las dos; su confianza me alegraba el alma. Las caricias habían cesado a medida que pasaba el tiempo, pero era como si sus manos no hubieran cesado de acariciar mi cuerpo, porque los nervios no pararon en todo el encuentro. Era como si me conociera de toda la vida; ella también tenía esa sensación, ya que se notaba que la complicidad era mutua, y su sonrisa dibujada en su rostro, delataba, que a pesar de contarme temas bastantes peliagudos, estaba relajada, y encantada de habernos cruzado; me mostraba su dentadura blanca, entre unos labios finos, con poco maquillaje, y de una hermosura que me cautivó desde el principio. Sentir su primer beso en mis labios, fue algo extraordinario y extraño a la vez. Nunca había besado a una mujer.

Nos habíamos levantado para poder estirar un rato las piernas; decidimos acercarnos al estanque. Mientras nos dirigíamos allí, con pasos cortos, pausados, continuó contándome la historia sobre el primer contacto con Miguel. Él solo le ofrecía una bonita amistad, pero ella quería conseguir algo más que eso. Estaba totalmente obsesionada con él. Los estudios, ya abandonados, las broncas familiares, la dejadez, le hizo ocurrir a las pastillas, que combinado con alcohol, le hizo estallar al borde de la locura. Incluso, intentó en dos ocasiones suicidarse; bueno eso hizo creer a la gente para llamar la atención. A todo el mundo se lo hizo saber llegando a oídos de Miguel, que una vez más le demostró su verdadera amistad. Quedó con ella en los billares; ella llevaba dos copas de más. En el bolso, escondidas, un par de pastillas de éxtasis, que esa noche no pensaba tomar, aunque las llevaba preparadas para lo que pudiera ocurrir. Con paciencia, Miguel le trató de quitar la copa que llevaba en la mano; le gustaba, pero no quería implicarse por todos los rumores que corrían sobre él. No le importaba, pero quería evitar el tema para callarlos de una vez; podría arruinar su gran carrera, por eso, y por él mismo, quería ser prudente. Pero esa noche, junto al billar, viéndola en el estado que se encontraba, la abrazó con fuerzas, quitándole el vaso, que cayó al suelo, por suerte era de plástico, y le beso en las mejillas. De los ojos de María estallaron lágrimas, que recorrieron amargamente su cara; se apoyó en sus hombros y le beso. No se apartó para no herirla y en parte, porque dentro de su corazón, estaba naciendo sentimientos hacía ella. Se besaron durante minutos, que para María fueron segundos, y quizás para Miguel fueron horas.

Minutos más tarde, algo más calmada, incluso algo serena, hablaron de los ratos amargos que pasaba María, de las peleas con sus amigos, familia, de los estudios. Estaba en el último curso y no podía desaprovechar las buenas notas, incluso trabajos en la galería, conseguido con grandes esfuerzos. Tras aquella noche María volvió a ser la mujer de antes, gracias a la relación que mantuvo con Miguel; en poco tiempo, volvió a maquillarse, recuperó las notas, realizó los trabajos pendientes, volvió hablar con sus amigos. Le gente la empezó a ver con ojos diferentes, tanto a ella, como a él, y eso cambió toda la situación. Los rumores, poco a poco iban cesando y la relación fue estable, bonita mientras duró. Aunque todo el mundo sabía que la relación había empezado por la obsesión de María hacia Miguel, las locuras cometidas, le dieron una oportunidad. Aunque esa situación duró hasta febrero, dos semanas antes de los exámenes. Estaban a punto de comenzar la semana difícil para los estudiantes y profesores. Fue dura, ya que los trabajos se amontonaban en las aulas; para unos corregirlos, preparar todo, para otros dedicar horas y horas a estudiar en la biblioteca de la universidad o de alrededores. Se pasaban horas sin dormir, sin descansar para poder llegar a entregar todos los trabajos, tener las lecciones aprendidas. María trabajó duramente para poder recuperar todo el tiempo perdido por sus excesos; por fortuna lo hizo excelentemente. Se preparó los exámenes a conciencia, dedicándole horas y horas al estudio. Los trabajos los preparó a conciencia y pidió ayuda a los profesores para hacer repaso. Se dio cuenta que había perdido el tiempo. La relación con Miguel iba bien, pero tuvieron que dejar de verse para poder hacer todo. Los dos tenían demasiado trabajo. A dudas pena se veían y el poco rato que estaban juntos discutían por el estrés. Al principio no le dieron importancia, pero poco a poco, algo cambio en la forma de ser de Miguel, que ella percibía a diario. Demasiados cambios en poco tiempo. Una montaña rusa parecía su vida, estaba bien, como al día siguiente estaba realmente mal. Él se volvió demasiado brusco, violento, de forma repentina cambiaba de humor, incluso en las clases. Se opuso rotundamente hacer cambios en fechas de entregas de los trabajos, incluso a los alumnos que enfermaron, cuando antes no tenía ningún tipo de problema en ayudar y facilitar las tareas. Los rumores volvieron a correr, a dispararse, corriendo como la pólvora de boca en boca y eso asustó a María. Pero como no quería volver a caer, ni estar sola, ella volvió hacer caso omiso a los rumores y lucho por mantener la relación. Los amigos le volvieron advertir del tema, esa relación nunca funcionó, y ambos lo sabían.

Hicimos una pausa. No podía entender como María había llegado a ese extremo de enamorarse y arrastrarse de tal manera, pero por otra parte podía entender que el amor es así de loco. Estábamos cerca del estanque, y allí mismo me beso de nuevo. No había derramado ni una sola lagrima y eso me hizo pensar que era muy fuerte o que había superado todo tan rápido. Tampoco quería juzgarla. Nos sentemos en la orilla del viejo embarcadero, mojándonos los pies. Nos miremos embobadas, nos dimos otro beso, sintiendo sus manos en mi pecho. Me sentía rara, extraña, pero a la vez maravillada. Al separarnos, sonreímos como dos colegialas; me acaricio el brazo, bajo hasta la mano y así prosiguió contando lo sucedido.

Tras las últimas peleas estúpidas, y de estar estudiando bastante para los exámenes, decidió tomarse un respiro. Llamó primero por teléfono a Miguel; este contestó malhumorado, pero al final accedió para poder hablar del tema, que había estado evitando durante días. Él estaba dispuesto a rectificar, aunque no reconoció el error, al igual que hizo ella. Quedaron a las seis de la tarde. Llegó puntual a la cita, no quería ponerle nervioso, ni que se inquietara por nada. Tenía que empezar con buen pie. El pequeño piso alquilado, estaba completamente desordenado. Él le abrió la puerta con mal aspecto. Olía a sudor y mezclado con el fuerte olor del ambientador, apestaba el pequeño piso. No le dijo nada para que no se inquietase y le empezara a gritar, había ido a solucionar las cosas. No se había afeitado durante semanas y no se asomaba por la ducha durante días. Le dio un beso con asco, pero bastante eficaz para no levantar sospecha. Se le quito las ganas de hablar con él, pero tenía que hacerlo para solucionar sus problemas lo más antes posible. Volvía a tener miedo y no quería volver a caer en la tentación de ser irresponsable. Reconoció su culpa la primera vez, pero en esta ocasión no.

