viernes, 18 de mayo de 2012

RELATOS VI

Entrada Original, Miércoles, 20 de Octubre del 2010


Rafaela tiene dos hijos adoptados porque nunca pudo tener hijos propios. Esta felizmente casada con Pablo, un abogado importante de uno de los mejores bufetes de Madrid. Ella dejó de trabajar durante un tiempo, ya que necesitaba hacer reposo para ver si se quedaba embarazada. No necesitaba trabajar, pero se sentía muy sola en casa, ya que su marido se marchaba temprano y no volvía hasta la noche; se aburría, pero entendía que las pruebas que se estaba realizando, su marido era fértil, ella no, y por recomendaciones del médico, se tenía que quedar en casa, casi sin moverse. Se aburría, si, porque las señoras que tenían en casa hacían todas las faenas domesticas, incluso no le dejaban a penas cocinar. Su pasión. Se pasaba horas y horas delante del televisor, viendo programas de marujas, novelas y demás estilo. De vez en cuando leía, pero eran demasiadas cosas. A penas salía a la calle, ya que sus amigas sí que trabajaban; cuando salía iba al parque, con alguna de sus amigas, que si eran madres. Ella había estudiado educación social, pero tuvo que dejar los viejos albergues, los centros de menores, cuando decidieron ponerse en serio para buscar al bebe deseado. Pero eso nunca llego.

En esa época, no fue muy feliz y cuando le diagnosticaron la infertilidad, se sintió muy desgraciada. Pero su marido, comprendió por lo que ella estaba pasando; dejó su egoísmo a un lado, ya que a él le daba igual ser padre. Por eso, dejó de lado todos sus pensamientos y se puso a favor de su mujer, que la amaba con locura; mira que había tenido oportunidades de ponerles los cuernos, con bellas señoritas, que algunos de sus colegas traían como compañía, en los largos viajes; pero jamás puso una mano encima a otra mujer; ni tan siquiera a Natalia, su secretaria, que le tiraba los tejos cada dos por tres. Eso Rafaela lo sabía, pero confiaba mucho en Pablo; y así fue, como Pablo le dio la sorpresa a su mujer. Iban adoptar a dos niños gemelos de un pueblo de Rusia.

Los tramites eran largos y pesados; unos cuantos viajes a Rusia para ver la desolación de los orfanatos; niños atados como perros, niños desnutridos, mal cuidados, por falta de dinero, higiene y una burocracia que no podían pretender; ver aquello les hizo soñar con más fuerzas, para al menos salvar a dos niños de aquel error. Mira que Rafaela había visto muchas desgracias, familias enteras desestructuradas por un feroz paro en España; padres que se tiraban a la bebida y perdían todo, acabando en un triste y frío albergue. En el centro de menores, niños marroquís de ocho años que habían cruzado la frontera bajo camiones y se dedicaban a robar. Niños rumanos, pequeños ladronzuelos enganchados al pegamento; violentos, maltratados, pero como aquello que sus ojos vieron en Rusia jamás.

Pasaron dos largos años hasta que llegaron los gemelos a casa; dos largos años de trámites, visitas, papeleo, test psicológicos y demás historias burocráticas. Fueron largos y a los dos se les hicieron eternos. Pero ese día llegó como el momento más feliz de su vida. Fueron a recogerlos hasta el orfanato, con todos los papeles en regla y al cogerlos en los brazos, les dio un fuerte beso. A llegar a España, hicieron una presentación familiar, con una gran fiesta por todo lo alto. Por fin Rafaela era madre y su vida cambiaria para siempre. A los dos meses, les bautizaron, celebrándolo con todos los seres queridos. Oficialmente ya tenían los apellidos del padre y de la madre. Algunos familiares no vieron con buenos ojos aquella adopción, y a regañadientes tuvieron que aceptarlo. Sobre todo la madre de ella, que algo racista, no entendía porque habían adoptado a dos niños rusos, habiendo niños españoles necesitados. Se lo había dicho por activa y por pasiva, pero Rafaela no estaba dispuesta a consentirle, ni por asomo, su absurda teoría. En España la adopción hubiera tardado, como poco, cinco años y era más difícil adoptar en el propio país, que uno extranjero. No estaba dispuesta a esperar tanto tiempo y era su decisión y de nadie más. Su madre tuvo que aceptar, aunque cuando tenía ocasión protestaba sin cesar. Viuda desde hace años, católica como la que más de su generación, hablaba con sus intimas amigas, de una manera amargada, sobre sus nietos. De hecho, nunca les llamo así.

Al año y medio, les inscribieron en la guardería. Pablo continuaba con sus largos y eternos viajes, eso no pudo evitarlo y Rafaela para no volver aburrirse, buscó un trabajo a media jornada en una institución de menores. Estaba a las afueras de Madrid. Allí había chicos y chicas de todos los países; la mayoría con padres, que lejanos en sus países, ellos habían venido con algún familiar mayor de edad, pero ilegalmente, bajo camiones, escondidos en contenedores, en pateras, buscando una felicidad que nunca encontraron. Al ser abandonados por sus hermanos o primos mayores, empezaron a robar y coquetear con las drogas. Algunos de ellos eran huérfanos y habían huido de sus países por alguna guerra que no podían comprender, cayendo en las garras de un país en crisis. Creían venir al paraíso y se encontraban con un infierno, en sus nuevas vidas. Algunos, la mayoría, se convirtieron en jóvenes delincuentes y al no haber acuerdos con los países de orígenes, les encerraban en instituciones donde casi no había solución. Su jornada laboral empezaba a las nueve de la mañana a una del mediodía, justo para recoger a sus hijos y darles de comer, pasearle por las tardes, dormir la siesta con ellos y poco más. Algún fin de semana iban a la casa de la playa, donde disfrutaban de largos paseos, comidas con los amigos y en verano buenos baños. Sus hijos iban creciendo con normalidad, y donde en Rusia una leve enfermedad, era casi la muerte segura, o secuelas para toda la vida, en España se curaron con una rapidez pasmosa; escandalosa para la mayoría de mortales, ya que no podían entender que nadie, ni el Gobierno anterior, ni el de ahora, hicieran nada para mejorar la salud de los niños, en general de todos los rusos. Pero no podían quejarse, ni tan siquiera denunciar, ya que las autoridades saben de sobra lo que ocurre en aquel país.

Los meses iban pasando con bastante ligereza, y el trabajo para Pablo y Rafaela, en abundancia, no hacía que pasara menos tiempo con sus hijos. Contabilizaban bien los horarios, se compenetraban al cien por cien, y la felicidad reinaba en su casa. La familia política de Rafaela, había encajado bien la llegada de los niños, incluso iban a visitarle con frecuencia. Había normalidad en sus actos y palabras; sin en cambio en la familia de ella, sobre todo la madre, las cosas eran totalmente diferentes. Casi no le afectaba, aunque si le dolía que su madre no aceptara del todo a sus gemelos. Apenas iba a visitarles y cuando su hija les llevaba a casa, casi siempre ponía una excusa para irse y así evitarles. No podía comprender, como una abuela, adoptiva o no, no tuviera cariño a esos dos niños y sin en cambio era toda una abuela para sus otros nietos. Eso escocía y mucho, en la familia, pero no hablaban del tema, ya que la madre de Rafaela había evitado siempre hablar de ello, como si la cosa no fuera con ella. No era el único familiar que esquivaba el tema, sus tíos, hermano de su madre, tampoco veían con buenos ojos a esos dos dulces niños. Pero le afectaba menos, e intentaba tener normalidad en las conversaciones, pero era difícil, cuando éstos, casi nunca iban a verlos. Durante un tiempo, apenas hablaban y las primeras navidades fueron difíciles, ya que no recibió ni tan siquiera una postal, cuando cada año se desvivían por ella. En fin, al final se acostumbro a ese desprecio y no le quito ningún ápice de felicidad. De vez en cuando lloraba o se desahogaba con alguna amiga, o primas bien avenidas. Es lo único que podía hacer.

Sus primeras semanas en el trabajo le costó un poco, ya que llevaba tiempo sin trabajar. Las normas seguían siendo la misma, controlar la violencia de los chicos, separarles en caso de peleas, pero a veces era bastante duro; los chicos se las ingeniaban para encontrar algo punzante, incluso había visto estampar contra un cristal a una de sus compañeras. No tenían respeto hacía las personas, ni a los bienes materiales de su casa de acogida. No podían salir a la calle, aunque había excepciones, en alguna excursión algún lugar de Madrid, pero no era lo habitual, ya que algunos escapaban y eran encontrados bajo cartones en alguna calle desapercibida de la ciudad. Pero no sé cómo se la ingeniaban para salir de allí, ya que más de uno se había escapado en más de una ocasión. Al igual que fumaban a escondidas, que mantenían relacione sexuales con algunas chicas del centro. Es más, incluso entre algunos chicos homosexuales, había varias relaciones estables. Éstos estaban separados del grupo principal, porque marginados por la vida, repudiados o huidos de sus países de orígenes, se sentían mucho peor que el resto. No por las compañeras del centro, que trataban por igual a todo el mundo, sino por los propios compañeros, que con un odio desafiante y nunca visto, les hacía la vida imposible; el centro optó la medida, más que prudente de separarles. Algunos psicólogos, no estaban de acuerdo con esa opción, pero tampoco tenían otra. En el centro la vida era bastante dura, porque a ellos se les intentaban enseñar algún oficio, pero no estaban los chicos por la labor.

Las chicas tampoco se libraban de sus peleas, casi callejeras, ni de los castigos. Algunas de ellas, mayores de 17 años, con algún hijo a su cargo, mantenían relaciones sexuales con algunos de sus compañeros del centro. Los asistentes, les proporcionaba preservativos, pero algunas creían que tener un niño en España iba a ser su salvación y no los utilizaba y volvían a quedarse embarazada. Era el pan de casi cada día. Rafaela, que había ampliado su horario, a medida que sus hijos iban creciendo e iban ya al colegio, pasado ocho horas en el centro, incluso a veces diez. Intentaba ser lo más comprensible con todos ellos, pero algunos abusaban de su confianza. También había recibido más de un golpe, o había sido empotrada en una de las cristaleras, pero su trabajo le gustaba, le satisfacía, porque veía que algunos de ellos eran capaces de salir.

