martes, 9 de julio de 2013

MARICA MALA (QUINTA PARTE Y ÚLTIMA. FICCIÓN)

Desde aquella noche, en que el plan daba comienzo, Santiago y yo nos veíamos a escondidas, como dos furtivos en la oscuridad de la noche, para que Jesús no nos encontrara juntos, y no se fuera todo al traste. Debíamos ser cautelosos, y de cierta forma, aquel juego daba mucho morbo. Vernos a escondidas, en lugares que no frecuentábamos, como dos amantes necesitados de amor y pasión, como si nuestras respectivas parejas, nos fueran a pillar en cualquier momento, daba rienda a nuestra imaginación. Follábamos como si fuera la última vez que iba a suceder y eso nos satisfacía más de lo que creíamos. Quizás es una tontería, pero nosotros lo veíamos así. Y joder de qué manera nos dábamos placer.

Ni él venía a mi casa, ni yo a la suya; comíamos de vez en cuando juntos, pero fuera del centro. De vez en cuando, escribía algún tweet "al galleto", para no levantar sospechas. Todos mis amigos ya sabían de qué se trataba, y el resto no me preocupaba. La cita estaba a punto de producirse. Él quería verme en el pub, concretamente "En el sitio", me imagino que para que todos nos vieran juntos, y así demostrar que había conseguido su objetivo. En un principio nos íbamos a ver en la terraza, donde me abordo por primera vez, pero donde había dicho él, me pareció mucho mejor. Él solo se iba a poner en ridículo, ya que el pub suele estar frecuentado por mis colegas, y se suele llenar con facilitad, así que todos iban a ver como es realmente. Todo estaba calculado al milímetro y nuestra amiga la camarera, iba a ser una gran cómplice. Yo solo quería que me dejara en paz, tranquilo, y aunque tuviera que volver a verle, no se digiera nunca a mí.  Sólo esperaba que todo saliera tal como esperaba, pero la verdad que salió mucho mejor.

Pero antes de aquella cita, que Jesús, tanto deseaba, me lo encontré "En la casa del libro". No se sí fue casualidad o no. Yo estaba buscando un título en concreto, ya que quería regalarle a mi novio, el último libro de Lucía Etxebarria. Le gustaba mucho y tenía todos los títulos, menos la última, recién publicada, y antes de que Santiago la comprara, lo iba hacer yo. Buscando por la sección, de las tapas duras, ya que no quería, regalarle la edición de bolsillo, y no quería que lo tuviera en su ebook, me sigue pareciendo más atractivo el papel, me pareció oír la voz de Jesús. Al mirar de reojo, comprobé que se trataba de él; iba acompañado por un tal Antonio, otro usuario de Twitter, de su misma calaña. Lo sé porque le encantaba criticar, igual que a él, y le seguía el juego en todo momento, así que vi una oportunidad; sin pensarlo dos veces, me acerque a ellos, saludándoles, de forma efusiva, con mi sonrisa habitual, ya que tenía que picar más el anzuelo. No me costó mucho conseguir su atención. Antonio me miro algo perplejo, ya que no entendía, que yo, la persona que más había atacado, sin necesidad alguna, mintiendo respecto a mí, me acercara a ellos de aquella manera. Jesús, sonriendo como un idiota, le dijo que precisamente le iba a contar, en breve, que nosotros dos íbamos a empezar a salir juntos. De forma descarada, y sin esconderse, casi le ordeno, que ya dejara de atacarme. Más marica mala no podía ser; me guiñaron un ojo, casi a la vez. Él mismo se había delatado, cosa que ya sabía que era así, tan solo tenía que echar un vistazo sus tweets, y quien respondía de una forma u otra, y Antonio le era muy leal, porque era otra marica mala, que casi con desesperación, le lamía el culo y hacia caso de sus indicaciones, y allí mismo, le falto segundos para bajarse los pantalones y dejarse dar. O bajárselos a él y lamerle el culo, como si aquello le fuera a dar lo que ansiaba. Los dos, con afán de protagonismo, pero cayendo en lo más bajo, seguían casi la mismas directrices. Si alguien me hablaba, ellos actuaban de la misma forma, hablándoles mal de mí y de la gente que me rodeaba. Incluso he visto, como ha intentado manipular a chicos de veintidós años, a un tan Gonzalo, eso sí, en privado. Lo sé porque el mismo me lo dijo, tal cual, que “el galleto” y Antonio, le habían dicho que me dejara de seguir, de hablar, que si no se atendiera a las consecuencias. Él no hizo caso, como muchos otros, y me lo dijo con total normalidad. Vamos, que estos dos, iban a por gente, supuestamente débil, o que creen que no les van a contestar. Pero desde que me visito aquella noche, por supuesto, sus palabras fueron bien distintas. Creí que Antonio, iba a ser el primero en saberlo y eso me sorprendió, pero bueno, el plan estaba en marcha, y aquel encuentro, casual o no, hizo que saliera mucho mejor. Porque tras despedirme, sin besos, porque no estaba dispuesto a dárselos, ambos escribieron en Twitter, su encuentro conmigo. No de forma despectiva, ni tan si quieran mintieron y aquello me asustaba más aún, ya que eran imprevisibles. Pero demuestra lo que todos nos imaginábamos, que están podridos por dentro.


Tras salir de la librería, mande un whatsapp a mi chico, ya que nos debíamos de encontrar en breve, pero no estaba seguro, si ambos me iban a seguir. Eran capaces de eso y de mucho más, así que cogí la dirección contraria, y me dirigí al piso de Vanessa. Allí iba a esperar, con ganas, a Santiago. Tenía ganas de ver la cara, cuando le diera mi regalo. No era ninguna fecha especial, nunca he necesitado esperar a su cumpleaños o aniversario, para regalarnos algún detalle: lo inesperado era mucho mejor, y ambos éramos bastantes detallistas. Así que, me acomode en el sofá. Para matar el tiempo, jugué algunas partidas. En la espera, llego Vanessa y su novia; Iban a recoger algunas cosas y en seguida se marcharon. A los cinco minutos, Santiago llego. Yo estaba en gayumbos, bien cómodo, como a mí me gustaba estar, así que, nada más abrir la puerta, me beso, agarrándome el paquete. Se me puso dura al instante, y notar su lengua en mi boca, me puso a mil por hora; le quité la camiseta, cerrando la puerta de un portazo. Nuestras lenguas iban jugando, encontrándose en la boca, mordiéndome el cuello, lamiéndome el sobaco, mientras mis manos jugaba con sus pelotas; no lleguemos ni a la habitación y follemos en el suelo. Un buen polvazo; acabemos en la ducha, para refrescarnos y esas cosas; luego le di el regalo. Sus ojos se iluminaron, abriéndose como platos, y con una sonrisa pícara me dijo que ha estado a punto de comprárselo. Menos mal que me adelanté.

Tras picotear algo en casa de nuestras amigas, y comprobar el correo, necesitaba saber si ya habían llegado mis propuestas laborales, vi varios correos, sin identificar y la dirección era algo extraña. Los abrí para descubrir de que se trataba, quizás eran de esos spam molestos, pero no, se trataba de un correo donde me amenazaban, sin ningún sentido, diciéndome que si a ver si tenía huevos de presentarme frente a él; claro, me lo dice alguien que no da la cara, y me firma como anónimo. Manda cojones, que alguien que no se identifica, me amenace. No sé de qué iba aquello, así que, sin más los borré. No les di más importancia.