Se miraron fijamente sin saber que decir, como empezar. Él se sentó en el sofá, roto por quemaduras; había ropa sucia encima del sofá, pero Miguel ni se inmutó. Ella apartó unos papeles de una silla vieja, rota e inició la conversación. Le parecía increíble el cambio que había dado. En clase, vestido siempre elegantemente, perfumado, bien afeitado y ahora, hecho un asco. Había terminado de corregir unos trabajos y a las clases ya casi no asistía, preparando los últimos exámenes. Esto último estaba a la orden de todos los profesores. Por la expresión de su cara hacía rato que se había levantado. Me ofreció, en voz baja, si quería tomar algo. Por la suciedad de la casa le dije que no. Él, despacio, se levantó dirigiéndose a ella, que asustándose por la expresión de su rostro y sus ojos, se echó para atrás. Le agarro fuertemente, sin venir a cuento, le besó bruscamente y le propinó una buena bofetada. Ella gimió de dolor. Le sangraba la comisura de los labios. Le volvió a besar con fuerza, agarrándola fuertemente los brazos. Quiso gritar, pero la voz no le salió. La arrastró hasta la puerta de la habitación. Forcejeó, agarrándose fuertemente en el marco, arrancándose dos uñas de cuajo. La arrastró hasta la cama sucia, desecha desde días, con las sabanas sucias. La tumbó con violencia, le ató las manos, incluso los pies. Con lágrimas en los ojos, me confesó que aquello le excitó, pero que a la vez deseo con todas sus fuerzas que la dejara marchar. Le suplicó, diciéndole que no le diría nada a nadie, que la dejara ir. Lloraba, forcejeaba con las cuerdas. Miguel fuera de sí, la golpeó fuertemente en la cara, dejándola sin conocimiento.

Sin saber ni como, ni cuánto tiempo, María se despertó en la cama de la residencia. Él estaba sentado al lado suyo. Tenía los ojos rojos de tanto llorar, y le temblaban las manos. Tenía los nudillos enrojecidos. María sentía un dolor fuerte en su rostro y en la vagina. Quiso incorporarse pero no pudo. No recordaba bien lo que había ocurrido exactamente; tenía frio, tenía miedo. No se atrevió abrir la boca. Mientras tanto Miguel, le volvió a pedir que olvidara lo ocurrido, que le perdonara, que la amaba con locura. Se puso a llorar como un niño pequeño, y le miró con ternura. Ella le creyó. Pensó en darle una oportunidad, tal como hizo él con ella. Aunque temerosa, temblando, le acarició la cara. La verdad que tenía miedo a dejarle porque creía que se iba a quedar sola, y que el comportamiento de Miguel podía cambiar. Las dudas le invadían la mente, pero creía no tener otra opción.

Me quedé helada al oír las duras palabras de María, y no supe reaccionar. Le pasé el brazo por encima del hombro para intentar calmarla. Había empezado a temblar, recordando el dolor. Yo pensé que al principio la culpa había sido suya, por haberse obsesionado con él, y también por haberse dejado atar en la cama, en las primeras relaciones sexuales; le gustaba, pero aquello era demasiado fuerte para mis oídos. Paralizada por su miedo, por su reacción, no pude comprender porque le dio una segunda oportunidad. Si, él se la había dado, pero no era cuestión de perdonar una cosa así, demasiado para una chica tan dulce y amable como ella. Podría haber perdido la carrera por aquel hombre. Y él, tan cobarde, pegándola, queriendo demostrar que era suya y de nadie más, y que la tenía en sus manos. Tuve que encender otro cigarro para calmar mis nervios. Su dolor, en ese instante, lo hizo mío.

Continuó contándome que los demás compañeros le preguntaron por los golpes marcados en su rostro. Puso la típica excusa, que se había resbalado en la ducha. Podría haber dicho que se había caído por las escaleras, le hubiera servido igual. No supo bien si se lo creyeron o no, pero la cuestión era es que nadie indagó en si aquello era cierto o no, nadie le iba ayudar, aunque no tenían porque, si ella contaba que sus moratones era por caídas. Ningún compañero se atrevió a preguntarla la verdadera razón de sus cardenales. Él único que puso verdadero interés fue Marcos.

El mes de febrero ya estaba encima y los exámenes habían comenzado. Las notas de los trabajos las iban poniendo en los paneles. A ella le habían ido bien. Algunos controles fueron duros, pero los superó sin ningún tipo de problemas. Los esfuerzos habían valido la pena. El cuadro lo había terminado a tiempo y a Marcos le había gustado mucho. Le propuso hacer una pequeña exposición en una de las salas de Salamanca. Fue el principio de la relación y de hablar con él algo más en serio. Cuando tuvo la oportunidad de quedarse a solas con ella, le preguntó por los moratones, pero ella no contesto. Los ojos entristecidos, llenos de lágrimas amargas, le dio la respuesta adecuada, aunque ella no hubiera contestado. María se marcho, sin contestar respeto a la exposición y se fue a refugiar a los brazos de su novio, como si fueran un buen refugio. La relación con él había cambiado algo, pero ella sentía miedo cada vez que estaba a su lado, pero se contradecía cada dos por tres. A veces pensaba en dejarle y otras continuaba felizmente con él. Era contradicciones que nadie entendía. El interés que mostró Marcos por ella, le abrió el camino para darse cuenta que tenía que dejarle y volver a empezar lejos de allí. Su carrera estaba a punto de terminar y no podía perder el tiempo con aquella persona que tanto daño le hacía. Pero no se atrevía a decirle nada; se sentía amenazada, y dejarle podía costarle la vida. Las relaciones sexuales con él eran escasas y eso le ponía furioso a un Miguel tan distinto a la persona dulce que fue en su momento. Pensó en todos los rumores que se habían dicho. La gota de la paciencia se estaba acabando y una noche, en la misma habitación, pero esta vez limpia, ordenada y bien ambientada, después de una cena intima, tuvo la oportunidad de hablar con él y dejar las cosas claras. Habían cenado algo ligero y habían bebido algo de vino. Él más que ella. Quería estar ebria para hablar con él con claridad, y así, poder marcharse por su propio pie si se ponían las cosas feas. No era cuestión de estar borracha y no poder escabullirse. Mientras cenaron no hablaron de nada en concreto y fue bien aburrido. Trato de sacar el tema, pero el miedo le invadía y tampoco tuvo oportunidad. Él solo hablaba de tonterías y casi no la dejaba hablar. Después se sentaron en el sofá. La cogió de la mano. Temblaba de miedo pero seguía sin atreverse a decir nada. Todo lo que había pensado no le salía en palabras. Se arrepintió de haber aceptado la invitación. Él se acercó a sus labios y le beso apasionadamente, con fuerza. Se dejo llevar por un instante, pero sus manos sudaban por el miedo. Las de él, apretaban sus brazos con una fuerza brutal. La hacía daño; quiso chillar, pero se paralizó por el terror que recorría sus venas. Sus besos pasaron a ser mordiscos, y sus manos abarcaban su cuerpo, con fuerza, sin dejarla a penas mover. La lengua recorrió su cuerpo. La llevo a la cama. No se detuvo antes los sollozos de ella. Le suplicó, pero hizo caso omiso. Le volvió a golpear para que se callara; salvajemente le propinó puñetazos; le tapo la boca. Él se excitaba cada vez más, al verla llorar, al verla sufrir. La pegó de nuevo, y la violó sin ningún tipo de compasión. Después, como si no hubiera pasado nada, la limpio la sangre en la bañera. La lleno de agua caliente, y la enjabonó con extrema suavidad, como si se tratara de otra persona, como si ella le hubiera pedido ayuda a él.