Al medio año, llegó de Marruecos un chico de 17 años. Alto, fuerte, guapo, esbelto. Le habían llevado allí por robo y alguna pelea callejera en el barrio de Lavapiés. Había robado desde televisores en los almacenes de Alcorcón, hasta vender drogas en las puertas del instituto. Había llegado en patera con un hermano mayor, pero este, casado, marcho hacía Francia y allí consiguió un trabajo y una vida mucho mejor que no en España. Pero abandonó a su hermano o éste desapareció, ya que no quería seguir sus pasos. Sus padres, de un pueblo del oeste de Marruecos, pagó una fortuna para que sus dos hijos varones marcharan hacía Europa, en una vieja patera y pagarán con duros trabajos para poder recuperarse. Cosa que no harán, porque la cosa esta mal en el mundo, pues en esos lugares mucho peor. Tendrán a sus hijas, en ocasiones, como esclavas sexuales, para poder llevarse algo a la boca. Lo que no sabrán, es que sus hijos deambularan por Europa hasta que encuentre un país que les acoja, le den trabajo, papeles; pero sus hijos, luego desagradecidos, no harán nada para ayudar a su familia. Unos porque no podrán ayudarles y otros porque se podrán acomodar hasta olvidarse de su humilde origen. Y eso le paso al hermano de Omar, que cuando se pudo instalar en Francia, conseguir ayudas del estado, una casa donde vivir, se olvidó de sus padres. Al principio llamaba cada día, luego fue dejando de llamar y de enviar dinero; ahora todo es para él, su mujer y sus tres hijas. No quiere saber nada de su país y no hace como otros compatriotas, viajar cada verano, soportar horas en la aduana; él se queda en Francia, incluso viaja por Europa, como uno más. Sin en cambio Omar, corrió otra suerte. Al pisar tierra Española, fue perseguido por la policía. Se separó casi desde el principio de su hermano, pero tenían ambos planeados reencontrarse en Madrid, en casa de un familiar lejano, con un negocio ya montado, quien les indujo a dejar su casa; pero la cosa no fue así. Tras escabullirse de la policía, encontró un trabajo, mal pagado, por supuesto, recogiendo frutas. Les pagaba una miseria y dormía junto a quince más en una pequeña estancia. Al menos, eso pensó él, aquí si llueve no me mojo, como algo y bueno, tengo un pequeño paso para conseguir los papeles. Pero el futuro de Omar, y de muchos como él, era trabajar catorce horas, recogiendo frutas de la temporada, los papeles nunca llegaban y el dinero no era suficiente para salir adelante. Estuvo así unos cinco meses, y harto ya de promesas, de vivir en esa situación, partió hacia Madrid. Allí su primo, lejano, le acogió durante una temporada, pero su hermano ya no se encontraba. Le intentó llamar, en más de una ocasión, pero como si no fuera la cosa con él, éste pasaba totalmente de decirle donde se encontraba, y que se espabilara. Al principio ayudaba a su primo en el negocio, pero las malas compañías hicieron mella la relación. Él le dijo donde se encontraba su hermano, y le aconsejó que se marchara con él; que dejara de frecuentar el bar del barrio, dónde iban los jóvenes delincuentes a emborracharse y a drogarse. Que fuera decente, que él le iba ayudar, pero si seguía así, le iba a echar de allí. Omar, tan feliz cuando tomaba alguna sustancia, empezó a robar en los barrios de más influencia turística; le era fácil, tenía agilidad con las manos, luego llegaron las grandes mercancías, junto a su grupo de amigos. No lo eran, pero él creía que sí. Fue detenido en varias ocasiones, pero eso no le servía de escarmiento. Estuvo a punto de ser extraditado, pero se escabulló marchándose a un pueblo de Barcelona, durante una temporada. Pero allí no se encontraba a gusto, y conociendo algunos delincuentes juveniles, estuvo un tiempo, en un centro de menores. Pero allí se las ingenió para escaparse, regresar a Madrid y empezar a deambular de un lado para otro. La verdad, que es bastante inteligente, pero no sé si por las influencias o por su mala cabeza, no quería aprender los oficios que pudo aprender en varios lugares. De su hermano, ya no quiso saber nada; su primo le dijo que allí no volviera, que él tenía un negocio y él si ayudaba a su familia. Por lo tanto, volvió a las viajas andadas, hasta que unos africanos, le consiguió un pequeño trabajo y unos papeles, los necesarios para seguir estando en España. Pero él quería ser libre, y no pensaba en ningún progreso, solo vivía el día a día, y regresaba casi todas las noches aquel viejo bar. Allí mismo fue de nuevo detenido, hasta ser ingresado en el centro de menores, donde Rafaela trabajaba. A punto de cumplir los dieciocho, su vida pegó un giro de trescientos sesenta grados. La de él y la de Rafaela.

El día que se conocieron, Rafaela ya llevaba casi un año en el centro trabajando; le había ocurrido varias historias desagradables, con una de las chicas, que le había amenazado incluso de muerte, por tratar de ayudarla. Ella lo llevaba bastante bien, a pesar de estar en situaciones violentas, en la mayoría de veces; ver a diario como chicos se destrozan la vida, no era plato de buen gusto. Ella, podría estar en casa tranquilamente, llevaba una vida bastante cómoda, pero no se sentía llena estando en casa, esperando a su marido, que seguía llegando a altas horas de la noche; con sus hijos pasaba el tiempo suficiente, al menos ella lo veía así. Una de sus amigas le había ofrecido trabajo en una boutique, pero ella no estaba dispuesta a soportar a gente adinerada, súper pija, que se probaban trajes y trajes y casi nunca compraban nada. Prefería ayudar a gente desamparada, aunque tuviera que soportar a veces, gritos a diarios, peleas, broncas… podría hacer media jornada, pero el centro la necesitaba en pleno rendimiento. Es más, Rafaela había estudiado para trabajar en cetros así, y aunque no le hiciera mucha falta, quería continuar. Su familia, la madre, le decía en cada momento que no sé lo que hacía allí trabajando; sus tías lo desaprobaban, pero era su vida, y no se iba a dejar manejar por nadie. A veces, pensaba, que trabaja en el centro para fastidiar a su madre. Ella seguía sin ver a sus nietos y eso le rompía de dolor, y era como una especie de venganza. Sí que es cierto que muchas veces se preguntaba qué hacía allí, pero cuando veía que de verdad estaba ayudando a alguien, tan inocente, a esas edades que podrían salir de ese pozo, se sentía realmente satisfecha.

Con Omar le pasó. Esa mañana, alrededor de las diez y cuatro, uno de los abogados del centro, junto a dos psicólogos, entraron por la puerta de cristal, roto por uno de los lados, y que estaban esperando a ser arreglado, con ese chico de pelos rizados, característicos de los magrebís; era alto, esbelto, fuerte y Rafaela pensó para sí misma, que si tuviera unos cuantos años más, que no le importaría enrollarse con él. Sonrió al tener ese pensamiento, y se puso colorada, como si alguien pudiera leer su mente. Ella tenía papeles que rellenar, y tras no quitarle la mirada durante unos segundos, fijó sus ojos en los formularios. Omar, que había notado sus ojos negros en los suyos, sonrió. Le llevaron hacía las duchas, allí se pudo cambiar y le llevaron al cuarto de las manualidades. El protocolo siempre era el mismo. Llevarle allí, hablar con él a solas, intentar entender su vida, que le había llevado allí, vamos, entender su situación. Siempre estaba un abogado presente, dos psicólogos, la directora del centro y según el turno, alguno de los monitores, en esa ocasión era Rafaela, que con unos cuantos años de experiencia, sabía tratar a los chicos. Aunque hiciera mucho que no ejercía, ya llevaba el tiempo suficiente para poder estar en estas charlas. A parte, no había demasiados monitores donde elegir, porque muchos, tras ver las trifulcas, las cuchilladas y demás movidas, se largaban en cuando podían.

Se había puesto un chándal, obtenido con los pocos recursos que tenía el centro. Omar no había venido con maleta, ni tan siquiera con una pequeña bolsa. Aquello era raro. Olía a limpio, y en uno de los momentos que se puso de pie, le marcaba en la entrepierna, su pene. Para la edad que tenía estaba bastante desarrollado. Rafaela apartó ese pensamiento obsceno, y empezó a escucharle de verdad. No hacía falta ningún traductor, se defendía muy bien en castellano. Explicó su situación lo mejor que pudo, lleno de tacos, pero se le entendía a la perfección. Se le notaba que era inteligente, y que no había sabido aprovechar el irse con su hermano a Francia. En primer lugar, le tenían que ayudar a quitarse algunos hábitos; no iba a ser nada fácil, pero no imposible. Y le llevarían al taller de carpintería. Esto lo iban deduciendo al ritmo que él iba explicando todo. Era fácil de adivinar, que no había podido estudiar, dado la situación familiar y otras circunstancias, pero sus rasgos, sus palabras, quitando los tacos, hacían presagiar que no le iba a ir mal en el taller. No sé, todos llegaron a la misma conclusión, que si hubiera aprovechado ciertas situaciones, ahora podría estar en un puesto de trabajo, al menos decente; se sabe que la vida, con la crisis, estaba puta, pero parecía tener talento con sus manos. Y era bien cierto.

Esa noche, Rafaela soñó con él, en escenas bastantes subidas de tono. La verdad que hacía mucho tiempo que no practicaba sexo con su marido, y el percibir la forma del pene de Omar, necesito desahogarse. Era guapo, bastante y no aparentaba la edad que tenía. Aunque se quito esa imagen de la cabeza; era una locura pensar en él sexualmente. Conocía personalmente algunos casos de algún monitor que se había enamorado de alguna chica y le había sacado de allí. Pero no todas habían terminado bien, ya que aparte de estar prohibido, la gente no lo veía con buenos ojos. Críticas por parte de la sociedad, por parte de la familia, y bastante ya tenía con su madre; la mayoría de ellos se habían conocido en el centro y una vez cumplido los dieciocho años y no tener demasiadas faltas grabes, es decir, que podían salir de allí con libertad, habían convivido. Unas terminaban mal, la mayoría, y un bajo porcentaje terminaba casi como en un cuento de hadas.

Rafaela nunca había sido infiel a su marido, y la verdad que le quería mucho, pero últimamente a penas se veían y menos aún mantenían relaciones sexuales. Pero a eso, a pensar en Omar como un hombre, había un abismo. Cuando se masturbó, imaginando su pene en su vagina, en sus manos, se lo quitó de la cabeza de un plumazo, pensando en sus dos hijos, que crecía en harmonía.

Al día siguiente, pidió a la directora trabajar cien por cien al lado de Omar; ella, como buena profesional, quería ayudarle, tenía posibilidades, a pesar de todo lo que había vivido. No sé, ese chico le había llamado la atención, como algunos que habían pasado por el centro, acabando sus estudios, sus talleres… eso si debía apartarle de las malas influencias, que de eso estaba lleno el centro. La directora no se opuso, Rafaela, era bastante buena en su trabajo y le dio permiso para implicarse en el nuevo inquilino del centro de menores.

Los primeros días fueron duros para ambos. Él quería seguir a su aire, aunque estuviera atrapado allí. Ella quería ayudarle con toda su fuerza. Él se oponía a sus palabras, a sus tácticas, pasando un poco de lo que hablaba y a veces se largaba a mitad de las clases de carpintería. Tenía talento, eso lo dijo el profesor, pero se resistía atender y era difícil de dominar. Pero cada vez las charlas con Rafaela, pasaron ámbitos más personales, incluso a íntimos. Él supo darle la vuelta a la tortilla y le llevo a su terreno. Ella fue quien hablo de su vida privada, aunque consciente de hacerlo, no podía parar. Él la miraba con ojos tiernos, casi comiéndola con la mirada. Rafaela, tiene treinta siete años, y aún era bastante atractiva. De eso era consciente, pero felizmente casada; se puso nervioso con la mirada intensa, de sus ojos negros, intensos, como una noche estrellada, por el brillo que transmitía. No sé, le cautivó su manera de expresarse, como un adulto, sin tacos, sin malas palabras y sin saber bien porque le besó en la boca. Enseguida se apartó y nerviosa, se levantó del suelo, eso sí, observando la tremenda erección de Omar. ¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Cómo ha llegado a esa situación? Las preguntas le retumbaban en la cabeza, sintiéndose culpable por aquel beso. Salió del centro, a fumarse un cigarro, aunque llevaba tiempo sin probar ni un cigarro. Pero siempre llevaba en el bolso, sin saber bien porque. No podía dejar de pensar en Omar, en su erección, y en la dicha situación. No había sido nada profesional, se decía Rafaela; ¿Qué pasara cuando llegué a casa? ¿Le podré mirar a la cara? Preguntas que le atormentó durante el resto de la tarde; sin volver a entrar, le hizo buscar el bolso a uno de sus compañeros y salió del centro directamente a su casa, para refugiarse en sus hijos. Pensó en no volver más.

Así estuvo unos días; no piso el centro, y alegó que estaba enferma. Un médico, amigo de su marido, le dio la baja por cualquier cosa; éste le debía algunos favores y le suplicó que no se lo contara a su marido. No hacía falta que lo hiciera, ya que Pablo, al contarle su esposa que no iba a ir a trabajar, durante unos días, incluso que a lo mejor dejaba el trabajo, se alegro bastante. Él nunca quiso que trabajara, y menos en centros de menores y albergues, pero como lo habían pasado tan mal con el tema de los niños, le consentía casi todo. Así que, no preguntó el porqué no iba a trabajar. Ella no entendía que no le preguntara el porqué, y no se entendía a si misma por haberle engañado; no por el beso en sí, sino por no decirle que había cogido la baja. Algo que ni ella misma no comprendía. Si fue una estupidez, se decía una y otra vez, no volverá a ocurrir… ¿y si no era así? Esos días se hicieron eternos, llenos de preguntas, sin respuestas; en vez de aclararse, pensaba más en el pobre Omar, y en el resto de chicos. No podía abandonarle ahora, pero tampoco podía implicarse tanto. ¡Si solo fue un beso! Una y otra vez, como una noria, giraba la frase. El remedio de no ir fue peor que la desdicha del beso en sí.