La semana transcurrió con normalidad. El trabajo me agobiaba un poco, pero las cosas iban al ritmo deseado y aunque deseaba tener vacaciones, sabía que ese año no iba a poder ser; Mis Tweets cruzados con Jesús iban al ritmo que yo marcaba, y él no sospechaba nada. Nunca llegué a decir que había roto con Santiago, no lo iba hacer, pero al no dirigirnos las palabras y vernos a escondidas, también había funcionado. Así que llego la hora de la verdad, de la cita con "el galleto", nada apetecible, pero deseando que acabara todo de una vez; poco a poco había ido reconociendo que había mentido, respeto a muchas cosas sobre mí y del resto de la gente; parecía que había cambiado, sabiendo que era pura fachada. Así que aquel viernes, quedé con él, donde él había elegido. Yo llegué antes que él, dándole una excusa, que  no podía quedar antes por trabajo y que era mejor que nos viéramos directamente allí. Cuando vi aparecer a Jesús, con aquel sombrero de copas, no sabía si esconderme, o largarme por dónde había venido. No me podía creer que viniera de esa guisa. Un sombrero que no le favorecía nada, bueno, tenía un gusto bastante pésimo y para mi gusto nada le favorecía. Sólo faltaba que hubiera llegado en una vespa, ya que tras saber que yo tenía una, me dijo que era su moto preferida. No era ninguna casualidad, ya que casi todo lo que me gustaba, a él le fascinaba. Lo que antes negaba, ahora le parecía bien. Se acercó a mí, con esa manera de caminar, seguía pavoneándose, saludando unos y a otros, sabiendo que nadie le iba a contestar, pero a él le importaba bien poco. Tenía ganas de que acabara todo, así que, sonreí lo mejor que pude y le saludé. Él miro alrededor, asegurándose que la gente le miraba o buscando entre la gente a Santiago. Me dejó claro que no quería que estuviera allí, no pudiéndole asegurar eso, ya que según le conté, hacia tiempo que no le veía, que no sabía de él, y que no era de extrañar que apareciera por allí; sabía de sobras que iba aparecer, tarde o temprano, con nuestros amigos en común, así habíamos quedado.

Me quiso dar dos besos y de mala ganas se los dí. No podía fallar en ese momento. No sabía de que hablar, ni que decirle, pero él lo hizo por los dos. Me contó, que por su trabajo, había "salvado" algunas empresas, haciéndole el trabajo más fácil. No sabía que quería exactamente y al preguntarle, no supo responderme y con evasivas cambio de tema. Para lo que solía hablar, estaba bastante callado. No sé si por los nervios o porque nadie nos miraba. En varios intentos, me quiso besar en la boca, tocándome la mano. Hice amago, cogiendo la copa, sonriendo e intentando evitar que consiguiera robarme un beso en mis labios. Por un instante parecía que se estaba enfadando y miraba el móvil algo nervioso. Pensé que se iba a poner a escribir allí mismo. Seguimos hablando de cosas triviales, deseando ver entrar a mis colegas y a mi chico. El momento llegó, alrededor de las doce de la noche. Ninguno me llegaron a saludar, así lo habíamos decidido y menos Santiago. Nosotros estábamos ya tomando la segunda copa; había desistido un poco de intentar besarme, sintiéndome incomodo por momentos y cuando ya estábamos los que debíamos estar, le dije que por que no me pedía disculpas públicamente. Me miró extrañado, contestando que ya lo había echo a través de su cuenta Twitter, y que si podía olvidar aquellos malos entendidos. Para nada habían sido malos entendidos, ya que él rajó todo lo que quiso y más, sin decir ninguna puta verdad, y le dije que si realmente quería algo serio conmigo, tenía que pedir disculpas públicamente, que aquella noche era la idónea, y si demostraba que realmente sentía "esos malos entendidos", no quise echar mas leña al fuego, debía de coger el micro y decir que se había equivocado totalmente conmigo; no estaba seguro de que fuera a conseguir eso y fue cuando Vanessa entró en acción: se acercó donde estábamos, con unos chupitos de tequila, y con su simpatía, habitual en ella, nos dijo que nos invitaba, que teníamos que brindar por nuestro futuro y por el nuevo comienzo. No me sentía cómodo haciendo eso, pero tenía que conseguir que me pidiera disculpas en publico, contando la verdad de una vez por todas. Brindemos los tres, nos lo bebimos de golpe; seguía sin reaccionar, así que, decidí ir al cuarto de baño, mientras nos preparaba otro tequila, para poder mandar un whatsapp a Santiago, para decirle que a lo mejor le iba a besar, para que se decidiera de una vez de hablar. No le pareció bien, ni a mi tampoco me gustaba la idea, pero tenía que hacerlo o no sabía como iba a conseguir el objetivo, e iba a pensar que me tenía y no nos iba a dejar en paz en ningún momento. Así que, decidido, regresé a su lado. Volvimos a brindar, le cogí la mano, sudorosa, y le dije que si no hacía aquello por mí, que lo nuestro nunca iba a funcionar, y cuando le iba a besar, justo en el momento, fue cuando me dijo que sí, que lo iba hacer, que estaba dispuesto a subirse a la cabina del disc-jockey; le guiñe un ojo, dándole un empujón para que subiera. Se paró la música por un instante, y allí de pie, donde quería que estuviera, subido en la cabina, empezó a pedirme disculpas, a mí y al resto de amigos, de gente que había hablado mal, contando la verdad. Y ahora es, cuando, quiero que la gente vea su verdadera cara, así que, Santiago se acercó a mí, y empezó a besarme. Al vernos, se enfureció tanto, que sin darse cuenta donde estaba realmente, empezó a despotricar sobre nosotros, insultándonos, dando su verdadera cara, cambiando su discurso por completo. De los halagos, a insultos, de la verdad a mentiras, sin importarle que la gente le estaba oyendo, por primera vez y última. Así que, haciéndole una peineta, mi chico y yo seguíamos besándonos, cuando nuestro colega, continuo con la música. Él se bajo enfurecido, se dirigió a mí y fue cuando le dije que se fuera a la mierda de una puta vez y que me dejará en paz, que ya todos habían visto como es realmente y que estaba grabado en muchos móviles y que con un solo clic, se iba  a subir a las redes, así que, lo único que podía hacer, era dejarnos en paz y desaparecer de nuestras vidas. Se marchó sin poder decirnos nada más, y desde aquella noche no he vuelto a saber de él. Ni un solo Tweet, ni una sola palabra más, ni una sola visita, tal como llegó desapareció, y si alguna vez nos vio, nunca más se acercó a saludarnos. Por supuesto, de Antonio, que presenció todo, nunca más se atrevió a decir nada malo de nosotros. Los dos, desaparecieron de nuestras vidas para siempre. 

Pero aquella noche, no fue la única sorpresa que tuve, porque tras deshacernos de la marica mala, Santiago me pidió que me casara con él. Así que a día de hoy, estamos casados, viviendo juntos, felices cien por cien, teniendo el buen sexo que siempre hemos tenido, llevando la vida que los dos queríamos. Somos felices juntos, nos amamos, mi trabajo, mis esfuerzos, dieron sus frutos inmediatos, así que no podía pedir nada más. Si, solo una cosa, no cruzarme nunca más con una marica mala.