Después la seco con mucho cuidado, la llevo a la cama y allí la abrazó. Ella no dijo nada, se dejo hacer. Se quedó callada sin saber qué hacer en ese momento. Se sintió sucia por dentro, vacía, extremadamente estúpida por no haber reaccionado. Pensaba en que si hablaba Miguel era capaz de matarla. Pero tenía que hablar con alguien. Tenía que huir de su lado, pensar en el mañana, en su futuro.

Al día siguiente volvió a mentir a sus compañeros. Las preguntas fueron directas y concretas. La gente ya imaginaba que era Miguel quien le golpeaba. Algunos comentaron que ella se lo había buscado, al principio sí, pensé yo, no lo niego, pero después la violencia fue por parte de él, tan solo de él. Los rumores eran ciertos. Ella esquivo las preguntas como pudo, pero Marcos no se lo permitió. María aquella tarde, salió escopeteada de la clase de Marcos, antes de que Miguel la pasara a buscar. Marcos sabía el por qué y tenía que pararle los pies, y a ella ayudarla en todo lo que pudiera. No podía permitir que esa mujer destrozara su vida por un hijo de puta así. Era cuestión de tiempo que hiciera algo más. Por eso, salió tras ella y en uno de los pasillos se puso delante de ella para que no pudiera huir y esquivar sus preguntas. Fue directo al grano, sin ningún tipo de pudor. Ella lo negó al principio pero sus lágrimas la delataron. No aguanto más, el dolor, el sufrimiento que Miguel le estaba causando. Y decidió hablar con él. Se fueron por la puerta de emergencia para que la gente, compañeros, no va vieran salir de esa manera. La llevo a su casa, y allí hablaron con tranquilidad. No entendí bien porque María no decidió denunciar a un hombre tan deplorable. No lo entendí, pero ella tampoco pudo darme una explicación lógica. Respeté su decisión, pero para nada la compartía.

Lo difícil para ella fueron las semanas siguientes. Miguel se opuso rotundamente a la ruptura. Le pidió perdón con ramos de flores, llamadas continuas, incluso se puso de rodilla… pero María ya no aceptaba su perdón, ni los regalos. Marcos le ayudó a superar sus miedos y se enamoraron. A los cuatro meses de todo aquello se fueron a vivir juntos. Pero ella, aunque le amaba con locura, y así era, necesitaba olvidar todo el asunto y desaparecer una temporada. Tenía que encontrarse a sí misma y recuperar el tiempo perdido, trabajar en los cuadros olvidados… por eso decidió ir a París durante un tiempo para desconectar del todo y de todos.

jueves, 2 de agosto de 2012

LAS VACACIONES QUE NO LO SON

Noche calurosa la de este 3 de Agosto del 2012. Me fui a la cama alrededor de las 3.30 y he dado demasiadas vueltas; falta de sueño y con la calor no puedo dormir, por eso he decidido levantarme, aunque mañana, es decir, dentro de nada, me tengo que levantar para trabajar. Pero no hay manera de poder dormir, ni con el aire acondicionado puesto, Morfeo no llega y los minutos pasan; ya ves, son ahora mismo las 4.51 y aquí ando escribiendo esta entrada. Hacía tiempo que no escribía a estás horas, pero es que no hay manera de pegar ojo, y eso que la siesta ha sido corta, porque si hubiera sido como otras veces, pues mira, yo me lo hubiera buscado.

Pues nada, aprovecho para escribir esta entrada y mañana viernes ya descansaré. Empezare explicando que este fin de semana, lo volveré a pasar junto a mi hijo. El lunes se va de vacaciones a Menorca, con la familia materna y hasta mediados de septiembre no le volveré a ver, ya que yo marcho a Italia, como explico en una de mis anteriores entradas, y para el 22 de Agosto, más o menos, eso ya se ira viendo, marchare a Sídney, unas tres semanas más o menos; este año no voy a ir más tiempo porque tengo otros proyectos que realizar en otros lados y con ese tiempo será suficiente para grabar los spots más importantes, todo esta sincronizado, todo esta preparado para que nada falle y si fuera necesario, pues me quedaría un mes, pero espero que no sea más tiempo; primero porque tanto tiempo sin ver a mi hijo no sé si podría estar (este año no me va acompañar, y entiendo a Lucia que quiera pasar las vacaciones con su familia. Y este año ire solo a Sidney ya que necesito a todo mi equipo en Madrid) y segundo por otros proyectos tal como he dicho antes; este 2012, aunque ya lo he dicho en varias ocasiones, está siendo distintos a otros años, y con tanto trabajo, pues voy organizando la agenda según convenga, según sea necesario estar en un lado u otro. Incluido Madrid.

Aún no sé bien cuando me voy a ir para Italia, pero me imagino que será la próxima semana. Eloy, mi brazo derecho para los que no lo sabéis, está de vacaciones, y pondré a Susana al cargo de las cosillas que puedan ir surgiendo en Madrid. La mitad de la gente está de vacaciones, pero todo está bien controlado, no hay fallos, no hay errores y estamos cumpliendo con todos los plazos; eso nunca ha sido problemas, pero si es cierto que estamos dando el cien por cien, más diría. Pero el reto ha formado parte de mi vida y cumplirlos, es la mayor satisfacción que puedo lograr. Por eso la importancia del buen ambiente, del buen rollo que tenemos entre nosotros, del buen equipo. Mi trabajo me satisface diariamente, aunque como en todos lados, hay días malos y buenos, pero entre nosotros hay buen rollo y somos capaces de dialogar cuando es necesario; a veces no es fácil ser jefe, y tener todo organizado, pero mis compañeros (empleados) son buenos profesionales, y no me dan demasiados problemas, aunque obvio que a veces les tengo que echar bronca, pero siempre con respeto, que es lo que importa. De esto ya he hablado en otras ocasiones, pero este año, me siento más orgulloso, si cabe, de tener el equipo que tengo, de grabar los spots que hemos grabado, de la organización, de las risas que nos pegamos, del trabajo que realizamos, de las horas que hemos echado, de los viajes, este año 2012 está siendo un buen año y los contratos con las firmas se renuevan solas y hemos conseguido los objetivos; más que eso, nuevos contratos, los cinco premios, reconocimientos y la satisfacción que te digan que eres buen profesional. Estar rodeado de mis compañeros es un gran orgullo, como persona, como amigo, como jefe, todo está unido y eso es lo mejor que nos puede suceder.