A los ocho días, tras pasar las horas junto a sus hijos, algunas amigas y una visita, más que sorprendente de su madre, volvió al centro. Los compañeros le preguntaron cómo se encontraba y disimuló bastante bien. Estaba algo nerviosa. Al psicólogo, al más mayor, le preguntó por Omar, y la respuesta le gustó; demasiado, se dijo a sí misma, al saber que Omar estaba teniendo un comportamiento bastante bueno; no se había dejado ninguna clase, en el oficio de la carpintería, y estaba llevando bastante bien el tema de no probar ningún cigarrillo, y de algún otro vició que había adquirido en la calle. Fue como un milagro. ¿O fue mentira lo que él había contado? La conclusión fue que no; no había mentido, había sido verificado por el trabajo riguroso del centro. La verdad que Rafaela se sentía feliz. Esos primeros días, no se atrevió a mirarle a la cara.

Dos semanas después del primer beso, llegó el segundo. Ella durante ese periodo de tiempo no había dejado de pensar en él; Omar, se había masturbado a diario pensando en ella. Fue un amor a primera vista. Él no le daba importancia a la gran diferencia de edad, pero ella solo pensaba en eso; ni tan siquiera había pensado en un instante en su marido y sus dos hijos. Tampoco había ido más allá de unos pensamientos sexuales, pero sí que reconocía que sentía algo extraño por él. No podía quererle, pero sentía una gran atracción física irresistible. Nunca le había pasado esto con otro hombre y veía que sus sueños se derrumbaban a pasos agigantados; pero no se iba a permitir cometer el error en hacer algo con él. Aunque eso le duró poco. Tras continuar las sesiones diarias y ver que había progresado mucho, hicieron una sesión individual los dos solos. Omar en frente de ella, le iba explicando más cosas de su vida. Rafaela escuchaba atentamente sus palabras y en un momento de la conversación, no pudo resistirse. Se levantó, se acercó a él y le beso en la boca, mientras las manos le acariciaban su pene. Notaba como crecía en su pantalón y deseaba tocarlo, olerlo, sentir su calor. Omar le acariciaba los senos, insinuantes tras una blusa fina. Ese instante fue mágico para los dos. Normalmente esas sesiones se hacía en una sala sin cámaras, por eso ella quizás se dejo llevar. Sus labios se separaron, mientras se miraban a los ojos. No hicieron falta palabras, con la mirada se decían todo. Se acariciaban mientras se daban besos cortos e intensos. Un cosquilleo recorría los dos cuerpos. Sabía que no podían hacer nada más allí, en el centro no iban a tener intimidad. Además, a la vez que Rafaela sentía una felicidad rara, sabía que no podía ir más allá de esas caricias. La edad, su profesionalidad se lo impedía. Pero no daba marcha atrás; se dejaba llevar por los instintos primitivos.

La hora y media había pasado y tenían que salir de allí. Ella tenía que presentar el informe sobre su impresión y él tenía que regresar al aula de carpintería. Se despidieron con un beso apasionado y sin saber bien el porqué, Rafaela le prometió que haría todo lo posible para verse fuera de allí. Y así hizo. Tras presentar el informe y los siguientes días, la cosa iba bien. Él había cambiado de la noche a la mañana, como si nunca hubiera tenido problemas. Para tener diecisiete años, sabía cuidarse solo. Había cometido muchos errores, pero estaba aprendiendo de ellos y muy deprisa. También se sentía bien con Rafaela y se estaba enamorando de ella, aunque no sabía bien lo que iba a pasar, iba a luchar por ella. Sabía de sobras que no iba a ser fácil, y más en el tiempo transcurrido, ya que nunca se había enamorado de aquella manera. Él estaba seguro que era amor, y la verdad que si lo era.

Pues la promesa llegó a la tercera semana tras esa pasión; habían tenido otros encuentros, para nada fortuitos, con encuentros escondidos, besándose por rincones donde la cámara no les veía. Ella apenas había hecho el amor con su marido y no se sentía culpable por ello. Si que le entristecía y se reconcomía la cabeza cuando pasaba las largas tardes con sus dos hijos. Era como si no les quisiera ya, como si hubiera sabido todo esto no lo hubiera adoptado. Era duro, y mucho, reconocerlo, pero se sentía así. Mala madre, como la suya. Nunca llegó a imaginar pensar así, pero quería estar con él. Pues una de las tardes el sueño se cumplió. Tras hablarlo con sus superiores, le concedieron una pequeña excursión a ambos solos; ella dijo que le iba venir bien salir unas horas de allí y hacer una terapia en el aire libre, le iba hacer reflexionar más duramente de lo que había hecho en el pasado. Puso todo su empeño para conseguir esa libertad, y la recompensa fue espectacular. Los dos salieron hacia las cuatro de la tarde, con algo de abrigo, comenzaba a refrescar, y se dirigieron hacia el parque. Rafaela se sentía joven a su lado. No pudieron darse la mano en ningún momento, en la calle, a plena luz, pero ella le tenía reservado una sorpresa. Cerca de aquel parque, antiguamente, su marido tenía un pequeño apartamento, que hacía siglos que no pisaban. Ella encontró la llave bajo unos viejos pañuelos, en su tocador. Tras sentarse en el parque y no dejarse de mirar, de sonreír, ella le tapo los ojos un instante y allí mismo le beso. Le susurro luego al oído que quería hacer el amor con él y que esa misma tarde lo iban hacer; él sonreía con naturalidad, sin complejos de ningún tipo. Se dirigieron al apartamento, abrazados, aunque Rafaela se apartaba cuando veía a alguien. No podía arriesgarse a ser vistos por algún conocido, aun sabiendo que aquello era imposible; hacía años que no pisaba aquel barrio, pero quería ser cauta. A él le hubiera gustado estar abrazados por la calle, rozándose las yemas de los dedos, y así se lo hizo saber. Ella sonreía con cierta timidez. Al llegar al apartamento hicieron el amor salvajemente; al fin Rafaela sintió su hermoso y enorme pene en sus manos, en sus labios, pudo saborearlo, olerlo, tenerlo, sentirlo dentro de su vagina. Se besaban con pasión, como si nunca más se volvieran a encontrar. Se rozaban las manos, sentían el fuego que había dentro de los dos amantes. Sintió su aliento en su espalda, las manos de él en sus senos, su eyaculación dentro de ella. Fue apasionado, real, transparente. Tras terminar, los dos se sintieron mucho mejor y él sin cortarse le dijo que se estaba enamorando de ella, que quería tenerla a todas horas a su lado, que ella podría ser la salvación del buen camino. Ella, también sincera, le comentó que no era tan fácil como aquello, que ella tenía a su marido, sus dos hijas, responsabilidades, pero que si sentía algo especial hacía él; no se atrevió a decir amor. Había transcurrido poco tiempo desde que se conocían, pero sabía que algo ocurría dentro de ella. Pero no quiso decírselo, al igual que no pudo prometerle nada.

Esa noche Rafaela, a solas, se sintió feliz por haber conocido a Omar, y su mente empezó a imaginar la vida junto a él. En su imaginación, no pensaba en el que dirán, en su madre, en su familia, solo en Omar. Pero fríamente, si que sabía que no estaba haciendo bien, pero tampoco mal. Estaba hecho un lio con este tema. Él quería huir con ella, y se imaginaba la vida en aquel apartamento o en otro lugar, junto a ella, trabajando en una carpintería, pero antes tenía que cumplir la condena. Se lo iba hacer saber, porque quería estar con ella, y estaba seguro que era amor. Y lo era.

Los encuentros entre los dos amantes eran cada vez mas frecuentes; ella pasaba más horas en el centro, desocupándose de sus dos hijos, de sus obligaciones familiares, y a su marido le empezaba a mentir. Por suerte para ella, muchas ocasiones no tenían que decirle nada, ya que él se encontraba de viaje. Nunca le había dado tantas explicaciones, pero veía necesario hacerlo; era como si se limpiara la conciencia. Con el tema de sus dos hijos era totalmente distinto; había luchado por ellos, se sintió madre, pero los estaba dejando de querer por Omar. Era duro reconocerlo, pero era así. Ya no había marcha atrás. Ahora si sentía amor hacía él, y él por ella. Era amor, se amaban y para eso tenían que renunciar a muchas cosas. Ella demasiadas. La vida cómoda, de nuevo abandonar el trabajo… y una larga lista, pero estaba dispuesta a sacrificar todo por amor. Sabía que nadie lo iba a entender y menos que abandonara el hogar, por eso decidió no decírselo a nadie. Ni tan siquiera a su mejor amiga, cual relación también la había abandonado por pasar más horas en el centro. Omar ahora es su universo y ella se sentía así con él. Nunca pensó, ni se le paso por la cabeza, en ningún momento, que él la estaba utilizando para poder salir de allí y escapar. Pero él le era verdaderamente sincero. Era amor sin dudas. No había dudas por ambas partes.

Tras unos meses de relación, de encuentros amorosos, de besos furtivos, de grandes deseos, y de buenos informes, llegó el cumpleaños de Omar. Iba a cumplir dieciocho años, por lo tanto, si el juez no revisaba su caso, tendría que ir a la cárcel o tener libertad bajo vigilancia diaria, o en el peor de los casos iba a ser deportado a su país; para que esto no ocurriera, tenía que encontrar trabajo. Ellos esto lo habían hablado y por contactos de amigos de su aún marido, le encontró un trabajo en un taller pequeño de carpintería de Majadahonda. No le iba a dejar escapar así por así y menos a la altura de la relación que llevaba. Algunas personas del centro les había pillado haciendo manitas, pero no dijeron nada. Tras celebrar el cumpleaños, y obteniendo la mayoría de edad, él debía de salir de allí. El juez no determinó que pasara a diario por un juzgado. Los informes habían demostrado el gran cambio, y no se preocupó de que no tuviera ningún familiar en España. Era mayor de edad, por lo tanto, era responsable de sí mismo. Naturalmente que a su casa no le podía llevar, aunque pensó en contratarle ella misma, sería ya muy descarado. A parte, el marido se opuso, ya que no le daba mucha confianza traer a un joven y reformado delincuente. Su madre puso el grito en el cielo y le canto las cuarenta sobre el descuido familiar. Así que se olvidó del tema, pero sí que le dio cobijo en el apartamento donde mantenían relaciones sexuales; por eso sus encuentros eran cada vez más frecuentes y el tiempo se les pasó más rápido. Omar trabajaba muy bien en la carpintería y estaba contento de su relación; Rafaela continuaba en el centro, pero había vuelto a la media jornada para poder pasar más tiempo con él, aunque ahora salía de casa con más frecuencia para estar con su joven amado. Algo tenían que hacer con esa situación y decidir los pasos que dar. Querían estar juntos y casi no le importaba ya la diferencia de edad, ni lo que dirán. Incluso Rafaela discutía cada vez más con su marido por el tema de sus hijos. Cada vez les veía menos y eso a Pablo sí que le preocupaba. Su matrimonio ya no era lo que fue en el pasado, y todo lo que habían luchado juntos, Pablo tenía la sensación que no había servido para nada. Su mujer cambió la forma de vestir, el perfume, sus salidas tan disparatadas y quiso hablar con ella; y lo hizo. Fue en una comida de un domingo, que ella protestando por los planes que había hecho con Omar, al final accedió a comer con su madre. Hacía mucho tiempo que no lo hacían y que ella no veía a los niños. Así que aquel domingo se descubrió todo. Habían preparado una barbacoa en el gran jardín, junto a la piscina aquel día tan caluroso. Los niños correteaban, mientras eran vigilados por una niñera; uno de los cocineros preparaba la carne, mientras ellos tres, sentados, tomando el aperitivo, le insinuaron a Rafaela el cambio que había pegado. Su madre, no muy devota de los niños, pero escandalizada por el comportamiento de su hija, le comentó que porque no pasaba más tiempo con ellos, como tiempo atrás, ahora que hacía media jornada. Pablo la interrumpía, dándola la razón y argumentado del cambio que había realizado… Ella harta de esta situación, acorralada y muy enamorada de Omar, lo confesó todo. Tras la explicación, se levantó sin más y pidió el divorcio. No hubo comida. Y feliz marcho en busca de su novio. Su marido y su madre se quedaron escandalizados, plantados en aquella mesa llena de sabrosos aperitivos. No tuvieron opción a replica.