FIN

martes, 2 de julio de 2013

MARICA MALA (CUARTA PARTE. FICCIÓN)

Tras sentir su asquerosa mano y percatarme que se trata de Jesús, me levanté del banco inmediatamente; sin mayor vacilación, le pegué varios puñetazos en la cara, rompiéndole la nariz. Me tenía hasta los huevos, con sus tonterías y sus encontronazos “casuales”; él, en lugar de defenderse, sonrió malévolamente, con una sonrisa que me dio arcadas; una sonrisa de marica mala, perversa, que había planeado todos los encuentros al milímetro, cuadrando su plan a la perfección, siendo yo su presa. Así me lo hizo saber, tras limpiarse la nariz, sujetándosela como si se le fuera a caer; se quedó inmóvil en una de las rayuelas del andén; me soltó que había conseguido su objetivo, que le pegara para poder denunciarme, acaso no hiciera lo que él quisiera, que era tenerme en su cama. Yo estaba flipando, no podía entender, que hubiera hecho todo eso por tener sexo conmigo, o por poder llegar a ser algo más. Lo que me estaba ocurriendo no podía ser real, como una persona puede llegar a ese punto enfermizo, de inventarse cosas sobre mí y los demás, de seguirme y quedarse como un pasmarote, inmóvil en la rayuela sucia, como si lo que me hubiera dicho, hubiera sido una cosa normal.

Mi reacción, fue arrearle otro puñetazo, con todas mis fuerzas, me daba igual que me denunciara, me la suda, es más, no creo que ni lo haga. Tras tumbarlo de nuevo, me giré y le dejé claro las cosas, una vez más, sin saber que iba a servir de algo, ya que le daba absolutamente todo igual. Me lo había demostrado, soltándome aquella estupidez, que tío más patético, que mente más enfermiza; me estaba empezando a dar verdaderamente asco. Menos mal que el metro ya ha llegado; me monté en uno de los vagones, y le hice una peineta. No me voy ni a molestar en mirar el Twitter, me la pela lo que diga de mí, o de mi gente. Ya estaba realmente hasta los cojones de tener que encontrármelo en cada sitio que iba, de verle pavonearse, de oír su puta carcajada. No suelo ser violento, pero “el galleto” había pasado ya el límite de mi paciencia. Es que tras contárselo a Santiago, aún no me podía creer, que aquella mente enfermiza, estaba haciendo todo eso, por tener mi polla en su boca, en culo o creer que podía tener algo serio con él; ni como se suele decir, aunque fuera el último tío de la tierra, me lo follaba. Antes de metérsela a un tío como él, prefiero pajearme mil veces; estoy realmente encabronado, pero no de forma sexual, sino tengo una mala leche encima, de no saber, desde cuando el puto Jesús me está espiando. No es que le tenga miedo, pero si es capaz de hacer eso, se le puede cruzar más los cables y hacer algo más grabe. Es más, no creo ni que este enamorado de mí, sino que es un enfermo mental, que se ha obsesionado conmigo, y vete a saber con cuantos más. Que no tiene vida propia y se inventa una, haciéndola suya, creyéndose sus putas mentiras, sus locuras, implicando a gente, que ni le conoce.

Antes de dormir, me di una ducha, de agua fría, de la calor que está haciendo; me hice un pajote, viendo una de mis escenas favoritas y me quedé fritó. Al día siguiente, lunes, me dirigí a la oficina, como era habitual, alrededor de las siete de la mañana. Nada más entrar, mi secretaria se encontraba ya en el puesto. Antes de entrar en el despacho, me paró un instante, y me dejó un sobre. No tenía remitente; le pregunté quien lo había dejado, moviendo los hombros sin abrir la boca. Lo abrí. Era una nota de Jesús que decía así:
“hoy a las doce te espero en la puerta del corte inglés de princesa, si no estás allí te denunciaré. Vas a ser mío si o si”.
Tiré la nota a la basura, si quería denunciarme que lo haga. Me la pela.
La mañana del lunes pasó lentamente, como todos los lunes, se me hizo bastante pesado. A las dos y cuarto, Santiago me vino a buscar para comer juntos; teníamos pensado ir al “Vips”; antes de bajar, le pregunté si había visto a Jesús merodeando por el edificio; le conté lo sucedido, no lo hice antes para no preocuparle, o para que se enojará más que yo. Me comentó que no le había visto, pero que si volvíamos a tropezar con él, que deberíamos de tomar cartas en el asunto; dicho y hecho, nada más sentarnos para comer, cerca de uno de los ventanales, vimos pasar “al galleto” con aquel hombre mayor, el mismo que vimos en la discoteca. Iban agarrados del brazo, como un abuelo con su nieto, pero con la diferencia, que una de las manos de Jesús, le tocaba el culo. Nos miraron, y él sonrío con aire triunfal; en la nariz, tenía un tabique, y signos de mis puñetazos. Nos hicieron signos como si quisieran sentarse con nosotros; Santiago le dijo que no, pero como si no hubiera dicho nada. Menos mal que estaba bastante lleno y no pudimos cambiarnos a una mesa más grande, y tuvieron que sentarse algo lejos. Pero sabía que me miraba, sabía que le estaría contando mentiras y sabía que iba a ser una auténtica pesadilla. Algo tenía que hacer, pero no sabía el qué.

Aquella misma tarde, nos lo crucemos una y otra vez, claro lo tenía fácil, estábamos en el centro, por la calle Fuencarral. Al final logremos darle esquinazo. Temíamos que si me lo había encontrado en la parada del metro, cercano al piso de mi chico, podría saber dónde vivía. Al menos en mi pequeño piso no. O eso creo. No estábamos seguros si sabía dónde vivíamos, pero pronto lo íbamos averiguar. Alrededor de las nueve de la noche, tras pedir comida china, estábamos los dos sentado en el sofá, tranquilamente, cuando sonó el telefonillo. No podía ser el repartidor, no había pasado ni un cuarto de hora. Santiago se levantó, descolgándolo de forma graciosa, cuando en cuestión de segundos soltó por su boca "hijo de puta". Me miró cabreado, y con esa mirada, me hizo entender que se trataba de Jesús. No me lo podía creer, el muy hijo de perra nos había seguido, o no sé como demonios había averiguado donde vivía  y es más, si sabía donde nos encontrábamos, seguramente sabía donde vivía yo. ¿Cómo? pues no lo sé. Me puse el pantalón y bajemos por las escaleras, pero él ya no estaba allí. Tras cenar y de un par de llamadas al teléfono fijo, sin obtener respuesta del otro lado, llamemos a un amigo policía, para explicarle la situación y para ver si podíamos hacer algo. Vino a casa con unas cervezas, y le expliquemos lo que nos está ocurriendo, con todo detalle. No obvie ninguna parte. Nos dijo que poco podíamos hacer, ya que esas denuncias casi no llegan a nada o que tardaría mucho en solucionarse, y que no me preocupara, porque él cree lo mismo que yo, que no me va a llegar a denunciar, ya que tendría que contar algo convincente, y tal como es Jesús Galient, no cree que se le ocurra. Que lo que podía hacer, era hacerle un pequeño engaño, porque está casi seguro, que si le "daba una cita" me dejaría en paz. No estaba muy convencido de eso, pero podría funcionar.