He titulado la entrada así, porque este año no voy a tener vacaciones; el año pasado si pude cogerlas (estuve en la casa que tengo en Segur de Calafell), pero este año es imposible tenerlas, ni tan siquiera una semana; lo bueno, es que estaré, una vez más en Australia y podré disfrutar del tiempo libre en esa ciudad, que año tras año, me cautiva (este año saldré desde Italia para  Sidney e ire solo, porque necesito a mi equipo entero en Madrid, cosas de proyectos y así se hará). Como allí ya tengo amigos, algunos de ellos forman parte de Aussebum, y gente que he ido conociendo con el tiempo, pues disfrutaré de las noches que salga, de cenas, de conocer rincones que aún no conozco, y de sexo. No son vacaciones, y estaré ocupado, pero estar allí es un privilegio que no puedo negar; al igual que mis viajes, pero de este tema también he hablado en anteriores entradas y no es cuestión de repetirme, aunque podría hacerlo no? 

Pues creo que con esto es suficiente, y tan solo me queda deciros que nos vamos leyendo en las redes sociales y los que me conocéis pues antes de irme, espero que nos podamos despedir en persona.

Besotazos y hasta la próxima.

IPHONE

Entrada Original, Miércoles, 11 de Mayo del 2011


Todo el mundo me convenció para comprarme un Iphone y maldita la hora que me deje llevar por el impulso que tuvo de comprármelo. La verdad que estoy encabronado, muy cabreado con los de Apple en general. A ver si me tranquilizo y puedo explicar una vez más, otra puta incidencia. Hoy creo que va a estar lleno de tacos. Si la otra vez no iba contra ellos, ni sus productos, creo que esta vez me voy a quedar corto.

Vamos al lio. Creo que tengo que tener el gafe “iphonero” porque lo que me está pasando no es normal. Esta es mi tercera entrada sobre el Iphone, en realidad sería la cuarta, pero el anterior problema me ahorre de contarlo. Tras la incidencia de Itunes e Iphone, que realmente era por culpa de Windows, y de habérmelo solucionado, y de haberme regalado un año extra del seguro, y de haberse disculpado, en el puto Iphone, me salió un poro, una burbuja, un picotazo en el cristal, pero por dentro del Iphone. Y para joder más la marrana, al lado “destellaba” unas líneas amarillas. Cabreo doble. Llamo a su servicio técnico para ver qué solución me podían dar, menos mal que localicé un 900, porque me clavaron 35 pavos la primera vez que les llame por pocos minutos que estuve hablando con ellos. Eso sí, amables cien por cien, eso no lo niego, y serviciales. Me comunican que al tener seguro, me tienen que dar uno NUEVO sin ninguna explicación, ya que según les conté, eso era un error del Iphone, que había salido defectuoso en una de las producciones; es decir, admitían que seguramente a más de uno le puede pasar, y si tiene la suerte, pues no le pasara nada. Que para ir rápido fuera a la tienda en Xanadú cosa que hice. Pues nada, me dan cita, me presento, y si, me atiende amables, y sin ningún problema, me comentan que me van a dar uno nuevo. La sorpresa, y sospecha, es que no me piden los accesorios, ni la caja de mi anterior teléfono. La chica que me atendió, se dirige al mostrador, y de una caja negra, de caucho o algo similar, saca un Iphone 4 de (32 mb), con su plástico y me comenta que es totalmente nuevo, pero que Apple siempre aparta una cierta cantidad para incidencias de producción, pero que no me preocupara, que era NUEVO. En fin, me convence su explicación, tampoco iba a desconfiar, mis datos de mi “viejo” Iphone me los borra delante mío, y éste me lo reinicia para que tenga línea. Y que desde casa, con mi última copia de seguridad, lo actualice y ya está. Todo rápido, todo muy bonito, me hace firmar una factura, con precio 0, les doy mi correo para enviar documentación y con un amplia sonrisa me dice, que si vuelvo a tener alguna cosa, pues me atenderán encantados. Supuestamente puedo tener mala suerte en una ocasión, pero ya dos y encima tomándonos el pelo, pues como va a ser que es mucha casualidad.

Esto fue el viernes 6 de mayo; ya por la noche en casa, lo actualizo desde mi copia de seguridad y todo de puta madre. Y como el fin de semana celebre mi cumple, 35 tacos cumplí el sábado 7 de mayo, aprovecho ya a decirlo, pues el teléfono a penas lo utilicé. Ya sabéis que lo celebre por todo lo alto y que llegué el domingo a las cinco de la tarde. Cena, copas, disco, y sexo. Mucho sexo.

Bueno, ese no es el tema… pues eso, a penas lo utilice hasta el domingo tarde-noche. Pues vi la primera incidencia. Estaba en Twitter y el teléfono se apaga y se reinicia solo. Pensé que batería y que bueno, a ver lo que pasaba. Pero ayer lunes, 9 de mayo, ya fue el colmo de los colmos. Por el día, la batería me duró menos de lo normal, pero no paso nada. Ya por la noche se me reinicio como 8 veces, cuales 3 de ellas seguida, no me localizaba la señal wifi, me indicaba que la contraseña era errónea, cuando se guarda la señal automáticamente… introducía la contraseña y nada. Mi wifi os aseguro que estaba perfectamente, pero no contento con esto, el Iphone se me reinicio totalmente solo, como os digo, ocho veces… hoy martes, ya llevo 7 reiniciaciones. Estoy cabreado, de mal humor, aunque intento reírme de esta situación, llamo al 900, y una gilipollas, de tantas que ahí, que por cierto no sabía que donde te atienden no están en España, me dice que no debí de hacer copia de seguridad y restaurarlo como nuevo, al menos lo intente. Le explicó la situación y dice que les envié el móvil por USP, totalmente gratis, vaya que “amabilidad”, que lo vienen a recoger y a los cinco o seis días me envían otro. Claro me quedo sin teléfono, porque a ellos le apetezca, no sé cuando me envían el mío, y no puedo hablar físicamente con alguien. Le pido cita de nuevo a Xanadú, que prefiero ir a la tienda (3 veces en NY), más dos veces aquí en Madrid, y que si yo pague 700 pavos (me lo compre libre) es para que funcione… o no?