A los tres meses de aquella confesión, ya viviendo juntos Omar y Rafaela en un apartamento alquilado, desde aquel domingo, llegó los papeles del divorcio. Se iba a quedar con una gran suma de dinero y la custodia se la concedía a Pablo. Él no entendía como Rafaela, con lo preocupaba que estuvo tras no conseguir ser madre, con la lucha que mantuvieron con la burocracia para adoptar a sus dos hijos, pudo abandonar así a sus hijos. Podía entender que se enamorara de otro hombre, casi podía aceptar que fuera joven, demasiado, que fuera alguien con aquel pasado, que fuera magrebí… todo eso lo podía aceptar, pero que dejara de lado a sus dos hijos, no pudo nunca comprenderlo.

No hubo problemas en las firmas y la separación fue inmediata. Con los papeles en mano y el escándalo en su familia, porque para ellos fue un escándalo, la dejaron de lado; incluso sus amigas, hablaban mal de ella. Parte de razón tenía, porque nadie podía creer como ella había cambiado tanto… pero eso a Rafaela no le importaba ni lo más mínimo. Era feliz con Omar. Era una mujer completamente nueva junto aquel chico. Él la amaba. Y los dos emprendieron una vida juntos, marchándose de Madrid.

Tres años más tarde, la pequeña carpintería que había instalado en un pueblo pequeño de Murcia le funcionaba bastante bien. Ella trabajó en un albergue juvenil, continuaba ayudando a más jóvenes descarrilados, y junto a Omar fue muy feliz. Nunca más supo de Pablo, nunca más supo de sus hijos y solo les vio en el entierro de su madre. Había abandonado todo por él.

 

jueves, 17 de mayo de 2012

BICHOS

Entrada Original, Lunes 18 de Octubre del 2010

No sé si algunos de vosotros habéis tenido ladillas, yo sí. La verdad que solo me ha pasado una vez, y joder, como pican las cabronas. Como sabéis, y lo digo sin tapujos, tengo bastantes relaciones sexuales y estando soltero como estoy (no siempre lo he estado claro), pues uno va fornicando con quien le gusta, pero no siempre el gusto acompaña a estos bichos. El condón siempre puesto, eso sin dudarlo, y aunque he follado a pelo (con mis parejas), yo no me arriesgo hacerlo con alguien desconocido, ni loco, ni por muy cachondo que vaya. Antes me la pelo.

Bueno, os voy a contar algunas cosillas, para que sepáis algo más de mi, para eso está este blog, para eso está mis notificaciones, para explicar lo que a mí me viene en gana (eso sí, no copio fotos de ningún lugar, como hacen otros pardillos)… ves si es que desvarió y enlazo un tema con otro y pierdo el hilo (este pequeño apartado se lo dedico a Jordi Sans, él sabe el porqué).

Pues bien, yo enamorado de verdad, hasta las trancas, como se suele decir, lo he estado dos veces, aunque he mantenido seis relaciones serias. Todo queda a la par, con tres chicas y tres chicos. Siempre he sido fiel, siempre lo he tenido claro, que si estás con alguien es para estar al cien por cien, sino para que perder el tiempo jugando con los sentimientos de alguien o que esos jueguen con los tuyos lo veo de lo más absurdo. Respeto a todo el mundo, pero a mí no me van las relaciones abiertas, ni tríos con mi pareja, ni nada por el estilo. Yo soy tradicional, él/ella para mí y yo para él/ella, ya me entendéis. Nada de follar con otros mientras se está en pareja, y si la distancia nos separa (en mi caso más de una ocasión), pues mucho cibersexo con tu chico/a e ir tirando de llamadas románticas, mensajes, faxes, que ahora hay muchos medios y si tienes un calentón de esos tontos, pues se coge el rabo y a zumbarla, que para eso la mano te ayuda. Vamos yo lo veo así. Como he dicho, respeto a la gente que tiene una relación abierta, algunos amigos míos están así, pero a mi es que las cosas a medias no me van. Estas o no estás. Amas o no amas. No sé, es mi punto de vista.

Otra cosa, bien distinta, es cuando uno está soltero, no juega con nadie, no se tienen sentimientos y entonces puedes ir follando libremente, con quien te de la gana o se deje. Como he dicho, en alguna ocasión, uno no siempre elije con quien follar, pero eso depende de la persona. En mi caso, como la mayoría sabéis, pues normalmente he follado con quien me ha apetecido, aunque también me han dado calabazas en ese sentido. ¿Uno no es perfecto no? Ojo, que tampoco quiero serlo, la perfección no existe y sería bastante aburrida. Nada, ni nadie es perfecto, siempre hay imperfecciones y a veces eso es un aliciente que te llena más. Pero no voy a negar mi físico, mi cipote, mis dotes amatorias y mis gustos sexuales; pues no puedo negar lo que es evidente y muy obvio, que elijo, follo, repito, y se hace lo que se tiene que hacer. Supongo que no a todo el mundo le gustara mi forma de pensar, de mis gustos más bien, pero no vamos a negar que el tamaño SI que importa, y que el físico es lo primero que vemos. Digan lo que digan es así.

Yo no siempre estoy con chicos, parecidos a mí, a ver si me explico, que no busco un tío que este cachas (no me van, creo que lo he dicho en más de una ocasión), pero tampoco quiero que estén gordos. Mis gustos son de lo más normal, si es cierto, que si están fibraetes, pues mucho mejor, rapaetes, pues mucho mejor, pero no lo exijo. En ese sentido no soy nada exigente, que estén delgados ya me conformo. Evidentemente cuando te acuestas con alguien es porque te gusta, os gustáis, porque no es el calentón de un lavabo (sea Fnac que allí los tíos se comen lo que hagan falta) o de una disco. El calentón te puede dar en cualquier sitio, y joder uno se va con quien le apetece, digo yo, pero no siempre ocurre eso; claro, si a ti te mola un tío y te lo quieres tirar, pero tú no le molas, ya puedes hacer virguerías que no te lo vas a tirar… bueno, hay excepciones, porque hay pavos dotados que no son agraciados físicamente, pero folla bocas a saco (no voy a pedir disculpas por el lenguaje, es mi manera de expresarme y me gusta). Pues eso, estos tíos dotados y feillos, pues enseñan el rabo y más de uno cae. En mi caso, tengo buen físico, es innegable (no significa que guste a todo el mundo) y estoy bien dotado.

Lo que no guste a todo el mundo, me refiero a que normalmente, dependiendo del tío, pues me pueden ver superficial (creen que me tengo que ir con tío con un físico parecido), me pueden ver inalcanzable… no quiero tirarme ahora aquí todo el rato hablando de esto, pero quiero dejar claro, que soy una persona muy abierta, muy normal y que como todo dios pues tengo mis preferencias, cosa que todo el mundo las tiene. Quiero decir, que yo por la vida simplemente voy de Asier, con mi carácter, mis encabronamientos, mi genio, todo lo que queráis, pero cada cual tiene su particularidad.

Es obvio y vuelvo a repetir, que el físico entra por la vista, pero cuando ya se busca algo más serio, esa persona, te tiene que llenar de mil formas; ya puede ser el tío más guapo del mundo, que como sea un engreído, creído, o no tenga su que, ya puede estar bueno, que el chico a nivel pareja (no relaciones de folleteo) habrá tenido bien pocas. No pocas en cantidad, sino en calidad. Que eso es lo más importante.

Como he dicho he tenido seis parejas con cuales cuaje, pero en la distancia, te das cuenta que realmente enamorado, con locura o sin ella, de dos personas. Una de ella es de Lucia y la otra es un chico que no voy a decir el nombre, por respeto a él. Ojo, que a mi Lucía la tengo un gran respeto y mucho, pero ella me da permiso. Ya sé que solo es un nombre, pero respeto que no quiera salir en ningún sitio, que luego todo se sabe. Yo ya me entiendo y creo que vosotros también.

Pues bien, tras esta bonita, me tiro flores por si hay criticas (un doble jajajaja), introducción, vamos al grano del tema de bichitos. Como he dicho, estando soltero, pues voy fornicando, conociendo a gente, sexualmente, y divirtiéndome como a todo el mundo le gusta divertirse. A veces ha sido, aquí te pillo, aquí te mato y otras pues conoces a la persona (un follamigo) y otras pues una simple mirada en algún lugar determinado, un toqueteo de paquete, un roce, un beso, una caricia… y zas, te lo tiras, o te la chupa o vete tu a saber… pues eso, en una de esas ocasiones, estuve con un pavo que el hijo puta, con perdón a su madre, la comía de putisima madre y me lo tiré. A la semana, más o menos, empezó a picarme mogollón la zona genital, vamos los huevos me picaban mazo y donde tengo pelos (suelo cuidarme mucho esa zona, pero no me gusta ir afeitado del todo), pues eso, unos picores de mil demonio. Al principio no me imaginé, por ningún instante que fueran ladillas. Pero claro, aquello iba a más y joder, me rascaba en todas partes, y no es plan de estar en plena reunión y estar ahí rascándome… y nada, pensé que a lo mejor era un grano, o una reacción, pero joder colegas, no pensé que fueran estos bichos… no sé, no creo que te piquen los cojones y creas que vayan a ser ladillas… en fin, que me miro la zona, cuando me veo en las pelotas enganchadas, chupándome ahí, los dichosos bichitos… en el pelo, enganchados las larvitas o como se llamen, y el bichejo subiendo y bajando como si fuera un tobogán. Me arranque uno, y me lo acerqué, como si fuera un cara a cara, y vi el bichejo como subía y bajaba por el pelo, agarrado con su patitas… tras la sorpresa, zás, miro por la zona y tenía pues ahí un pueblecito inanimado de ladillas… larvas incluidas. Intenté quitármelas con los dedos y las muy putas como se agarraban a la piel… joder lo estoy explicando y siento un picor en los huevos como si estuvieran chupándome de nuevo. Así que me tuve que afeitar todo (cosa que no me gusta, porque voy arreglado, pero con pelitos) para erradicar el problema. Pero antes observe los pelos y veía los bichejos moverse con una libertad pasmosa. Joder, con tantas patas menudas eran las cabronas. Después de afeitarme, las que estaban bien clavadas en mis cojones y por la piel encima de mi polla, seguían estando ahí. No me daba asco, pero evidentemente no iba a quedarme con las ladillas ahí. Pues tuve que ir a la farmacia, a la misma donde compro mis condones XXL (ya sabéis que me mide 25 cm) y comprarme una pomada para eliminarlas del todo. Los primeros días me seguían picando, pero poco a poco fue desapareciendo. Entonces creció el pelo, y bueno los tengo como a mí me gusta llevarlos. Y nunca más he tenido ladillas, y espero no volver a tenerlas. Con una vez ya me fue suficiente. Tampoco hay mucho más que contar sobre este tema.

Pues bien, podría explicar algunas anécdotas más sexuales, por ejemplo, la última, un pavo, aquí en Australia, después de una buena sesión de sexo, pollazos, lefazos, gapos y demás, el tío me pide que me corra en su comida. Tenía un plato de macarrones, sin tomate, a secas, en el microondas y me pidió que una de mis corridas lefara su plató. Que a él le gustaba comerse la pasta con toda la leche. Nunca me la habían pedido (en galletas si, en la cara, culo (fuera), espalda, boca, etc.) pero nunca en macarrones. La verdad que no lo hice, le di un buen pollazo en su jeto y se la metí en la boca y me corrí en su cara. Le hice tragar de lo lindo, y que en su comida no lo iba hacer.