Desde aquella noche, estuve un tiempo sin verle, y ya casi creí que había desaparecido de mi vida. Miré un par de veces su cuenta, y seguía con sus gilipolleces, pero me había dejado de mencionar. Era casi un milagro, no me dejó ninguna nota más, no le vi alrededor del edificio de mi trabajo, no volvió por casa de mi chico... pero cuando menos me lo esperé y ya creía que se había olvidado de mí, una noche me encontraba en casa, preparando unos informes para el día siguiente, cuando llamaron directamente a la puerta. Antes de abrir, me puse un pantalón y una camiseta. Estaba desnudo, como era habitual, y más en verano. Miré por la virilla, temiendo lo peor. Y así fue, era Jesús. Iba vestido con un pantalón de lo más ridículo con una camiseta negra. Llevaba unas gafas de sol, extra grande, que no necesitaba en ese momento, y sonreía de esa forma que me sacaba de mis casillas. Con su voz, seguido de una carcajada escandalosa, me dijo que si no le dejaba entrar, iba a montar un escándalo  y que si no había ido a denunciarme, era porque me daba una oportunidad. Como si la necesitara, pensé yo. Le dejé hablar, y como en tantas ocasiones, solo decía estupideces; se inventó que se había tenido que marchar a Valencia, a ver a un familiar. Con voz cortante, le dije que fuera al grano y que cojones quería de mí. Su respuesta, tras seguir contando cosas que no me interesaba en absoluto, y menos viniendo de él, fue que fuera su amigo. Perplejo tras oír su respuesta, y recordando el plan, le dije que le daba una oportunidad, pero tenía que dejar de seguirme, de molestar a mi chico; eso le puso furioso, al oír que decía mi chico, su cara cambió por completo; se puso a gritar como un histérico, que si no decía en Twitter que lo había dejado con Santiago por él, que me iba hacer al vida imposible. Como si no lo estuviera haciendo ya. Con paciencia, me lo llevé a mi terreno; no sé como pude aguantar las ganas de volver a zurrarle, pero lo hice, con total serenidad, le dije que eso no lo iba hacer, ya que no hacía falta; le mentí diciéndole que estábamos mal, y seguramente lo íbamos a dejar definitivamente y que cuando tuviera un hueco, podríamos quedar a tomar algo, ya que ahora andaba ocupado. Picó el anzuelo, tranquilizándose; me guiñó un ojo, pensé que iba a darme un beso, pero me dio la mano y tal como vino se fue. Cerré la puerta, respiré por un instante, casi con desesperación. Llamé a mis colegas, a mi novio y le expliqué lo ocurrido. El plan se había puesto en marcha.


lunes, 1 de julio de 2013

RECUERDOS

El martes 25 de Junio del 2013, Lucía y nuestro hijo (os recuerdo su nombre Asier González Rubio) se vinieron a casa a dormir, ya que los tres al día siguiente nos íbamos a Milán. Como ya sabéis estamos en la ciudad grabando unos spots y aprovechando bien el tiempo, visitando a nuestros amigos, de compras, vamos haciendo turismo. Antes de empezar con la entrada, con lo que quiero decir, os tengo que contar la anécdota de mi pequeñajo, una de ellas, ya que está “para comérselo” de las cosas o preguntas que nos dice. El fin de semana (este pasado) no tuve que trabajar, así que aprovechemos al máximo el tiempo y fuimos a visitar a unos amigos; éstos tienen hijos, y como hacía buen tiempo, salimos a su jardín. Sus hijos se pusieron a jugar con el mío, y fue cuando mi peque, vino a mí y me dijo: “papa no entiendo a los niños cuando hablan”; nos echemos a reír y mi peque se abrazó a su madre. Fue cuando le volvimos a explicar, con más calma (nada más llegar a Milán ya me dijo a mí “que hablo raro”), que estamos en otro país, lo del idioma, y esas cosas. Pero fue muy gracioso, por su forma de explicar las cosas y de decirlas. Se me cae la baba… las cosas que tienen los niños. Por cierto, al final, se entendieron a su manera y estuvieron jugando toda la tarde. La verdad que mi peque es poco vergonzoso, y se relaciona bien con el resto de peques, por eso nos gustó la idea de la guardería, de llevarle a natación (que va aprendiendo muy bien), ya que vemos positivo que se vaya relacionando con otros niños. Así que nosotros contentos con su crecimiento y la educación que le estamos dando, tanto la madre como yo, lo hablamos mucho, ya que al no vivir juntos, pues no queremos darle “doble educación”.
 
Pues bien, la entrada va relacionada con ese martes, bueno ya era miércoles porque nos dieron las mil y una. Las tres de la madrugada, para ser exactos. Cuando al peque le llevemos a la cama, y le dimos los besos de buenas noches, nos quedemos los dos mirándole, mientras dormía. Lucía me abrazó (me va a matar cuando lea la entrada, aunque se lo he dicho que iba a escribir sobre este tema… menos mal que no le he puesto cara, y no lo voy hacer) y se puso a llorar. No de tristeza, sino de alegría. Me contagió a mí y los dos mirando a nuestro hijo, embobados, estuvimos llorando por lo feliz que nos sentíamos al tenerle en nuestra vida. Cuando nos sentemos en el sofá, y fumemos un cigarro (bueno yo jeje) estuvimos hablando de cuando decidimos tenerlo, de cuando nació, de su primera palabra, el gateo… vamos que teníamos una sonrisa de oreja a oreja, con cada tema nuevo. Después llegó el momento de las fotos. Como en esta era, digital, pues tenemos fotos en móvil, en CD, en portátil, estas cosas de la modernidad, así que vimos fotos mías (por ejemplo, la que subí en Twitter y Facebook, la foto mía con la bata que me hizo ella, ya que siempre me dice que salgo guapo en las fotos, así que recién levantado, mi rabo ya estaba en reposo, es un apunte mío, me puso esa bata, que no sé de donde la sacó y me hizo la foto), así que me dijo: “como no sé si la has subido, pero creo que no, porque un pajarito no la ha visto, ya puedes subirla y me dirás” con una risita de gamberrilla. Así que la hice caso y días más tarde la subí.
 
Respeto al tema de los recuerdos y las lágrimas de felicidad, quería decir, que los padres, tenemos miedos a que no sepamos o no demos la educación correcta, o que le mimemos demasiado. Cada cual lo hace lo mejor posible, y cuando los padres están separados, yo creo, y es lo que hacemos, hay que tratar los temas en conjunto, tal como he dicho, para no darles doble educación y confunda a los niños. Aún es pequeño, pero ya va entiendo bien las cosas y como he dicho en otras ocasiones, más adelante, nos preguntará muchas más cosas y todo tendrá su explicación. Digo esto, porque en el colegio, le preguntaron por papá y mamá, que explicara un poco sobre ellos y él dijo que vivíamos en dos casas distintas y su profesora, habló con nosotros y nos dijo que no “notaba” que eso fuera así. No sé si ahora me estoy explicando, pero es que no tiene por qué notarse o no debería. Ya sabéis la historia de nosotros dos, así que sobre este tema no hay mucho más que explicar, tan solo que cuando llegue a su debido tiempo, las cosas se le explicara de forma natural, y si algún día tengo pareja (chico) pues se le explicará y punto. No hay que darle más vueltas, ni mayor importancia, porque es responsabilidad nuestra que él vaya creciendo, viendo las cosas con naturalidad y así le estamos dando la explicación, lo mejor posible y sabemos, pero no es nada fácil y cuando oigo que un padre o madre maltrata a sus hijos, no logro entender y el tema de abusos, ya ni te cuento. No sé, yo me siento orgulloso, A DIARIO, de cómo me estoy comportando como padre, y le doy todo mi cariño, le llamo a diario, le veo muy a menudo (la prueba esta que está aquí conmigo) y lo que hace un padre cualquiera, no es que yo sea ni mejor, ni peor, que muchos padres, simplemente que soy responsable, al igual que la madre, de su crecimiento, alimentación… ¡Cómo debe ser!
 