En fin, que esta tarde de nuevo iré y creo que esta vez ya no seré tan amable y creo que con educación, se puede decir las cosas, pero se las voy a dejar bien claras las cosas, porque me pueden tomar el pelo una vez, pero dos va a ser que no.

Por la tarde me presentó unos 40 minutos antes, hablo con Jordi Sans, no estoy tan nervioso como la otra vez, pero quiero que acabe la pesadilla ya. Ahora que lo estoy escribiendo, ya no lo escribo en caliente, pues puedo reflexionar un poco más. Vuelvo a repetir que contra Apple no tengo nada, pero si que estoy jodido porque ya es el tercero que me dan esta vez. Sé que algunos pensareis que soy un pesado, pero es lo que quiero escribir en estos momentos.

Bueno, me atiende uno de los tecnicos y no me pone ninguna pega. Me confirma que el teléfono es nuevo, pero que viene separado de la producción, sin acesorios, pero esta certificado como nuevo y que he tenido mala suerte, pero que los teléfonos, y Apple no es perfecto y siente mucho lo ocurrido. Sin más, le digo las cosas claras, con educación. Me da otro teléfono nuevo, con una disculpas. Es cierto que me regalaron un año más de garantía, y eso se agradece.

Llegó a casa, lo restauro con el Itunes, y me dió un pequeño problema, que resolví rápidamente, y por mi cabezoneria. Ahora que tengo este Iphone, nuevo, que aún no me lo acabo de creer del todo, puedo deciros, ya más calmado que va de puta madre, pero espero que está vez sea el definitivo...

Nada más que añadir, espero no tener que hacer ninguna entrada más, aunque nunca se sabe.

Hasta la proxima.

martes, 31 de julio de 2012

LA CAJA

Entrada Original, Miércoles, 4 de Mayo del 2011


Todo el mundo deberíamos de pasar una vez en la vida por “La Caja”. Por supuesto que es mi opinión, pero creo que nos vendría bien a todos. Te liberas de tus fantasmas, de tus sentimientos y después llega una rica calma. Los que han pasado, incluyo a los anónimos creo que compartirán conmigo esto. Sé que las cosas no se arreglan por arte de magia, pero uno se tiene que sentir liberado, soltar esa adrenalina, esos sentimientos que muchas veces no te deja avanzar, pero creo que se debería de continuar con sesiones si fuera necesario. Yo el viernes, 29 de abril del 2011, me liberé y mucho con la caja de Belen Esteban. Sé que mucho no os gusta, pero hay muchos que sí. No comparto todo lo que hace, dice o deja de hacer, pero sinceramente hay temas que si lleva la razón y si es necesario la defiendo. Y el viernes ella sufrió (bueno cuando lo grabara) y así se reflejo, tanto en directo como dentro de la caja.

Pero esa no es la cuestión, lo que me hace dedicar esta entrada al programa de Tele 5 es lo que conlleva el entrar, llámese Belen, Pepita, o Jorge (como dice Kiko Hernández en más de una ocasión desde el plato, que por cierto, sus declaraciones tampoco me dejaron indiferente). Lo importante es lo que se cuenta dentro, lo que uno va soltando a medida que las imágenes avanzan. Yo el viernes, tal como dije en Twitter, lo pase realmente mal viendo el programa. ¿Por qué lo vi? No sé si os preguntáis eso, pero yo os respondo: Primero porque quería verlo, segundo sabía que si lo veía iba a llorar, como muchos de vosotros, somos mortales. Un hombre también llora, será antigua esa frase, pero aún veo, leo, observo (cuanto tiempo que no os cuento que me gusta observar) el machismo, la estupidez de decir que un hombre no puede o no debe llorar en presencia de otros… absurdo decir que un hombre es menos hombre por llorar… si señores se sigue escuchando, al igual que se dice que la mujer debe de estar en la cocina y el hombre trabajando. Se sigue diciendo, lo creáis o no, yo lo sigo oyendo, quizás muchísimos menos que antes, por suerte, si se le puede llamar suerte a eso, pero aún hay gente muy chapada a la antigua… eso podría ser otra entrada.

Pues bien, lo vi porque me gusta el programa, somos cotillas, y no me avergüenzo de reconocer que me flipa el cotilleo, como al que más, y quería verlo y así lo hicimos (en plural porque lo vi junto a Lucia y a mi pequeñuelo). Pues eso, que me gusto mucho el programa, y solté todos mis sentimientos con lagrimas, todo el sufrimiento que uno lleva dentro, que sabiendo que está ahí, lo tapa o no quiere verlo. Sufrí con ella, sufrí porque mis padres ya no están conmigo, porque les echo de menos (dejo claro porque seguro que algún energúmeno/a me dirá que si solo le echo de menos cuando veo un programa de este estilo); no señores, les echo de menos todos los días, y aunque parezca mentira lo digo, porque conozco estúpidos que puede criticar esta actitud. Claro que me la pela, pero ya me dijeron en más de una vez que mis padres seguían vivos y que me inventaba eso para dar lastima. Si, aún hay muchos hijos de puta que llegan a decir eso para tener protagonismo, pero que triste es que tengan que decir o hacer daño para sentirse superiores por un instante. Triste y lo vuelvo a repetir, unos hijos de puta. Pues bien, les echo de menos a diario, pero uno no puede estar pensando todo el día en seres queridos, ¿sino no viviríamos tranquilos no? Pregunta que me respondo yo de nuevo. Es ley de vida, y el día de mañana me moriré, te morirás, y los que se quedan intentan pasar página o continuar la vida lo más feliz posible, porque quien no puede hacerlo tiene una depresión de caballo y acaba “loco”. Pero cuando ve imágenes, o ves sufrir a otras personas, pues lógico que los sentimientos afloren, que no significa que se tenga que llorar, no creo que las lagrimas, sean más o menos o no las haya, sean sinónimo que sufres más o menos… creo que el concepto está claro. Pues eso, que el viernes lo pasé realmente mal viendo la caja de Belen Esteban, viendo como lloraba por la monja que la cuidó y ayudo a su familia, lo de su padre, pues me derrumbé, mientras Lucia me acariciaba en silencio. Me vi a mi mismo viendo a mis padres, y otros familiares, amigos, los que ya no están conmigo. Vi a mi padre sentado en el sofá, en silencio, callado, no hablaba mucho, pero muy feliz. A su lado, a mi madre, sentado siempre dándole la mano. Los vi juntos, sé que lo están, y lloré, lo pasé mal, y me venían a la cabeza imágenes de cuando era pequeño e íbamos al parque; de cuando mi padre venía de trabajar con alguna chuche o se pasaba por el colegio por el patio. Vi a mi madre con la tarta de chocolate en la mesa, o un plato de macarrones que tanto me gustan; la vi en la cocina, la vi limpiando, ayudado por mi padre y luego por mí a medida que iba creciendo; la vi sufriendo por mí, la vi abrazando a mi padre, los vi corriendo detrás de mí, en el despacho del director, en la cama un domingo, esperándome en la puerta porque me había ido de fiesta y aún no había regresado (ya os conté cuando “desaparecí” con la mujer mayor), los vi tan guapos, tan cariñosos, eran tan buenos, y un largo etcétera de imágenes; pues eso, que esos sentimientos no están dormidos, porque son recuerdos, vivencias, que nunca olvidaré, pero no se puede estar pensando en eso todos los días. Pues todas esas imágenes se me pasaron por la cabeza cuando Belen lloraba por los suyos. Aún viéndola así, leí que estaba haciendo el papel de su vida; si parece increíble, pero es cierto, leí que eran lagrimas de cocodrilos. ¿Cómo se puede decir algo así? No te gustará, incluso la “odiaras”, pero decir algo así de alguien que verdaderamente estaba pasándolo mal, me parece de muy mala persona, para mi es lo mismo quienes me dijeron que mis padres continuaban vivos…