Otra anécdota o curiosidad, fue en una de mis orgias, que después de hacer de todo (me ahorro detalles, creo que sois inteligentes, jeje) acabemos cuatro activos, con un pasivo. Le atemos y le dimos una buena caña y el tío estaba tan perraco que pedía más el muy cabrón. Pues nosotros no nos cortemos y le dimos todo su merecido… ¡acabó lefado hasta la medula! En temas de orgias me ha pasado de todo o casi todo (evidentemente como sabéis soy activo y en mi culo no entra ni un pelo de gamba). Pues he visto como gente se rajaba, o se corría en cinco minutos y se largaban, o se iba con uno a solas y no participaba… en fin un sinfín de historias que sería una locura nombrarlo, además no me sale de los cojones.

Bueno, pues creo que es suficiente, no tengo mucho tiempo más, no me apetece, y es mi entrada, así que con el tema de bichos, me despido por hoy, si os parece bien, sino pues os jodéis jejejeje…. Besotazos, marca Asier, por supuesto.

RELATO V

Entrada Original, Viernes 15 de Octubre del 2010

Rocio trabaja doce horas diarias para sacar adelante a su familia; está casada, tiene tres hijas y su marido está en paro. Hace meses que no encuentra nada, ni tan siquiera una chapuza para hacer en alguna casa. Esta triste y deprimido, aunque su mujer le apoya mucho. Lleva al colegio a las niñas, compra el pan y algunas cosas necesarias para el hogar; por las mañanas da de desayunar a sus hijas, las peina, a la mas pequeña la viste, y se las lleva al colegio. Luego va al paro, diariamente, a preguntar si hay alguna oferta; aunque sea mala la quiere coger. Esta agobiado, y no es para menos. Una hipoteca, una furgoneta comprada apenas hace unos meses, el colegio, la compra, los gastos, ropa y un sinfín de cosas necesarias, incluidos algunos caprichos. Aunque hace tiempo que caprichos en su casa no entra. Hace tiempo que no van al cine, ni a cenar, y de vez en cuando piden pizza o en el chino del barrio; sobre todo los viernes o domingos noche. No todas las semanas, eso saben que no puede ser, pero de vez en cuando pues no está nada mal. También pasa por las oficinas de empresa temporal, pero la respuesta siempre es la misma, que ya le llamaran.

Rocio es asistente social y camina diariamente unos cuantos kilómetros para ahorrarse el abono transporte y así coger el coche lo menso posible. La gasolina se ha puesto por las nubes y ese dinero les viene bien para otras cosas. Se compraron la furgoneta cuando creían que las cosas iban bien; él tenía un trabajo estable, ella también, y se lo pudieron permitir; pero la cosa cambio de la noche a la mañana, y ahora casi no la utilizan. La empresa donde trabajaba él cerro sin previo aviso; los más de trescientos trabajadores se manifestaron durante semanas, protestaron porque se habían quedado en la puta calle, y sin cobrar ni un puto duro; pero no obtuvieron respuesta y aún esperan el juicio para que le paguen la indemnización, aunque temen que ese dinero nunca lo tendrán en sus manos. La justicia es lenta y los trabajadores salen perjudicados, mientras el empresario tiene los bolsillos llenos. Es injusto, pero Mario no se rendirá fácilmente. Su esposa le apoya totalmente, incluso le acompaño en algunas de las múltiples manifestaciones.

A ella le viene bien el caminar, porque así se despeja por las mañanas y hace ejercicio; le sobra unos quilos, siempre se dice lo mismo, pero la vuelta es más dura, ya que está realmente cansada. Cuida ancianos a domicilio, y está esperando que le salga una plaza en una residencia; donde ganara más dinero, tendrá un horario, un turno. Normalmente trabaja de lunes a viernes, y algún sábado por la mañana, pero a veces la llaman para alguna emergencia y no tiene más remedio que ir, sea la hora que sea. Pero hay días que si tiene que coger la furgoneta porque la mandan al quinto pino y no puede ir andando. Sería una locura.

La rutina se ha instalado en su casa y cada vez se le hace más difícil llegar a final de mes. Optan por poner a la venta la furgoneta para pagar la gran parte del crédito y así ir un poco más desahogado. Pero justo unos días después de colgar el cartel en la furgoneta y en una página de internet, a ella le llaman del centro Geriátrico dándole la respuesta deseada. En Octubre puede comenzar a trabajar, con un horario de lunes a viernes y un fin de semana al mes; cobrará muchísimo más; esa noche lo salen a celebrar, junto a sus tres hijas a un restaurante. Incluso se permiten el lujo de tomarse una botella de champan. Inmediatamente eliminan el anuncio de la página web y quitan el cartel; aún quedan varias semanas, pero están felices. Por fin algo les sale bien. Solo falta que a él le llamen de alguna fabrica para ir mucho mejor y poder pagar todos los recibos con tranquilidad; la verdad, que con el sueldo que va a ganar, van a mejorar su calidad de vida, en muchos puntos; están felices, y esa noche hacen el amor con una pasión desmesurada. Hacía tiempo que no lo hacían, por cansancio, por desgana por parte de Mario, por la tristeza instalada en su casa, pero eso iba a cambiar. Y tanto que cambió, ella jamás pensó que entrar en aquel geriátrico iba a ser su mayor pesadilla.

Las dos semanas que faltaban para el mes de Octubre a Rocio se le paso volando; pensó que iba a ser algo pesado, pero saber que le esperaba la recompensa, le motivo para estar de buen humor; Mario también estaba más feliz, más relajado, aunque no paró de buscar trabajo. Le salió algunas chapucillas; todo iba encaminado a la estabilidad. A sus hijas les compró ropa en su tienda preferida, para continuar con la celebración. Necesitaba este gran respiro y por fin lo había conseguido.

El uno de Octubre Rocio llegó veinte minutos antes de la hora del inicio; unos días antes había ido a conocer al personal, las instalaciones y había un ambiente bastante relajado, aunque algunos celadores tenían caras largas, bastantes malhumorados; éstos, se encontraban en un ala que ella no tenía autorización para entrar. Tampoco quiso preguntar el porqué y dejo pasar el tema sin más. Casi nadie tenía autorización para entrar allí; eso sí, había un mutismo sobre aquel lado, que daba miedo. Pues bien, ese día tomó un café con los compañeros y las horas se esfumaron como si fueran minutos. Fue conociendo a los ancianos que residían allí, más los que iban a pasar el día, ya que los familiares no podían hacerse cargo de ellos. La edad media era de setenta y ocho años. Les lavó, cambiaba las sabanas, les obligaba a caminar, con una psicología que solo ella dominaba. Los ancianitos se sentían seguros con ellos mismo. Amador, uno de los más mayores, preguntó por Rosalinda Hernandez. Ella no supo que responder, ya que era el primer día y fue a preguntar a un celador que estaba en la ventanilla. Él, con cara de sorpresa, pero escondiendo alguna información ajena a Rocio, le contestó que Rosalinda se había ido hace meses con un familiar de Málaga. Ella, quedo satisfecha con la respuesta, pero dudó de que no escondiera alguna información. Pero no le quiso dar vueltas, ¿Por qué el celador iba a esconder información sobre Rosalinda? Se preguntaba en su cabeza y se decía así misma que era absurdo pensar eso. Al ver de nuevo a Amador, antes de terminar el turno, por fin ocho horas, le dio la respuesta que el celador le había dado. Amador, dijo que eso era imposible, ya que hace dos noches la había visto vagando por el pasillo del ala derecha de la residencia y que no la había vuelto a ver; que hacía semanas que no comía con ellos, que no iba hacía la sala de la televisión… y refunfuñando se marchó a su habitación. Rocio volvió hacía la ventanilla, sin entender bien lo que sucedía; el celador, con cara de cabreo, le volvió a repetir la misma explicación y le espetó que el viejo chocheaba ya; soltando una carcajada algo estúpida. Ella sin más, salió por la puerta. Montó en su coche y se dirigió a su casa. Allí le esperaba su marido y sus hijas para cenar.

Al día siguiente, Amador la abordó de nuevo y la juró que ayer vio salir a Rosalinda a altas horas de la noche; Rocio no quiso oírle y le riño por pasearse a esas horas por la residencia; él volvió a refunfuñar y a regañadientes comentaba que nadie le hacía caso, que allí ocurrían cosas raras, que no era tan paraíso como hacían ver. Ella continúo con las tareas. A la hora del desayuno, los abuelitos estaban sentados en la sala de la televisión, viendo un programa de tele cinco. Repartió algunas pastillas, y la cocinera iba sirviendo el almuerzo. Rocio, se sentó luego con algunas compañeras, para hacer el descanso, y sin temor preguntó por Rosalinda. Algunas de ellas le dieron la misma respuesta que el celador; se quedo algo más tranquila. También comentaron que Amador ya estaba algo mayor, y que muchas noches vaguea por la residencia porque no puede dormir y ve fantasmas en todos lados; que no le hiciera mucho caso. Luego, al recoger los vasos y platos, los llevó a la cocina con el carrito. Veronica, una de las cocineras, cuchicheándole al oído, le dijo que a las tres la esperase en el parquin; con prisas, marcho de nuevo al comedor. Rocio se quedo pensativa.

A las dos menos cuarto, llego el siguiente turno; contaron las incidencias, pasaron el parte médico y con alegría se despidieron hasta la mañana siguiente. Rocio, recogió su taquilla rápidamente y se dirigió al parquin. Allí estaba, apoyada en su coche Veronica. Se acercó con un cigarro en la boca, preguntándole casi atropelladamente, que es lo que pasaba, que la tenía en ascuas con tanto misterio. Veronica, observó alrededor para comprobar que no había nadie que pudiera oírla, y le dijo sin tapujos que Rosalinda sí que está en el ala oeste, junto a otros pacientes y que allí ocurría algo raro. Que pocas personas tienen autorización para entrar allí, pero ella aseguraba, que los pacientes que creía ella que se habían ido de la residencia, se encuentran allí. No todos, porque algunos los he visto marchar con mis propios ojos, buscados por sus familiares, pero los que ya no tienen familia, los que son abandonados, pasan a esa sala. Rocio estupefacta por lo que oía, le espetó con la mano, para que hiciera silencio, preguntándola como sabía eso. Que era una locura pensar que esos ancianos estaban allí por alguna razón, que no tenía ni pies ni cabezas. La cocinera negaba con la cabeza, sabiendo que no la iban a creer, como al pobre Amador. La desafió a que cogiera la llave y echara un vistazo. Rocio se negó en rotundidad, que ella, sintiéndolo mucho, no podía creerla y no se iba a jugar el puesto de trabajo que tanto le había costado conseguir. Que si eso fuera cierto, porque nunca se ha denunciado y porque las compañeras no han dicho lo mismo; que el señor Amador esta mayor… Veronica no quiso escuchar más; tirando el cigarro se dirigió a su viejo auto y se marcho.

Tras una cena en familia, Rocio no pudo conciliar el sueño; no dejaba de pensar en Rosalinda y en lo que le habían explicado. A la mañana siguiente, viernes, no pudo ocultar las ojeras y sus compañeras le decían en plan guasa, que si había tenido una noche movidita con su marido, que si había hecho la postura del perrito o un simple misionero… ella se lo tomo a risa y las carcajadas sonaba en toda la sala del café. Veronica esa mañana no iba a trabajar, por lo tanto no pudo pedir disculpas y decirle que tenía intención de mirar en los archivos, pero conseguir la llave era algo difícil y arriesgado; quería decirle que entendiera su postura, pero que iba hacer todo lo posible para averiguar el paradero de Rosalinda. La mañana transcurrió con normalidad; Amador apenas habló con las enfermeras. Estaba dolido y triste por tratarle como si fuera un viejo loco. Ella hizo las tareas de todos los días y esa mañana le fue imposible mirar los archivos. Tenía que esperar al lunes. Llamó al móvil a Veronica pero no le contestó. Le dejó un mensaje de voz y hasta la tarde no obtuvo respuesta. La cocinera le dijo que le ayudaría con el tema de los archivos, y le agradeció su ayuda. También le explico que si no lo denunciaba, o iba a la policía, es porque no tenía ninguna prueba y que narices iba a contarles. En eso tenía razón. Quedaron que iban hacer un pequeño registro el lunes.