Pues poco más que decir en esta entrada, ya que tampoco es cuestión de alargar el tema, con cosas obvias, o al menos deberían serlas, simplemente que aquella noche, que nos dio las tres de la madrugada, estuvimos recordando cosas del pasado (no siempre es malo echar la vista atrás) y nos reímos de muchas anécdotas que hemos vivido juntos, recordando fotos nuestras, por separado, de mi hijo, de mis padres (mi peque me preguntó dónde estaban sus otros abuelos, y buff, por un instante me quedé bloqueado, en blanco, porque no sabía cómo decirle que están fallecidos), pero se lo expliqué lo mejor que pude. Me sorprendió que me preguntara por ellos, porque a veces, le veo más mayor de lo que es… pero bueno, le dije lo que tenía que decir (tampoco voy a reproducir todo aquí) y ya está. Es eso, se lo dije de la forma más natural, sin saber bien si lo iba a entender, y eso que aún no ha llegado a la edad de preguntar todo. Pues eso, colegas, que los recuerdos no siempre son malos, y que mirar fotos, hablar durante la noche con ella me gustó mucho; así se lo hice saber, porque es bueno decir las cosas que uno siente, y tuvimos una noche muy bonita. Pues nada, aquí os dejo está entrada, sencilla y natural, o al menos yo lo veo así, y os digo como siempre, hasta la próxima.
 
Besotazos de mi marca, hoy unos cuantos y tener buen Julio.
 


martes, 25 de junio de 2013

ITALIA

En este año 2013 aún no he viajado por trabajo; mi propósito era viajar lo menos posible, y mandar gente de mi equipo; el objetivo está claro, estar con mi hijo, y así ha sido. Todos los fines de semana, o casi todos, lo he pasado con él. Los últimos proyectos conseguidos y aprobados son para grabar los spots en Milán ( por supuesto no son los únicos). No estaba seguro si iba a ir o no, y como lo han atrasado un poquito (ellos deciden) y me requieren, pues me ha venido genial ese atraso, ya que así puedo ir con mi peque y Lucía. Nosotros encantados. Marchamos mañana 26 de Junio y aproximadamente estaré unas dos semanas. Lucía se coge vacaciones “anticipadas” y así podemos estar con nuestro retoño. Digo el tiempo aproximado, porque nunca se sabe cómo van a ir las cosas y normalmente, como he explicado muchas veces, no suelo sacar billete de vuelta, lo tengo que tener bastante claro, porque normalmente siempre se está más tiempo de lo habitual, por el clima, por causas ajenas a nosotros, y como lo suelo sacar en la agencia de confianza, no hay problema, y si no encuentro billete para ese día, pues voy otro, si por días no será.

Pues bien, mañana nos vamos; ya tenemos la reserva del hotel; voy a uno que ya me conocen y hemos reservado una bien grande… ¡ay pillines, como os gusta la palabra grande y más cuando lo escribo jeje jeje! Pues eso, una suite grande, para estar cómodos. Me gusta la comodidad y no estar apretujados y como siempre digo, si puedo pagarlo, pues se paga. También me llevaran en coche, ya que así me lo han dicho; para mí es cómodo, ya que no tengo que ir con GPS y conducir en un lugar que no conoces bien, no me suele gustar. Y bueno, eso lo pone la firma. Como siempre, por contrato (yo diría por respeto), no diré cual, y si alguna vez os lo puedo enseñar, pues ya lo veréis.
Como he dicho va a ser mi primer viaje en 2013 (sin contar los primeros días de enero que fue cuando regresemos de Nueva York), y la verdad, que ya me apetecía, salir un poco de la “rutina” (mi trabajo no lo es para nada rutinario) y salir de Madrid. Es más, no estaré, como casi nunca, en la ciudad, cuando empiece el “orgullo gay”; como he dicho en otras ocasiones, para nada estoy en contra, sería un poco de locos, pero no me “representó” por la festividad, pero por supuesto, no la critico, ni digo nada malo de ella, es más, me parece injusto cuando hablan mal de ella o los políticos intentar frenarla; creo que ya me entendéis cuando digo que no me representa, y si puedo, no suelo estar en esos días y si estoy, me quedo en casa o haciendo otras cosas (como follar por ejemplo). Así que este año, pensaba que iba a estar en Madrid, pero los planes ya estaban hechos, pasarlo con mi hijo. Espero que nadie se moleste por lo que he dicho, no quiero eso, pero solo doy mi opinión y no creo que este diciendo nada malo. Los que vayáis, disfrutarlo.
Pensé que mi primer viaje por trabajo iba a ser París o Sídney (si no hay cambios de última hora, iré para el 17 de agosto, y como el año pasado, unas tres semanas más o menos), pero al final me han requerido en Milán. Lo mejor de todo, es que lo pasaré con mi familia, y aunque tenga que trabajar y esas cosas, podré disfrutar las tardes con ellos. No sé qué temperatura hará, no he mirado nada relacionado con el tiempo, pero esperemos que haga buen tiempo, o al menos no llueva y esas cosas. Bueno, ya os iré informado en Twitter, y en Facebook, que ya me han levantado el castigo. Para los que no sabéis, subí mi foto, la que estoy encima de la mesa. Me mandaron un aviso (algún envidioso, más bien mierdecilla, la denunció) para que la borrara. Como no me salió de los cojones, y no la borré, me “castigaron” con estar 7 días sin poder publicar nada, solo podía mandar mensajes privados (no me gustan demasiado) y jugar a los juegos. Al menos las partidas al “Candy Crush” las podía jugar y al resto de juegos. No entiendo que haya páginas homófobas, xenófobas y en contra de otros colectivos honorables, o que suban fotos de más desnudo, que la mía y no pase nada, pero bueno, siempre he dicho que son algo mojigatos, pero acaté la ley, no tuve más huevos que acatarla y ahora estaré un tiempo “siendo bueno”, para que no pase nada más.
Esta entrada va a ser cortita, solo quería explicar un poquito como va este año. Los proyectos van geniales, los fines de semana los paso con mi hijo, veo a mis amigos cuando puedo, sexo no me falta, y estoy bien, he pasado algunos bachecitos, como es obvio, no todo es de color de rosa, pero en general el 2013, en este primer semestre que se acaba, las cosas están saliendo bien. Y es mucho, ya que las cosas no se están arreglando, por mucho que digan. Pero bueno, yo y los míos estamos bien, y sigo ahí en la cresta de la ola, le pese a quien le pese.
Pues nada, os mando un besote y espero que la próxima entrada sea la cuarta parte de “Marica Mala” que veo por vuestros comentarios y demás, que está gustando y me alegro que así sea. Creo que será la cuarta parte, será la última, porque ya estoy pensando cómo va acabar, y creo que será la última, pero bueno, no desveló nada hasta que la vaya perfilando y la publique. Por cierto en total ya tengo 31541 visitas, muchas gracias.
Un besotazo, solo uno, de mi marca.


lunes, 24 de junio de 2013

MARICA MALA (TERCERA PARTE. FICCIÓN)