Pues bien, tras esa pequeña tempestad, llegó la calma, la paz… no sé cómo explicarlo para hacerme entender, pero tras llorar a lo largo de todo el programa (recuerdo una frase de Mercedes Milá en estos momentos, si lleváramos una cámara las 24 horas cuantas cosas nos podríamos avergonzar, por mal hablados… más o menos decía algo así) pues esto viene al caso porque si yo en ese momento me hubieran grabado, hubierais visto que estaba pasándolo mal en ese momento, pero tras reflexionar, de pensar que ellos están juntos (crea o no en la iglesia, creo que ya lo he dicho muchas veces, no creo), de pensar que fueron felices, que me querían con locura… llega una paz interior que te relaja. Y les recuerdas de otra manera. Tíos intento explicarme lo mejor que puedo, pero bueno, espero que me hayáis entendido.

Pues creo que mi caja por hoy se ha cerrado y sé que se abrirán en más de una ocasión, pero hoy me siento mucho mejor por haberme liberado.

Hasta la próxima, besotazos.

lunes, 30 de julio de 2012

RELATO VII (X)

Entrada original, viernes 29 de abril del 2011

VII
Las pausas entre nosotras cada vez eran más intensas, llena de emociones y de grandes sentimientos. Me alegré mucho de nuestro encuentro, aunque después lo lamenté durante bastante tiempo. Me dio una confianza en exceso, algo que me hizo explicar las cosas tal como era. Había comenzado por mi viaje a la Villa, para que pudiera comprender todo, lo anterior y lo posterior, que era algo desconocido hasta para mí. Había ido allí para huir de Miguel, aunque quizás no fuera necesario, ya que había encontrado el amor de nuevo con Marcos. Aunque lo necesitaba, realmente era así y por eso lo hice. Además me ayudo en progresar en mi carrera como artista. La propulsión necesaria me la facilitó Marcos. Eso a muchos artistas y sobre todo a sus jefes, le desagradaron bastante, ya que recibí bastantes críticas por aceptar trabajos que él me facilitaba, ya que decían que por mi misma no podría haberlo conseguido. Eso no era cierto, ya que con el paso del tiempo, demostré que era buena en mi campo. No lo decía yo, sino las revistas especializadas, hablando de mis obras, de mis exposiciones, y de mis dos grandes obras. Me había propuesto conseguir mi trabajo por mí misma, aunque no niego que su ayuda me viniera bien. En París fue donde conseguí mis mayores triunfos y volver allí, para desconectar y concentrarme en mi gran obra, fue la mejor elección de mi vida.

Nada más llegar, me instalé en un pequeño estudio, regalo de un familiar, en el mismo centro de la ciudad. Mi marcha a Marcos no le sentó demasiado bien, aunque comprendió que necesitaba estar aislada para concentrarme y sobre todo para que Miguel no me encontrara. Le conocí en el último curso de mi carrera de Bellas Artes. Era profesor de dos asignaturas. Era atractivo, pero realmente no era mi tipo. Tampoco necesitaba estar con nadie. En esa época estaba concentrada en mis estudios y bastantes trabajos tenía yo, para encima mantener una relación estable con un chico. También tenía a mis amigos y no necesitaba estar con ningún hombre. Mis relaciones con ellos, los hombres, eran normales, y realmente nunca me había enamorado. Había tenido mis aventuras, pero nada serio y la verdad que no me apetecía. Y menos con él, que tenía una fama bastante detestable. No sabía si era verdad o no, pero no quería arriesgarme.

Confieso que al principio me fijé en él, pero me di cuenta que no tendría nada serio con él, por eso, simplemente asistía a las clases como una alumna más, sin mirarle, sin inmutarme. Eso sí, él, en todas las clases no me quitaba ojo, mirándome las piernas cuando llevaba falda corta, fijándose en mi pelo ondulado, rubio, que llevaba por aquella época estudiantil. Me ponía nerviosa esa fijación, incluso cogí miedo. No iba sola a ninguna parte, por miedo de encontrármelo. Los rumores corrían en boca en boca, involucrándome directamente a mí. Decían que yo me había enamorado locamente de él, que mi amor era obsesivo, posesivo, que le seguía a todas partes, que le molestaba, que interrumpía en clases con preguntas estúpidas, que me hacía notar y millones de barbaridades. Lo que más me dolió fue que dijeran que me gustaba que me pegara. Por supuesto mis amigos me apoyaron, y lo sobrellevé lo mejor que pude. Por suerte no afectó para nada a mis estudios. A él no le importó lo que decían de nosotros, ya que la fama le venía de lejos, y le daba exactamente igual que dijeran eso de él. Además, yo sabía que él si se había fijado en mí; no era cierto que me siguiera, pero me daba miedo estar sola, en cualquier lugar siempre iba acompañada.

Con el tiempo, tras su insistencia, y comprobando personalmente que los rumores se iban disipando, los anteriores, y a los nuevos infundados por envidias, decidí darle una oportunidad. También salí con él para dar un escarmiento a mi padre. Me había obligado estudiar en aquella universidad, cual cosa me opuse, pero no me dio opción. Sabía que si salía con el profesor no le iba a gustar, le iba a molestar, y era como una especie de de venganza. Aunque reconozco que poco a poco fui conociéndole fuera de clase y me llegó a parecer más interesante de lo que yo me creía. Los estudios iban bien, y salir de vez en cuando no me iba a venir mal. Por eso, tras la última clase, acepté irme a tomar un café, por supuesto, fuera de la universidad para poder hablar tranquilos; era incluso necesario hacerlo.