El fin de semana lo paso junto a su familia; ahora que tiene más tiempo, las puede ayudar con los deberes, cuidarlas, jugar con ellas, cosa que antes le era casi imposible, ya que siempre estaba cansada. Su marido está pintando un bloque entero y el sábado por la mañana fue hacer unas horas. Por la tarde fueron al centro comercial hacer la compra semanal y luego cenaron fuera de casa; hacía muchos meses que no lo hacían. Fueron al restaurante preferido por la familia. Fue un verdadero fin de semana. El primero de muchos. O ella creía Rocio, ya que no sabía lo que le esperaba en la residencia.

El lunes a primera hora, tras servir el desayuno, Veronica y ella fueron a la habitación donde se encontraba los archivos. Allí podrían registrar y buscar alguna pista sobre la realidad de Rosalinda. Ella tenía acceso con facilidad, ya que muchas veces, tenía que consultar los expedientes de algunos ancianos, pero prefirió ir con la camarera. Miraron en los archivos centrales; encontraron el expediente de Rosalinda. No había ningún papel que justificara la salida de la residencia; no había ninguna firma de ningún familiar, que justificara que fueran a recogerla y llevársela. No había nada, ninguna salida. Se miraron estupefactas. Lo que sí que descubrieron es el informe de su enfermedad generativa. En los datos no había ningún teléfono, ni su dirección. Una vez comprobado el dato de Rosalinda, descubrieron, gracias a la gran memoria de Veronica, otros residentes que en teoría habían sido recogidos por familiares, que el informe estaba completamente vacío y con la misma enfermedad. Aquello no era suficiente, ni concluyente, para denunciarles. Tendrían que entrar en la sala.

Tumbada sobre la cama, junto a su marido, le explicó un poco la situación de su nuevo trabajo. Que lo que creía que había sido suerte, no lo era tanto. Su marido ni se inmutó. Le ridiculizó diciéndole que si ahora se dedicaba a investigar, y que aquella teoría de conspiraciones, desapariciones no tenía ni pie ni cabeza. Que vaya burrada se estaba inventando y que dejara de hablar con aquella camarera chiflada, y que hiciera su trabajo y no se metiera en nada raro. Rocio, medio enfadada, le dio la espalda e intento dormir. Si lo piensa, su marido tiene parte de razón. Estaba en una residencia, tenía buen sueldo, buen horario, ¿Por qué una residencia con tantos ancianos, bien cuidados, iba hacer desaparecer a gente? Se preguntó eso durante toda la noche, y una vez más no pegó ojo.

Al día siguiente llegaron de nuevo las bromas, que si leona, que si tigresa, que menuda vida sexual… así hasta la hora del café. Tras el descanso, ayudó a Francisca a lavar al señor Gabriel. Estaba algo gordo y una sola persona no podía. Hablaban de vanidades de la vida, de la revista del corazón, de las horas que llenaban Belen Esteban en la pantalla… y otras famosas de turno. Rocio, con mucha prudencia, tras aburrirse de temas que no le interesaba, le habló de lo contenta que estaba en el trabajo, que cuanto tiempo llevaba ella, que cuantos residentes había, si había entrado en la sala… allí hubo un silencio rotundo. Sin mirarla a la cara, le contestó que ella nunca había estado autorizada y que no sé porque le daba tantas vueltas al asunto, que trabajara, que hiciera sus horas y que no preguntara tanto. ¿Pero porque tanto misterio? Preguntas y preguntas que no tenían respuestas claras. Tras el baño a Gabriel, se marcharon hacer otras tareas. Rocio se fue directamente a Veronica para preguntarla por las llaves de la sala, que donde se podría encontrar. Le explico la conversación que había mantenido… algo estaba pasando allí y tenía que averiguarlo.

Unos días después, para no levantar mas sospechas, Veronica y Rocio hablaban con las compañeras con normalidad; no se iban las dos solas cuchicheando, se relacionaban y sobre todo no hablaban de Rosalinda. Lo que si hicieron, fue hablar con Amador. Él le contestó encantado a todo. Que las personas que se habían llevado aquella sala, son ancianos con dinero, que la familia les abandona a su suerte o simplemente no tienen. Pero que al resto de residentes, les cuentan que se los lleva la familia a su hogar, para cuidarles ellos mismos y que él sabe que eso no es cierto. Casi nadie que reside allí, tienen visitas y los que vienen solo a pasar el día, esos sí que se van con sus propios pies, pero los que estamos aquí, corremos otra suerte. Que algunos amigos suyos, había desaparecido de la misma forma que Rosalinda y nunca más le volvieron a ver. Si fuera cierto que se marchan a sus viejos hogares, habría una normalidad y estaba claro que no la había. Que él había visto muchos de ellos, al otro lado de la puerta de la sala oeste; que intentó hablar con la policía pero nadie le creyó… lloraba igual que un crio. Rocio le prometió que iba hacer todo lo posible para ayudarles, pero le hizo prometer a él que no iba a decir nada a nadie más sobre lo que él sabía. Y así fue.

Los días iban pasando y no sabían cómo robar las llaves. Entonces, decidieron cambiar el turno, tanto Veronica como ella, alegando que su marido había comenzado a trabajar; lo de su marido era cierto y si ella hacia el turno de noche, por las mañanas podría llevar a sus hijas al colegio, dormir, recogerlas y luego dormir un rato por la tarde. Por la noche estaría más tranquilo.

Un miércoles fue cuando ocurrió todo. Las dos estaban tomando el bocadillo, con Ernesto, uno de los celadores. Las llaves estaban en su taquilla, lugar donde las guardaban todos, en la hora del almuerzo, en lugar de llevarlas encima. Veronica, más descarada que Rocio, llevaba días haciéndole ojitos para camelárselo y poder coger las llaves. Un plan que había visto en más de una ocasión en las películas de clase B. El resultado fue positivo. Le estaba comiendo la boca, cuando extrajo la llave de su bolsillo izquierdo, mientras le rozaba el miembro ya erecto. Se las paso a Rocio, ésta abrió la taquilla, cogió la llave, abrió la puerta, quitó el seguro, para poder pasar después sin problemas; la ronda ya la había hecho, así que tenían una hora más o menos para poder averiguar lo que allí pasaba; todo esto lo hizo en un silencio rotundo, pasándole de nuevo la llave a Veronica, volviéndolas al bolsillo del celador. El plan había salido bien. Eso pensaban ellas. La cocinera había quedado a la hora de la salida con el celador, para no levantar sospechas; ya le daría luego una excusa para no irse con él; bueno, dependiendo lo que averiguaran, podría irse con él a la cama. No estaba mal el muchacho.

Continuaron haciendo el trabajo habitual, en una noche bastante tranquila y llegó la hora de la verdad. Las dos sin ser vistas, pasaron delante del celador, que caliente aún, había empezado la ronda en los servicios. Necesitaba descargar.

Al residente Amador, no quisieron decirle nada, para que no chafara el plan, y decidieron darle un somnífero, para que durmiera y no anduviera paseando por las noches por los pasillos. La puerta estaba tal como la había dejado. Entraron en la sala dividida en habitaciones, casi eran cerdas, con barrotes; algunos se acercaron y lo más lucidos pidieron ayuda. Un escalofrió recorrió el cuerpo de las dos muchachas al sentir esos gritos de dolor. Algunos lloraban. En una gran sala, había un crematorio, y encima de sus mesas varios cuerpos. Uno de ellos era el de Rosalinda. Al lado un informe y un testamento donde dejaba todo su dinero a la residencia. Estaba firmado por ella, donde renunciaba a todo. Había signos de tortura, evidentes en su cuerpo. El otro cuerpo lo mismo. Signo de violencia, el mismo informe, un testamento y todo para la residencia. Rocio no pudo contener las lágrimas y Veronica vomitó allí mismo. Los ancianos estaban siendo torturados, abandonados en aquella sala, desnutridos para que firmaran el testamento redactados por uno de los abogados de la residencia.

No llevaban ni diez minutos, cuando se dirigieron a otra gran habitación, donde yacían cuerpos atados a las camas; no sabían bien si estaban vivos o estaban drogados, porque todos ellos tenían los ojos abiertos. A toda prisa, se dirigieron al único teléfono que vieron, pero se llevaron una gran sorpresa, no había línea. La luz, de repente se apagó. Encendió una pequeña linterna, de bolsillo, y se dirigieron hacia la puerta y poder salir de allí y llamar a la policía. Aquello había que denunciarlo ya. Volvieron por donde habían pasado, recorrieron sus propios pasos, pero al llegar al crematorio les esperaban. La luz la volvieron a dar a los dos minutos. En la sala estaba uno de los doctores, varios celadores y el director. Sus miradas echaban chispas; ellas se agarraron las manos, sabía que allí acababa todo. Y así fue: tras atarlas en las camas le fueron explicando que no tuvieron que meterse en aquel lio, que tenían instrucciones para no entrar en aquella sala. Que tenían que haberse quedado quietas y no entrometerse en aquel "negocio". Y ahora iban a pagar por aquello. Le dieron un pinchazo a cada una y en varios minutos se quedaron dormidas.

Había transcurrido dieciocho horas; despertaron en una habitación acorchada, como si fuera una habitación de un manicomio. Estaban juntas. Aturdidas, sin fuerzas, se agarraban a las manos dándose ánimos. Había cámaras, estaban vigiladas. Uno de los celadores había hablado con el marido de Rocio, diciéndole que se había tenido que quedar hacer unas horas, ya que iban a llegar nuevos residentes; él se quedo tranquilo, ya que en alguna ocasión se había tenido que quedar a dormir allí. Si que le extraño que ella no le hubiera llamado, pero pensó que estaría muy ocupada. Veronica vive sola, y no había nadie a quien avisar.

En aquella habitación acorchada, había rejillas y la puerta, totalmente blanca, había un pequeño cristal para ver el exterior y una puertecita donde cabía apenas una bandeja de comida. Tenían miedo, y sin tener que decirlo sabían que iban a morir. Ambas pensaron como habían sido tan ingenuas de no pensar que habría cámaras por toda la sala; cámaras invisibles a la vista, pero eficaces para intrusos del propio centro que no sabían de aquella actividad ilegal. No sabían si era de noche o de día. El plan del director ya estaba en marcha. Esa noche iban a morir asfixiadas. Las rejillas estaban puestas de aquella manera para evaporar gas venenoso.

Tras una muerte rápida, indolora, metieron los cuerpos en sus coches y lo tiraron al embalse, para si alguna vez fueran encontradas, pareciera todo un accidente. El director del centro, avisó al marido al segundo día; le habló en un tono preocupado y lo mejor que podía hacer era denunciar su desaparición. Se acercó varias veces a la residencia para hablar con él y todo el mundo se comportaba de la misma manera; dándole ánimos, que la iban a encontrar, que seguro le llamaba en breve… el pobre no entendía como su mujer le había abandonado o donde podría estar. La historia fue bien contada y siempre dieron la misma versión. Que ella tras hacer su buen trabajo, se había marchado con su amiga Veronica y que no volvieron a verlas y que inmediatamente avisaron a sus familiares y que habían hablado con la policía.

Transcurrido dos años, una familia en una noche de niebla, se había salido de la carretera y había caído el embalse. A las siete de la mañana, un grupo de pescadores, al ver las vallas rotas, avisaron en seguida a las autoridades. Encontraron el coche en el fondo, junto al coche de Veronica. En él dos cuerpos irreconocibles, pero con las pruebas suficientes, se dieron cuenta que eran las dos mujeres desaparecidas dos años atrás. El marido y una prima de la cocinera, reconocieron los cuerpos. La muerte, asfixia, un terrible accidente de coche. No habría investigación.