Antes de entrar a “Bepop”, di las últimas caladas al cigarro, lo tiré al suelo y por instinto lo pisotee. Mire a un lado y a otro, quería asegurarme de que Jesús no nos había seguido. Quería tener la noche tranquila y no liarla; Andrés había sacado ya las entradas; Santiago, me miró con impaciencia. No le gustaba que fumara. Él lo había dejado años atrás, y le molestaba más que a cualquier otra persona. Y eso que yo fumaba poco, unos seis cigarros al día, aunque reconozco que cuando salgo de fiesta, fumó mucho más, y eso que en los bares ya no se puede fumar. En casa, cuando estoy solo, me suelo fumar un par; en mi pisito tengo un pequeño balcón, chiquitito, pero suficiente para no fumar dentro de casa. Y cuando estoy con él, quizás uno, el típico detrás de comer. Cuando follamos no; nunca me ha gustado fumar en la cama, y me gusta quedarme abrazado a él, y no me suelo levantar, y cuando nos pegamos la ducha, tampoco salgo al balcón. Aunque no por que este desnudo, porque no sería la primera vez, que los vecinos me han visto el rabo. No me da pudor; no es que sea un exhibicionista, pero reconozco que me pone burro, me da morbo.
Nada más entrar, me crucé con un par de ex ligues; ninguno de los dos me saludaron, pero si me miraron el paquete. Solía ligar bastante, y folleteo no me faltaba. Lo que ocurría, era eso, que después si encontrabas a los que te habías follado, algunos no te saludaban. La verdad que me considero una persona de lo más normal, no me considero que este bueno; pero tengo mi encanto y no son por los centímetros de polla. La tengo grande y hermosa, veinte tres para ser exactos, y lo importante que sé utilizarla, pero lo que más me gusta son mis ojos. Ya ves, que curioso, la mayoría me miran el cipote. Pues bien, ninguno de los dos me saludó, aunque uno de ellos, más tarde, intento cogérmela cuando estaba en el lavabo. Le di un sopapo. Me habían tocado demasiado las pelotas y no pude más. No pasó nada. No se reveló, simplemente me miró con cara de asco, por encima de su hombro, de pura rabia, sabiendo que no iba a probar más mi rabo y salió echando leches.

La noche avanzaba más deprisa de lo que quisiera; nos lo estábamos pasando de puta madre, y ya llevábamos unas cuantas copas de más, pero aun creía que controlaba la situación. Vamos, que íbamos camino de coger una buena cogorza. No sé en qué momento de la noche, llego Pedro al local. Estábamos bailando, cuando se nos acercó y nos llevó hacia la barra. Nos invitó a unos chupitos de tequila, luego llegaron dos más; me reía por cualquier cosa. Entonces pedí una botella de agua, ya era la hora de que parara de beber. Y fue cuando vimos acercarse a Jesús, agarrado a un hombre mayor. Tendría unos cincuenta años. Iba sonriendo, como si fuera la reina de la noche, pavoneándose, intentando ser el centro de atención. No lo consiguió, porque lo único que vi, fueron las risas de los de allí presente. Pero a él le daba igual, ya que seguía con su “papel de estrella”. Nos lo presento como si fuera alguien importante; nos dijo que era el productor de una película independentista y que había llegado a Madrid para tomarse unos días de descanso, que le conoció en una fiesta privada, de no sé dónde. No paraba de hablar y soltar gilipolleces por la boca.  Nos sacaba de quicio con tanta verborrea, y tanta estupidez sin sentido. Soltaba esas carcajadas tan escandalosas, que los de al lado les miraba. Así él se sentía orgulloso, se inflaba como un pavo, como si hubiera conseguido su objetivo. Cuando les miraba, les sonreía falsamente y se dirigía a ellos como si les conociera de toda la vida. Ellos les ignoraba, pero él seguía hablando como si tal cosa. A nosotros tres, nos quiso aclarar que solo eran amigos, como si me importara si se lo había follado o no; estaba hasta los huevos de tener que aguantarle y por eso le dije que nos dejará en paz, y que fuera a buscarse a sus amigos, si los tenía, y que no volviera a dirigirme la palabra. Me tenía hasta la polla. Cuando le solté todo, fue la primera vez que le vi cambiar la expresión de su cara; dejó de sonreír y de soltar la carcajada tan estúpida, y con aires de diva, le dijo a su acompañante, que hoy no era mi mejor día. Al oírle, le cogí del cuello, de la camisa barata, y le dejé bien claro, que aún no había visto mi peor día. Su acompañante, no dijo nada. Le miró de reojo, algo asustado, y casi arrastrándole se lo llevo de allí. Y el muy capullo, ya entre la multitud, me guiñó un ojo. Sin conocerle, me estaba dando realmente pena. Que tío más estúpido. Mis amigos, me calmaron tras el incidente, invitándome a otra copa. Santiago me cogió la mano y me besó tan apasionadamente, que se me puso toda dura. Me flipaba como besaba. Realmente me había encabronado y ahora estaba bastante cachondo. Tenía ganas de bajarme el pantalón y soltar mi rabo, para dárselo a mi novio. Así que, no tardemos mucho en irnos. El metro estaba a punto de abrir, así que, nos empecemos a magrear mientras nos dirigíamos a la boca del metro. Nos paremos en un portal, de lo caliente que íbamos; nos besábamos  mientras nuestros paquetes se rozaban. Él mordisqueaba mi cuello y yo más caliente me ponía. Me desabrocho algún botón del pantalón y libero mi polla. Me la empezó a menear. Yo hice lo mismo con su cipote. Su lengua jugaba con la mía, me besuqueaba el cuello, me tenía encabronado, cachondisimo y si no fuera porque se encendieron las luces del portal, me lo hubiera follado allí mismo. Tuvimos que esperar hasta llegar a casa. En el ascensor, ya estábamos medios desnudos, sin importarnos, si nos cruzábamos con alguien. Y así fue, al salir a mi rellano, uno de mis vecinos, iba a pasear a su perro, ¿a esas horas? siempre me preguntaba lo mismo, como podían levantarse tan temprano para sacar al perro. Entiendo que tener una animal, conlleva esa responsabilidad, pero yo no sé si podría. De echo tuve perro cuando era pequeño, pero no lo es lo mismo, ya que lo cuidaban realmente mis padres. Ahora no tengo animales, ni los quiero, simplemente porque no tengo tiempo, y no podría cuidarlo como se merecen. Mi vecino, nos miró escandalizado y refunfuñando montó en el ascensor. Santiago y yo, nos reímos por un instante, mirándonos a los ojos, y seguimos a lo nuestro. Abrí la puerta como pude, ya que no dejaba de comerme la polla. Al entrar, me quite el pantalón y los gayumbos, e hice lo propio con los suyos. Le cogí los huevos y me trague su rabo. Estaba babosa, del calenton que llevábamos. Jugué con su culo, le metí la lengua, y cuando menos se lo esperó, le metí el rabo. Primero suavemente, con dulzura, luego subí poco a poco el ritmo, hasta darle la caña que a él tanto le gustaba recibir y a mí dar. Cambiemos de postura, porque nos gustaba mirarnos a la cara, besarnos, mientras tenía mi polla en su culo. Le zumbé de lo lindo, estábamos a mil por hora; soltó su chorro de lefa y yo sin sacar mi cipote me corrí en su ojete y seguí bombeando. ¡Qué buen polvazo! Pero teníamos ganas de más, así que continuemos follando unas horas y tras quedarnos saciados nos quedemos dormidos.