La cita fue bien, demasiado bien y a partir de ahí empecé a tomarme en serio, que nuestra relación amorosa podría ir más allá de unos simples encuentros sexuales. Nos fuimos viendo poco a poco. Todo iba estupendamente hasta que una noche, me ato a la cama. Al principio me excitó, me dio morbo, pero a medida que iba actuando me asusté. Supliqué que parara, pero él violentamente me golpeo. Después me amenazó que si hablaba del tema o si le dejaba que me mataría; tras prácticamente violarme, al día siguiente, él mismo me curó las heridas, pidiéndome perdón, suplicándome que no le dejara, confesándome que se había enamorado de mí locamente, y que esa noche se había tomado algo de coca. Aturdida y aterrada, le creí, le perdoné como una idiota, para que aquello no sucediera más. Pague muy caro el haber continuado con él. Las semanas siguientes fueron bien, y parecía que volvía a ser él mismo, aquel que conocí en las citas: tan romántico, tan pacífico, tan amable, simpático, maravilloso, atento, aquel cual me enamoré lentamente y con seguridad. Mientras, Marcos, el otro profesor, se había fijado en mí; yo no lo supe hasta más tarde. Por aquel entonces, como yo estaba con Miguel, pues nunca se atrevió a decirme nada. Fue un error por parte suya, o quizás mía… no sé, quise creer tanto en Miguel que no me daba cuenta el daño que me estaba haciendo. Solo fue cuestión de tiempo que Miguel volviera a pegarme; y yo, con un miedo atroz, continuaba con él, inventándome historias sobre los golpes recibidos… hasta que no soporté más la situación, harta de llorar en la oscuridad, de mentir a mis amigos, de evitar a mi madre, ya que a mi padre le hubiera dado igual… harta de esconderme del mundo. Menos mal que Marcos se dio cuenta que algo pasaba entre nosotros dos, y aquella mañana, saliendo del lavabo, me había ido a maquillar los cardenales, me paro en medio del pasillo para que hablara claro de una vez del tema y denunciara a Miguel. Apoyados en una de las taquillas, me sentí incomoda y a la vez, aliviada por dos brazos fuertes, protectores. Confesé todo lo ocurrido, con una rapidez inexplicable, con lagrimas en los ojos, que no sé si se entero bien. Medio aturdido, prefirió que fuéramos hablar fuera de aquellas paredes; él se fue a buscar sus cosas y yo necesitaba las mías. Me salte el resto de las clases, pero necesitaba entrar a buscar mis llaves. El bolso estaba en una de las sillas y no había nadie en ese momento. Me daba miedo que entrará Miguel, que me hubiera visto hablar con él, no quería que se enfrentaran por mi culpa, no quería sentirme culpable. Tenía esa sensación. Nos fuimos a su casa, para estar más tranquilos, y así poder desahogarme sin que nadie me viera llorar y montar el espectáculo en medio de cualquier cafetería. Una vez acomodados en su casa, con una tila recién hecha, le expliqué todo lo ocurrido. Me escuchaba con atención, comprendiéndome cada palabra, mientras me limpiaba las lágrimas derramadas por el cabrón que me estaba haciendo daño. No quise denunciar, no valía la pena. Él no estaba de acuerdo conmigo, pero era mi decisión y lo prefería así; pero esto no acabo aquí. En los meses sucesivos, gracias a la ayuda de Marcos, comprendí que aquel hombre si podía hacerme feliz; me estaba enamorando de él. Al principio creía que era por la ayuda que me estaba ofreciendo, por su cariño y ternura hacía mí, pero el paso del tiempo me demostró todo lo contrario. Me enamoré y sigo enamorada de él, a pesar de haber mantenido una aventura con Marta. Sé que es difícil de entender, pero yo sé lo que siento. A los cuatro meses de estar saliendo, nos fuimos a vivir juntos, necesitando mi tiempo que me tome en la villa francesa.

Pero Miguel no se quedó con los brazos cruzados. Había ganado de cierta manera, ya que nunca puse la denuncia, y estuvo molestándome, siguiéndome, llamándome… y dejándome como una puta embustera; hubo gente que le creyó a él, otros que no. No le echaron de la universidad y eso provocó que Marcos se enfrentara a él en múltiples ocasiones, defendiéndome en todos momentos. Y sin saber porque, desapareció de mi vida. Yo me encontraba bastante mal y necesitaba desaparecer, por eso tome la decisión de irme una temporada fuera de la ciudad, siendo mi destino la villa. Pero el remedio, bastante eficaz en su momento, fue peor que la soledad que nunca temí, conocer a Marta y saber que Marcos también tenía sus secretos, como mantener dos relaciones a la vez, con la jodida anfitriona que supo como engañarme.

Todo eso se lo iba contando, con exactitud a Marta, apoyadas en aquel árbol que tanto me relajaba. Sentadas en el mantel de cuadros verdes, fumando y comiendo manzanas recién cogidas. Me había escuchado con atención, bastante asustada, y dándome ánimos para continuar el viaje que había comenzado en la villa. Después le toco a ella contarme su vida, y me toco a mí darle ánimos.

Tras haberme comentado, el descanso que se estaba tomando con Pablo, uno de tantos, comenzó a explicarme como conoció a Marcos. Fue en una subasta realizada en Nueva York, de una forma bastante peculiar. Ella estaba tonteando con Pablo, pero en uno de sus viajes a la gran manzana, para conseguir unos cuadros de un cliente, en época que trabajaba con ilusión, aunque no le hiciera falta, le conoció en dicha subasta. Él era el organizador de la subasta y ella nada más verle se fijó en él. Aunque su corazón estaba ocupado por otro hombre, a ella en ese preciso momento no le importo demasiado. Su relación tampoco era estable del todo, por eso, con decisión decidió conocerle. No tenía intención de mantener ninguna relación sexual con él, aunque sus deseos se dispararon al ver lo apuesto que era. Le miro fijamente a los ojos, cristalinos como un rio de aguas frías; le cautivó su sonrisa, comentando que era perfecta, obviando detalles que me hiciera saber que se trataba de mi novio. Yo nunca supe de ese viaje. Me contaba que fue como un flechazo. Continuó explicando que durante la subasta, él no le quitaba ojo a ella, y cuando toco pujar por los cuadros que fue a buscar, puso tal empeño que lo consiguió, a penas sin esfuerzos, pues fue veraz y bastante eficaz. Esto le impresionó a Marcos, que aún teniendo el corazón ocupado por mí, tal como me decía que estaba enamorado, no le importó demasiado, ya que la primera noche se acostó con ella. Después de la subasta, ella le invitó a cenar, en un buen restaurante, y después fornicaron, cosa que ambos lo deseaban. Supongo que ninguno de los dos se contó las relaciones que mantenían en ese momento, lo supongo ya que Marta ni tan siquiera me lo insinuó.