Mientras tanto, la residencia continuaba con sus actividades, maltratando más ancianos y sacando partido a su macabra actividad. Continuaba con normalidad cara al exterior, pero aquel terrible secreto que todos guardaban, fue callado para la eternidad.

 

MI MAMA

Entrada Original, Lunes 4 de Octubre del 2010

Hoy he tenido un día raro. El sol brillaba en toda la ciudad de Sídney; ha hecho un buen día de primavera que invitaba a pasear al lado de la playa, esconderse en un parque y tumbarse en la hierba, tomar un café con un buen amigo, o echar un buen polvo con alguien especial; pero hoy tocaba currar y este mes y el siguiente, va a ser duro; no estamos aún en la recta final, pero como si lo estuviéramos y no hay tiempo de entrar en la red, a penas, de tener una charla, de pasear, de escribir… no me quejo porque estoy entusiasmado con todos los anuncios que estoy haciendo; no me puedo quejar.

Los anuncios navideños están tomando forma y el resto de anuncios también. Estamos dando de si a todas las ideas, geniales, todo hay que decirlo, tomando forma, colores y dando brillo con cera a los que estamos terminando para que los clientes estén contentos y nosotros también. Bueno, ya sabéis que el año que viene repito y más marcas australianas quieren trabajar conmigo y eso pues satisface y mucho. Vamos que contentos están.

Pues aunque el sol brillara hoy bajo este cielo esplendoroso, no he podido salir a comer a ningún lugar; hoy he comido, mejor dicho, hemos comido en la oficina, delante del portátil, cogiendo llamadas, una gran locura y apenas sin poder pensar mucho en lo que pasa alrededor. Eso me ha venido bien, porque no me he machacado pensando en el día de hoy, que justo hace un año que desapareció mi mama.

No es que no haya pensado, si dijera eso mentiría, pero no me he comido la cabeza, para que me entendáis y he podido estar concentrado en lo que estaba haciendo en cada momento; pero sí que mi corazón latía con fuerzas, sabiendo que un día como hoy, en Ermua ella "desaparecía" de nuestras vidas. La vida es así, y se tiene que asumir.

Mi mama era muy guapa, tanto de joven, como de mayor. Solo tuvo un hijo, a mí y yo crecí en sus brazos y junto a mis primos. Siempre estábamos con mis tíos y nos llevaba al parque a jugar a las canicas, a la peonza, al escondite, al pilla pilla… eso si que eran juegos divertidos; ahora están enganchados a una consola, a un ordenador, ni casi se relacionan… pero bueno, eso es otro cantar. Pues eso, era muy guapa, una buena madre, que tuvo mucha paciencia conmigo. Ya os conté mi gran travesura; yo de niño era bastante bichejo, nervioso, intranquilo, y jugaba sin parar. No paraba quieto y mi madre me tenía que vigilar constantemente; la verdad que no me mimaba en absoluto y si me portaba mal, que era a menudo, pues no me compraba chuches (a menudo que iba creciendo, me sujete un poco, pero mi inquietud me hacía "crear" e imaginar miles de cosas, y luego llegó mi pubertad y bueno… que os voy a contar que no sepáis)

Pues eso, yo de pequeño estaba con ella; como tuvo la salud un poco frágil, pues dejó de trabajar; cosía en casa y se sacaba algún dinero extra; mi padre trabajaba en Bilbao, y la verdad que tenía un sueldo decente; yo entonces, después del cole, me iba con mis primos a su casa, o al parque con mis primos, y mi madre descansaba un "poco de mi". La verdad que le di bastante guerra, por eso quizás continúo siendo un buen guerrero, y bien armado.

Ella venía también a menudo con nosotros y no me quitaba ojo de encima. Me dio una buena educación, me hizo respetar a todo el mundo, y ser respetado (aunque eso no fue siempre así, pero eso es otra entrada, es otra historia que no creo que cuente; no es poner misterio, pero hay cosas que me quiero guardar para mí). En definitiva, que me cuidaba y mucho, que no mimaba.

Pues mi mama era de piel blanca, un cabello largo, morena, ojos oscuros, guapísima, esbelta; solo gano unos quilos cuando me tuvo a mí y los perdió en seguida. Mi padre igual, era delgado, fuertote y yo he salido a ellos; no engordo ni a tiros, y parte de mi gimnasia, pues por eso estoy así. Los dos, la verdad que eran guapísimos…

Mi mama sí que me tuvo que dar unos azotes en el culete, cuando me portaba mal; ya os he dicho que era un bichejo, ya muy cabezota desde pequeño y me flipaba tener la razón o salirme con la mía; casi siempre lo conseguía, será porque tengo ese don. Pero me explicaba lo mejor posible que hay cosas que no deben, ni puede ser así, y me hacía entender muy bien que no se puede ir así por la vida. Me lo explicaba como un adulto, sin tapujos (el sexo en mi casa siempre lo vimos algo natural y normal, para el tiempo que era, nunca me escondieron nada); me ponía ejemplos fáciles y entendibles para coger el camino correcto. Yo le freía a preguntas y ella, me miraba a veces sin saber que responder, y aunque no me lo dijera en el momento, siempre me respondió a todo lo que le pregunté. Claro a medida que yo iba creciendo, más cabezota, y más ganas de ver la vida tal como yo soñaba tenerla. Muchas cosas cumplidas, otras no, no se puede tener todo, aunque yo tengo todo lo que yo deseé. Eso creo que lo he dejado claro en muchas ocasiones.

Pues eso, que ella me veía crecer y se asustaba un poco, al saber que yo tenía esas ganas locas de vivir; pero no pensó que iba hacerles esas trastadas gordas y tomarme mis aventuras pasajeras o no… no sé, ella se sorprendía mucho conmigo y como conté, disgustos se llevo a miles.

De pequeño esos azotes en el culete, desde mi punto de vista, son positivos. Nunca me dio un bofetón en la cara, ni ella, ni mi padre, eran azotes por mis trastadas. Una vez, con siete años, me quedé en casa "malito", no tenía ganas de ir a la escuela, y bueno me dejó en casa. No estaba enfermo, está claro, y aproveche su ausencia, salió hacer unos pequeños recados y yo aproveche, para jugar a ser tarzan. Me columpiaba en las cortinas de su habitación, cual diana. Al final me las cargué y yo en vez de esconderlas o decir una mentirijilla, me fui al parque, que estaba debajo de mi casa, el pequeño, y me fui a jugar. Allí no había nadie claro, pero si me vio mi tía que se acerco a mí a preguntarme. Le dije que estaba malo pero quería jugar; y le conté sin más lo que acababa de hacer con las cortinas, hechas por mi mama; ella se quedó conmigo y espero ver pasar a mi madre. Le contó lo que había hecho y me gané unos azotes en el culete y un castigo. Casi nunca me castigó, pero si aprendía sus lecciones o al menos intentaba entenderlas.

En otra ocasión, le quise ayudar a cocinar unas magdalenas y por hacer el bobo, tire toda la harina al suelo, y yo ni corto ni perezoso, tire huevos al suelo y me rebozaba en ellos con la harina. Otros azotitos, otro castigo. Otra explicación, otro entendimiento… así podría contar mis travesuras hasta hartarme, jeje.

Pues hoy, de vez en cuando, mientras veía el sol alumbrar mi despacho; tecleaba delante del ordenador informes para enviar a mi Lucía y a mi equipo madrileño, pensaba en ella, en sus azotes, en sus castigos, explicaciones, besos, abrazos, sus mimos, sus caricias, sus cosquillitas, su cara, su mano y las lagrimas se me caían. Recordé sus bellas arrugas, sus manos finas, sus ojos negros, su piel, su cabello, su belleza, su inteligencia, su hermosura…. La recordé mientras escribía en mi portátil; la recordé mientras hablaba con Lucía, mientras me explicaba cómo estaba ella, como iba la maternidad… al final pensé en ella más de lo que he dicho aquí. Al final pensé en ella más de lo que yo pensaba. Quizás el trabajo me ha hecho creer que apenas había pensado en ella, pero escribiendo esto me doy cuenta que si pensé en ella, porque se lo merece, porque la quiero con locura y a una madre nunca se le olvida.

Mama, nunca dejaré de pensar en ti, siempre estarás en mi corazón, en mi mente. Mama, hoy te digo que te quiero, como te lo solía decir, aunque a veces te chinchaba para reírme un rato contigo; mama, sin más, te quiero.

viernes, 4 de mayo de 2012

¡MENUDA MAÑANA!


Menuda panda de incompetentes son algunos de nuestros funcionarios, que trabajan de 8 de la mañana a 2 y se quejan. Ya sé que no se puede generalizar, pero es que estoy bastante irritado con lo que me ha pasado está mañana. Todo empieza cuando a mi casa (la de Ermua, donde vivían mis padres) llegó una carta que me indicaba que debía tres recibos de “Impuestos de circulación” de un coche que di de baja en el 2007; me reclamaban esos tres recibos de los años 2008, 2009 y 2010 ¿cómo podía ser si mi coche estaba dado de baja desde el 2007? Y no solo eso, en la carta decía que no me habían localizado en estos últimos años y que había sido enviada certificada. ¿Perdón? ¿Ilocalizable? ¿Carta certificada? ¿Quién la firmo el fantasma de mi casa?
Pues si señores y señoras, según la carta “alguien” había firmado como que yo la había recibido y si estoy empadronado en Madrid, vete a saber desde que fecha, ¿Cómo que no son capaces de localizarme?
No suficiente con esto, llamo al teléfono que me indicaba en la carta y me dice que mi coche, según tráfico (mentira porque yo tengo los papeles bien guardados y se coche lo di de baja el 28 de Agosto del 2007); pues según, según su “trafico” mi coche estaba dado de baja en noviembre del 2010. Vamos que los ayuntamientos están hambrientos de dinero y querían darme el timo de cobrarme casi 600 pavos por todo el morro, amenazándome, que como no me habían localizado, iban a embargar mis cuentas y una serie de gilipolleces, que vamos no me hacía ni puta gracia, pero que ahora que ha pasado todo, me entran ganas de denunciarlos.
Pues bien, les llamó y que tengo que pagar esos impuestos o si no que demuestre que la baja fue en el 2007. Disculpe, demuestre usted que vive en la tierra, que no eres una vaga y que el dinero que ganas te lo mereces. Pero como pueden ser tan incompetentes, y no buscar realmente mis datos, mi censo, o mirar en tráfico la fecha real de mi coche y no inventarse datos. Como pueden decir que la carta era certificada si allí no vive nadie, porque aunque mi tía o primos vaya a echar un vistazo (que por cierto en breve puede que viva un primo mío, pero eso es otra historia) si hubieran firmado una carta por mí me lo hubieran dicho… en fin, que esta mañana he tenido que ir a trafico de Madrid, no porque yo no tuviera los papeles guardados, porque si no esa panda de incompetentes, me pedían algún certificado de trafico donde dijera la fecha de la baja, ¿pero imbécil, no te sirve los papeles que ya te he enviado en varias ocasiones, con el sello de la jefatura de tráfico?
Pues bien, cuando he ido a tráfico, a primera hora, mi paciencia se estaba agotando, y mis huevos hinchando por momentos. Voy a la primera ventanilla, y me envía “pal fondo señor”. Menos mal que no había mucha gente. Bueno espero unos cinco minutos. Otra cara de agria me atiende y me dice “es aquí al lado”; me muerdo la lengua, “tranquilo” me digo a mí mismo. Pues el señor que me atiende, sinceramente, todo un profesional. Me indica que la baja de mi coche, tal como tengo en los papeles, es en el 2007 y que no entiende que un organismo público, del ayuntamiento de Ermua (esto me escuece) no haya sabido o no hayan mirado, consultado con la jefatura de tráfico, conectado a todos los organismos, para saber si mi coche estaba dado de baja, si en circulación… y que me estén exigiendo un pago después de cinco años, y que es la primera vez que alguien le viene a solicitar un certificado, pero que con toda amabilidad me lo iba hacer. Se lo agradezco enormemente, y me dirijo a la oficina.
Vuelvo a llamar al teléfono que indicaba la carta, que ya tengo el dichoso certificado y la gilipollas, no tiene otro nombre, me dice que ahora me pasa con su compañera, y me dará un número de fax o correo electrónico donde poder enviar toda la documentación que tenga o que me dieron en su día la jefatura de tráfico ¿no era para matarla?
Paciencia y más paciencia que he tenido esta mañana. Pues bien, me pasa la compañera, me da un fax, un correo y le envió todo bien ordenadito, por fecha de lo que te dan cuando solicitas una baja de un automóvil, más el certificado, que el amable funcionario me hizo, con una sonrisa, esta misma mañana. Pues, le envió el fax, correo, y me llaman al móvil, que antes me lo habían solicitado, y me dice: “todo ha sido un error administrativo, efectivamente el vehículo que usted tenía esta dado de baja definitiva en el 2007; se anulan los recibos automáticamente y usted no debe nada (al menos me trato de usted). ¿Te puedo ayudar en algo más?” ¿Perdona? Me muerdo de nuevo la lengua, y le indico que si no me iban a enviar ningún certificado o notificación por escrito, que realmente yo no debo esos recibos (jamás he debido nada), que lo quería por escrito, porque no quería llevarme una sorpresa dentro de otros cinco años. Ella me dice: “nosotros no enviamos ninguna clase de notificación, esto ha sido un error administrativo y está solucionado, podrá acercarse a su ayuntamiento (me llega a decir próximo y la meto) y solicitar alguna “explicación”
En fin, que al final, o eso creo, lo he podido solucionar, y tras una “amarga”, larga mañana, perdiendo la paciencia, hachándose mis huevos y otras cosas, lo escribo con una media sonrisa en la boca.
Hasta la próxima.  