A la mañana siguiente, me despertó el sonido del móvil. Era mi madre que andaba algo preocupada, porque llevaba unas dos semanas sin llamarla. Con voz aún de dormido, la respondí como pude, que no se preocupara, que todo estaba bien, que el trabajo me había absorbido un poco, y que me disculpara. Me dijo que si seguía en la cama, que se notaba la voz cansado. La contesté que sí, que había salido de fiesta y que estábamos aun durmiendo. Me colgó con un te quiero, muy tierno, y le di un beso por teléfono. Santiago seguía durmiendo. Tenía una nalga fuera, tan prieta, tan dura, de sus horas de gimnasio. Le di un pequeño mordisco, tan apetecible, que pegó un pequeño brinco. Me sonrió, con los ojos aun cerrados y me abrazo con un solo brazo. Le acaricie la mano y continuemos durmiendo. A media tarde, nos levantemos; estábamos medio empalmados así que en la ducha volvimos a follar salvajemente.


Antes de cenar, preparé algunos temas que debía presentar el lunes a primera hora, mientras mi chico preparaba la cena. Esa noche no íbamos a salir, nos apetecía quedarnos en casa y ver una película. Mire el Twitter un instante, y fue cuando vi que “el galleto” había vuelto a mentir. Me había vuelto a mencionar, y no una vez, sino bastantes. Decía que me había visto en el lavabo del pub “el sitio” cascarsela a un tío, mientras que mi novio me la meneaba a mí. Que me había peleado con varios tíos, golpeándoles la cara y me habían echado del local, que si no me había dejado entrar en otra discoteca, que si mis amigos habían comprado coca, y mentira tras mentira, hablaba de más gente, de otros amigos, de desconocidos, cada vez diciendo algo más absurdo. No iba a entrar en su juego y como era habitual, a la media hora lo borraba y decía alguna media verdad. Nadie le contestaba y cada vez iba teniendo menos seguidores, y los pocos que les quedaban eran de su misma calaña;  lo que si observe, es que se hablaba a sí mismo, es decir, que tenía varias cuentas y las utilizaba como si fueran otras personas; se respondía a sí mismo, y se notaba porque escribía y utilizaba las mismas palabras, las mismas expresiones… se lo enseñé a Santiago. Lo siguiente que hicimos fue bloquearle.

La noche del sábado la pasemos tal como la habíamos planeado. Desconectemos los móviles y vimos tranquilamente la película. Nos hicimos unas palomitas, nos preparemos unas coca colas, con bastante hielo y disfrutemos de una velada tranquila. Tras la película, vimos otra de terror y cuando nos entró sueño, nos fuimos a la cama. Antes de dormir, nos pusimos hablar de nuestras cosas, mirándonos fijamente, charlando tranquilamente. Nuestras manos estaban entrelazadas y sentir su piel junto a la mía, me hacía sentir felicidad. Sonreía como un autentico bobo, por lo bien que me hacía sentir. Le di un beso dulce, corto pero intenso, mientra mi mano bajaba a su paquete. Metí la mano por dentro del gayumbo y le agarré el rabo. Le acaricié los huevos, baje más abajo y le metí un dedo en su culo. Sus manos ya me habían bajado el slip, liberando mi polla. Se agachó y me la empezó a mamar. Volvimos a follar. Conectábamos bien en la cama y eramos casi insaciables. Tras tener una buena corrida, nos quedemos dormido.

El domingo fue muy tranquilo y familiar. Fuimos a casa de sus padres a comer y por la tarde la pasemos con su hermana. Luego le acompañé a su piso, y tras una cena ligera, me marché para mi piso. Normalmente los domingos solía dormir solo, ya que los lunes iba temprano a la oficina, y si él no tenía que madrugar, pues no le molestaba. No era solo por eso, sino porque aún no vivíamos juntos del todo, aunque lo hemos hablado, no lo tenemos decidido. No porque no tengamos ganas, porque tenemos claro que lo vamos hacer, pero queremos tenerlo claro cien por cien; de momento las cosas iban genial así y tener nuestro espacio nos complacía a ambos, y cuando llegue el momento de vivir juntos, tenemos claro que el espacio no nos faltará, porque creo que es importante, que aunque se mantenga una relación, hay que tener la capacidad y la libertad de tener esos momentos que cada persona necesita, así que, cuando llegue el momento se sabrá. Prisas no tenemos.

Había decidido dar un paseo, pero casi a mitad de camino, se puso a llover de tal manera, que tuve que coger el metro. Bajé las escaleras, medio empapado; no había mucha gente, y pude sentarme en uno de los bancos; faltaban cinco minutos para el próximo metro; cogí el móvil y leí el whatsapp que me había dejado Santiago. Le contesté. Luego me puse a jugar algunas partidas, y estaban tan concentrado, que no me di cuenta que Jesús se había sentado a mí lado, hasta que me tocó la pierna.







jueves, 20 de junio de 2013

MARICA MALA (SEGUNDA PARTE. FICCIÓN)

Tras aquel primer encontronazo, nada fortuito y muy meditado por parte de Jesús Galient, tardemos en cruzarnos un tiempo. O mejor dicho, tardo en encontrarme de nuevo. Y mira que no evite ir al pub; no teníamos intención de hacerlo, y menos por alguien que no se quien es; tampoco le bloqueé en Twitter, tampoco le seguía, así que me daba igual si alguna vez me mencionaba. Que hiciera lo que quisiera. Sabía que era un payaso, una marica mala, así que no me preocupaba. Yo me preocupo realmente de la gente que me importa, y él para mí era un cero a la izquierda. No le conocía, ni tenía intención de hacerlo, ya tuve bastante con aquel encuentro y con lo que vi en la red social, ya tuve suficiente información de como era esa persona. Lo que no entendía, es como tenía algunos seguidores, ya que sus tweets eran bastantes repelentes, arremetiendo con todo el mundo; incluso llego a inventarse cosas de gente que conocía bien, y tan solo les tuve que advertir, y vieran lo mismo que yo. No me gusta decir a la gente lo que tiene que hacer, ni menos decir, pero tan solo diciéndole que vieran sus tweets o guardando sus gilipolleces, para demostrarles que es lo que iba diciendo de ellos, me fue suficiente. No me gusta hablar sin pruebas, así que, así hice. Fue fácil, porque él mismo se delataba, y ya podía borrar lo que quisiera, que la prueba ya estaba en mis manos. Con cinco minutos de ver lo que escribía me era suficiente, así que la partida estaba ganada. Encima, el muy mierda, iba cogiendo enlaces de blogs, y se los pegaba como si los escribiera él. O enlaces de fotos de gente famosa o conocida y hacía montajes. Es patético, pero así es Jesús. Una autentica marica mala.