Sinceramente me sorprendió bastante el desparpajo de Marta, en invitar a un hombre sin conocerle, y más teniendo el corazón ocupado. Aunque bueno, si lo pienso bien, yo también he mantenido relaciones sexuales con gente que apenas conozco, así que no sé porque me sorprendió tanto y quizás en su situación hubiera hecho lo mismo. Prosiguió con la historia. Me contó que después de aquella noche, hubo llamadas, mensajes, citas y algunas noches de pasión, aunque no hablaban de ningún futuro en común. Aunque después, cuando la relación con Pablo empezó a funcionar de nuevo, tomó la decisión de dejar de verse, sintiéndose algo triste, aunque más tarde retomaron su gran aventura, cuando se encontraron de nuevo; ella sufriendo de nuevo por Pablo, él sin ataduras, cual cosa no era cierto. En ese momento la creía a pies juntillas, luego ni una puta sola palabra. Marta, paró un momento para tomar un sorbo del zumo, sin dejarme de acariciar la mano; tomo aire y continuo. Marcos y ella se convirtieron por un tiempo en amantes, sin ser capaz de dejar a Pablo, aunque sufriera, le amaba. En aquel instante sentí celos por la relación que habían mantenido, aunque después les hubiera matado a los dos al encontrarle juntos en la habitación, atando cabos por todo lo que me había contado aquella tarde; tras pillarles, gritarles, llorar, le pregunté a Marcos y éste me contó otra versión bien distinta.

IPHONE E ITUNES (2)

Entrada Original, Jueves 28 de abril del 2011

Esta entrada no creo que sea muy larga, pero quería aclarar algunas cosas. En primer lugar que el Itunes ya reconoce mi Iphone, por fin me lo solucionaron y esta todo en perfecta condiciones y ahora estoy más tranquilo y feliz jeje, sabiendo que no voy a tener más problemas. También quería deciros, que para nada estoy en contra de Apple, simplemente que en la tienda de Nueva York, la primera vez que fui, y que la tuve que liar, no me han atendido como yo esperaba. Les conté el problema que tenía, y que ya conté en la anterior entrada, y ellos se amparaban en los primeros 90 días, ni tan siquiera sabiendo que me queda un año y pico de garantía, ni mirarme ni mi equipo, ni tan siquiera mirando el Iphone en sus ordenadores MAC. Por eso la lie, pero no por tener en contra nada de ellos y sus productos.

En segundo lugar, Lucia fue de nuevo, con mi portátil y a ella, no sé si la misma persona, la atendieron correctamente. Al indicarle que era un PC, le indicaron que seguramente se trataba de alguna “pestaña” del Windows 7 que impedía que arrancara correctamente el Itunes, incluso al abrirlo, me bloqueaba el equipo, teniéndolo que reiniciar. Pues bien, dicho y hecho. Lo probaron en sus equipos y el Iphone va perfectamente. Pusieron un CD a mi portátil, y detectaron en tres minutos el problema. Quitaron dicha “pestaña” y mi Itunes ya reconocía mi Iphone. Problema resuelto en menos de diez minutos, con una sonrisa incluida. Yo estaba en un centro comercial esperándola, con nervios, ya que no podía quedarme quieto sin saber si por fin iban a solucionarme el tema o si tenía que esperar a mi regreso a España. Pues bien, cuando la vi con la sonrisa, y afirmando con la cabeza, pues me alegré un montón. Ya respiraba tranquilo.

Pero esto no acaba aquí. Esto fue el miércoles 20 de abril, que tomándome el resto del día libre, nos fuimos a casa con nuestro peque y a dar una vuelta. Al llegar al loft lo comprobé de nuevo y todo iba perfecto. Luego, creo que ya por la tarde-noche antes de cenar, actualizando dos aplicaciones el Iphone se me bloqueo (ya sé que no soy el único) y se me ocurrió actualizarlo a través del Itunes. Pues nada, no sé qué demonios hice, ahí si fue culpa mía, ya reconocí que de informática cero patatero, cosa que también quiero aclarar después… pues eso, no sé que hice que el Iphone no me iba, y tuve que restaurarlo entero, menos mal que tenía copia de seguridad y el Itunes ya me funcionaba, y no fue tan lioso como las otras veces. Así que tuve que medio empezar de nuevo, ordenar las aplicaciones, ya actualizadas, y ala, no sé porque la agenda no se me instaló y no tenía ningún número de teléfono. Por mi trabajo tengo miles de teléfonos, tanto profesionales, como personales, y nada no hubo manera de que se me instalara la agenda. Pero ya más calmado y sabiendo que el Itunes me funcionaba, tuvimos que volver a Apple, ya el jueves, y bueno, me estuvieron explicando los puntos más importantes de las actualizaciones, copias de seguridad, etcétera. Esta vez fui yo, me atendieron de mil maravillas, al igual que el 902 de ellos y todos tan contentos. Ya me explicaron el funcionamiento, y ahora si puedo decir que más o menos lo entiendo, y que todo está correctamente. Costó lo suyo, pero al final tengo el Iphone como yo quería, que el Itunes me lo reconoce, que Apple se comportó correctamente, excepto en la primera visita, y yo ya nos os daré la brasa en Twitter, ni en Facebook sobre este tema.

En resumen todo está perfectamente. Para que veáis que menuda historia he pasado con el Iphone desde que lo tengo. Pero lo que cuenta es que está todo solucionado.

El otro punto que quería aclarar, aunque creo que no hacía falta, pero como algunos me habéis preguntado y os ha sorprendido, como si fuera el único hombre de la tierra que no sabe de informática, es que aunque este bastante pez, y sea un cero a la izquierda, no quiere decir, que sobre programas, herramientas me maneje bien y sobre temas relacionados con la publicidad, hablando informáticamente, no sepa. Si señores sé y mucho, joder tan patoso no soy. Es mi mundo y es más, algunos de los que utilizo lo crearon expresamente para mi empresa, a petición mía. Y bueno, por eso decía que no hacía falta hablar sobre esto, pero quería dejarlo claro. Que no creo que todos sepamos de programación y a veces una cosa tan sencilla, para mí y el resto no es tan obvio. A ver quien sabía que Windows 7, dicha pestaña, que ni tan siquiera sé el nombre, me jodía el Itunes, creo que nadie lo hubiera acertado.

En fin, que tampoco le voy a dar más vueltas al asunto, que ya tengo solucionado el tema, pero como hable de ello, pues quería explicar el resto. Y que sobre la informática que sé lo que tengo que saber para desenvolverme en mi trabajo, que joder que para eso soy un as… y para eso están lo que estudiaron informática para ayudarnos. Que a la gente que me aconsejaron os vuelvo a dar las gracias. Y en esta vida estamos para aprender.

También quiero decir que el martes Jordi Sans, si otra vez él, me ayudo a dejar todo preparado para descargar música, actualizarlo, hubo solo un pequeño chillido jejeje... pues lo dicho esta todo solucionado.

Hoy jueves, sorpresa, una carta de Apple indicandome que me regalan un año más de garantía, por las molestias causadas. Se lo agradezco.

Hasta mi próxima entrada. Besotazos de mi marca registrada.