jueves, 3 de mayo de 2012

¡YA ESTA AQUÍ MAYO!


Ya llego el quinto mes del 2012, uno de mis preferidos por una razón sencilla. El 7 de mayo es mi cumpleaños y este año hago 36 tacos (mi hijo hará ya 17 meses). Ya uno se va haciendo mayor, aunque nunca me ha preocupado demasiado la edad, pero sí que se va notando, tampoco vamos a negarlo. La forma de pensar, en algunos aspectos, va cambiando, y según la situación que tenga pues más aún.
Mi situación es casi la misma, en lo profesional, todo va sobre ruedas, y en lo personal, pues ha cambiado muchas cosas, y el más importante, es mi hijo, era casi de obligación decirlo, porque aún hay gente que me pregunta, que se sorprende, que tenga un hijo. La verdad nunca he entendido el porqué, pero según como me pregunten no me molesta, pero hay cada tipejo por ahí que te dice cada tontería que es para flipar. Suelo responder correctamente, pero a veces, tengo que ser borde o irónico, porque tela con las preguntitas (sobre todo en privado, que una vez más reivindico que algunos privados son estúpidos, ya que decirte buenos días no cuesta nada decírtelo en “abierto”, y la pregunta de cuánto me mide o cuando follamos ya paso de responder, simplemente lo borro o según quien sea, puede que conteste); pues eso, que hay preguntas que la verdad son sorprendente, pero no vamos a citar ninguna porque os lo podéis imaginar.
Sigo soltero, otra cosa que no me preocupa demasiado, porque casi diría que así estoy mucho mejor. No tengo que dar explicaciones, puedo viajar sin preocupaciones, y sexo no me falta, pero no niego que a veces si eche de menos tener alguien a tu lado, que te cariñitos, que puedas dormir abrazados y no huir tras correrte en su cara (soy así de bruto que le vamos hacer); pero bueno, no llega, no encuentro mi media naranja (no hay que buscarla, pero tampoco he cerrado puertas, simplemente que no cuajan las cosas o vete tú a saber el porqué, ya que las relaciones son complicadas). Si, las relaciones de familia a veces son complicadas, ya os conté en alguna ocasión que antes no era muy familiar y eso a veces me ha pesado, aunque no hay que echar la mirada tanto atrás, pero ahora la verdad que quiero que mi hijo crezca, conozca, juegue con sus primicos (como me gusta decirlo así) y así se está haciendo, aprovechando las fiestas, así yo también veo a mi familia y bueno a veces son complicadas, no por nada en especial, yo por suerte mi familia siempre ha estado unida, aunque riñas hay en todos lados, pero he tenido la suerte, si se le puede llamar así, de tener la familia que tengo. En la amistad también es complicado, porque tratas de estar a las duras y maduras con todo el mundo, pero a veces eso no se puede, pero la verdad que tengo grandes amigos, que he podido contar con ellos en grandes ocasiones, en lo malo y en lo bueno, pero es conocido la larga lista de archi-enemigos cosa que ya no me preocupa de lo más absoluto, porque lo que importa o defrauda, es que un buen amigo te la clave (y no en tono sexual, que ya nos conocemos, porque en tal caso la clavaría yo, si no lo digo ¡reviento!); pero la vida es así. La verdad que a mí también me ha ocurrido, pero son aguas pasadas y creo que no voy a remover más ese tema, porque ya lo pasé mal (supongo que yo también lo he hecho pasar mal, no soy ningún ángel, ni quiero serlo)
Pues bien, si esa clase de relaciones son complicadas, en el amor, ni os cuento. Tener alguien a tu lado es difícil, y mantener una relación estable hoy en día es difícil. Ya no por los tiempos que vivimos, sino creo que de siempre ha sido así, pero antes se aguantaba demasiado y ahora no se aguanta casi nada. Nadie quiere ceder en el terreno del otro, y el tira a floja a veces se convierte en imposición; de cuernos ni hablamos, porque la gente quiere tener a su novio al lado, pero se fija al que tiene al otro lado; impone que él/ella no puede salir, pero él sale todo lo que puede y más y así una larga lista que ya conocemos demasiado. Obvio que no todo el mundo es así, pero dar con alguien, la media naranja, como se suele llamar es complicado. No os penséis que estoy jodido por este tema, pero quizás si cansado, pero estoy a gusto conmigo mismo, estoy pasando una etapa de putisima madre, y bueno, no me importa estar solo, porque la verdad que no me aburro ni un solo segundo, pero si tiene que llegar, llegará, si le tengo que conocer, le conoceré, pero a veces creo que cuando voy conociendo a alguien, lo tengo algo más difícil que otros, ya que puedo conocer a alguien, y vais coqueteando, escribiendo, hablando o lo que sea, pero tener que decir “oye, que marcho un par de meses a Nueva York, oye, que marcho un par de meses a Australia o esta semana no estoy, o esta semana no puedo” es jodido. Me ha pasado. Ya sé que si amas de verdad eso no importa, pero no se ama de la noche a la mañana, no se puede amar en un par de días, aunque se diga, aunque quizás realmente lo sientas, no es real, porque pasa el tiempo y te das cuenta que eso no era amor. Jum, sé que parece que me afecta, pero tan solo estoy escribiendo una entrada más, y joder soy realista, pero repito, estoy pasando una gran etapa, y no puedo quejarme de casi nada.
La verdad que ahora recuerdo un privado que me dijeron hace nada: en Twitter (si alguien quiere agregarme mi Nick es “El_vascorro”) me dijeron que cuanto me media el rabo y cuando podía probarlo, y así bastantes, vamos no voy a negar lo evidente. Le contesté que podía ver dos fotos que subí al Twitter; su respuesta, aparte de “que cabronazo eres, joder menudo pollón” cosa que me “pone burrote”, es que quería quedar ya. No estaba en Madrid, y quizás hubiera quedado, pero a veces cuando quieren imponerme algo, o insisten, me canso, casi prefiero quedar yo, o decirlo yo, aunque después no se pueda o lo que sea, pero leer casi a diario (no tengo abuela, y si lo digo porque es la pura verdad y porque me sale de los cojones) lo mismo te llega a cansar. A veces no, porque hay gente que lo dice de forma, diría casi graciosa, pero no es la palabra exacta, y mola que te digan esas cosas. Es igual que cada foto que suba te digan (que bueno estás) gusta, pero que lo digan en cada foto llega a cansar. Esa es mi impresión y así lo cuento.
Ya sé que el título de la entrada era sobre mayo, pero poco puedo decir de este mes, aparte de lo que he dicho. Es un mes que me gusta, que siempre lo he visto como un mes lleno de cambios, de sorpresas, de días de descanso (este año que tengo más trabajo que nunca, estoy haciendo todos los festivos, pero ya era hora que fuera así) y huele casi a verano, a empezar el horario de ocho de la mañana a tres, de pasear por las tardes, de ir a terrazas, de ponerte manga corta, aunque a este paso va llegar Julio y aún no me he puesto ni una sola camiseta, ya que está haciendo fresco, llueve, incluso ha estado haciendo frío, pero mayo suele significar muchas cosas para mí, y no sé, es un mes que me gusta (no solo por mi cumpleaños) sino por esos cambios que siempre, casualidad o no, ha sido en este mes de mayo (para las televisiones es el mes que más facturan en publicidad, es una curiosidad que leí en una web y bueno mis colegas de Mediaset, me lo han dicho, ya sé que eso no tiene nada que ver conmigo, solo coincide en la publicidad, porque curiosamente no es el mes que más grabaciones pueda estar… en fin, una curiosidad que he querido contar).
Y bueno, poco más que decir en esta entrada. He tenido este ratito y quería estrenar el mes de mayo con una entrada, y tengo que empezar a subir antiguas, y quería abrir el blog en este mes con una entrada nueva. Pues eso, que espero que las faltas de ortografía hayan sido menos (me gustó que me lo dijerais en anteriores comentarios, porque lo dijisteis con educación y con respeto) y soy el primero que lo reconozco, cometo faltas, y los verbos a veces se me escapan por defecto, no puedo ser perfecto, pero he leído mucha prensa y bueno grandes escritores han cometido fallos iguales o peores que los míos (hace tiempo que no digo que yo también tengo la carrera de periodismo, aunque nunca ejercí, pero me gusta, como segunda opción, porque la publicidad es mi gran pasión). Ah, ves, antes de cerrar la entrada, ahora me acordé, mi primo que va a cumplir 14 años, si no pasa nada, va a seguir mis pasos, porque es un apasionado de mi mundo desde pequeño, al igual que yo, y como está estudiando bien, y saca buenas notas, supongo que si no pasa nada raro, estudiara lo que yo; no para de pedirme libros míos, que les enseñe mis trabajos, y se permite el lujo de corregirme. Me rio cuando discutimos o hablamos de un anuncio o de otro, cuando opina, habla con una pasión que me recuerda mucho a mí. Siempre me dice que será el heredero de mi “imperio”, pero yo siempre le respondo que le tendrá que dar explicaciones a mi hijo… me gusta verle trabajar, me gusta oírle cuando me replica, que él hubiera hecho esto, hubiera quitado lo otro… espero que su opinión no cambie y estudie la carrera, aunque haga lo que haga, lo que importa es que sea feliz, que lo haga porque le gusta, le apasioné y no por obligación (mientras estoy escribiendo, la secretaria y los compis no paran de escribirme por el “communicator”, esto es un chat interno de la empresa, que desde hace un tiempo se ha puesto de moda, no sé si se escribe así)… pues bien, creo que ahora sí es hora de cerrar está entrada, que me ha gustado mucho escribirla, reflexionar un poco, y esas cosas que hago cuando escribo.
Tan solo despedirme, hasta la próxima, mandaros miles de besotazos, de mi marca por supuesto, y que espero que me felicitéis en mi cumple.
Ale os dejo otro pedacito de mi gran obra maestra, que es mi vida. ¡Qué profundo eh! Ale, un abrazo a todos y en especial a mis dos nuevos seguidores.