Ese verano yo no tenía vacaciones, el departamento estaba desbordado, y necesitaba que estuviéramos todos en verano, y ya nos cogeríamos las vacaciones más adelante; al principio me fastidio y mucho, ya que ese verano queríamos ir a Italia, pero por suerte, Santiago pudo cambiar sus vacaciones, para coincidir con las mías. Todo iba rodado, saliendo a la perfección. Mi relación con él iba de puta madre, en todos los sentidos. En la cama nos compenetramos a la perfección, y eso es todo un lujo; con anteriores parejas el sexo no funcionaba tan bien como cabe esperar, pero con él era diferente. Los dos somos de sangre caliente y cuando follamos, salen chispas de la cama, o de donde lo hagamos. No nos aburríamos, y lo hacíamos casi todos los días. Era perfecto. En el resto de ámbitos, nos iba genial, porque no solo de sexo se puede mantener una relación. Si que es importante, pero no lo es todo. Tenemos casi los mismos gustos, nos gusta estar tumbados en la cama y hablar, me hace reír y es comprensivo con mi trabajo. Él sabe, que tras cambiarme a la nueva oficina, no tenía mucho tiempo, pero lo entendía y la cosa nos iba bien. No tenía queja de él, y él de mí tampoco. Nos queremos y mucho. Nuestros amigos se llevaban bien y formé un buen grupo. No salimos mucho de fiesta, porque nos gusta estar en casa, pero de vez en cuando nos pegamos nuestras fiestas, y acabamos con un buen polvo. Y menudos polvos, si es que cada vez que me imagino estando con él, se me pone dura. Y anda que no besa bien, porque para mí, los besos son importantes; si un tío no besa, pues me corta mucho el rollo. Recuerdo cuando iba en flor en flor y pillaba algún tío, que no acababa de salir del armario y me giraba la cara cuando le iba a comer la boca; no lo soportaba. Entonces lo que hacía, era metérsela, porque eso si que les gustaba, pero darte un morreo no. Así que acababa corriéndome, y me iba para mi casa. Desde luego no le volvía a ver, porque no me interesaban. Últimamente hay muchos tíos así, que no besan, que solo quieren sentir el nabo en su culo y nada más. Pues esos tíos a mi no me interesaban, y ahora menos, que con mi Santiago lo tengo todo. Le amo. Y siempre he tenido claro que voy a ser fiel; si estoy con alguien, y hay sentimientos de verdad, no tengo la necesidad de irme con otro. Lo veo una tontería, porque si no estoy a gusto o realmente no siento nada, para que engañarle; para eso estoy soltero y follo con quien quiero. Lo veo una estupidez, eso de los cuernos. Y de verdad, siempre he sido fiel, y oportunidades no me faltaban, pero nunca lo hice. Y con mi chico estoy feliz, y mucho.

Pues bien,  un viernes por la noche, tras estar por la tarde en casa, y de haber follado con mi novio, nos llamo Andrés, para que fuéramos con él de fiesta; el resto de la pandilla, estaban ya de vacaciones, y pocos quedábamos en la ciudad. Le dijimos que sí, que a las doce estaríamos en la Plaza del Rey. Nos dimos una ducha, juntos, y tras comérnosla, otra vez y corrernos plácidamente, cenemos algo rápido y cogimos el metro. Lleguemos alrededor de las doce y cuarto. Andrés estaba algo ya impaciente, no le gustaba esperar; le pedimos disculpas, casi al unisono y nos dirigimos al pub. No había mucha gente, mejor pensé yo, ya que a veces se petaba y me agobiaba. Lleguemos a tiempo para pedir un dos por uno, y si no, le pedíamos las copas a Silvia, amiga nuestra, y novia de Vanessa. Esa noche a ella le tocaba turno y su chica estaba en el hospital haciendo guardia. Ellas llevaban siete años juntas y nunca había una pareja tan bien avenida. Eran las dos súper simpáticas. Yo las conocí en el pub, me las presentó una noche Alberto; todavía no estaba con Santiago, en plan serio, porque si habíamos follado alguna vez, pero no había amor entre nosotros dos. Desde el principio me cayó genial, y Silvia fue quien me presentó a su chica. Desde entonces, nos veíamos de vez en cuando, incluso vinieron alguna vez a mi pueblo. Mi madre las alojaba como si fueran sus propias hijas y mi padre se reía mucho con ellas. Al principio pensaron que eran hermanas, pero se lo contaron con total normalidad; mis padres, ya algo mayores, se lo tomaron bien, como eso, con normalidad y no se escandalizaron; en el pueblo las miraban algo raras, pero ellas les importaba un bledo; al igual que a mí, porque alguna vez si me habían gritado "maricón" y yo me agarraba el paquete y les hacía una peineta; o les decía cualquier cosa y como no me achantaba, me dejaron en paz. Más de uno, de los que me habían insultado, más tarde me comieron el cipote y tragado el semen y tenían el ojete bien abierto. No me extrañaba, porque muchos iban de machos y luego eran muy perras en la cama. Nunca entendí esa postura, de ir de gallitos, porque no se es mas hombre por hacer ver que eres heterosexual, menuda gilipollez. Tampoco se es mas hombre por ser solo activo; es que me he encontrado algunos activos, que se creen más hombres porque no le han metido nunca la polla, otra gilipollez como otra cualquiera de los clichés de los gays; cierto es que no me gustan o no me suelo fijar en la gente que es amanerado, no soporto la palabra "pluma", pero eso no significa que sean menos hombres o mejores que yo. Nunca lo he visto así, así que esa gente que critica a otro gay, por ser amanerado o no, no me suelen caer bien. Cierto es que al "galleto" le llamamos marica mala, pero es que él lo es. Se define él solo.

Pues bien, ese viernes, tras tomar la primera copa, bailar un par de canciones, de tocar el culo a mi chico, comerle bien la boca, de excitarnos, de bailar en mitad de la pista, me fui un segundo al lavabo; estaba meándome vivo y no aguantaba mas. Había un poco de cola, nunca mejor dicho, pocas pollas, pero las suficiente para tener que esperar un rato. Al final, pude mear. Me saque el rabo y observe, soy muy observador, como él de al lado, me la miraba. Sonreí, me la sacudí y me lave las manos. Siempre me lavo las manos tras mear, no soporto a los tíos que no lo hacen, y menos que luego te den la mano, como si nada. Asco, pero bueno, no todos los tíos lo hacen; así que, me las seque en el secador y él otro tío, tras pasar detrás mía, me toco el culo. Me giré y le dije que no lo volviera hacer; me sonrió, como si nada y se dirigió hacia la pista. No quise liarla, no suelo montar follón, pero me jodió que lo hiciera. Antes, quizás me hubiera girado y le hubiera comido la boca, o la hubiera liado parda. No soporto a los tíos que te tocan, sin más, o sin haber insinuado que lo hiciera. Pero esa noche, no, solo le dije eso. Al salir, me choqué con Pedro, que le hacía aún en Canarias; me dijo que los últimos días no había parado de llover, que paradoja, porque en Madrid hacía un calor de mil demonios y que pudo adelantar el vuelo. Pero que no había dicho nada, porque se había encerrado en su casa, con un nuevo ligue, y no habían parado de follar. Menudo hijo puta esta echo, un golfo con mucho cuidado, pero es un tío cojonudo. Me reí cuando hizo el movimiento, como si estuviera dando por culo, y me dirigí hacia mis amigos. A lo lejos, aunque había poca luz e intermitente, al ritmo de la música, pude ver a Jesús. Me dirigí rápidamente hacia Santiago y Andrés, y antes de que pudiera decirles que cuando viniera Pedro, nos íbamos echando leches de allí, ya era demasiado tarde. Jesús se acercó por detrás de mi novio, y le tapo los ojos. Le miré con mala gana, pero a él eso le daba igual. Con su puta voz, le dijo que si sabía quien era. Me chirrió en los oídos. Santiago se giró, porque no sabía de quien se trataba, y al verle, se giró sin decirle nada. Pero él se quedó allí hablando de lo que había echo, de su nuevo proyecto, que estaba creando una nueva estrategia para una marca, que nunca había oído, y que seguramente se había inventado, que si había conocido a un italiano, que le iba a introducir (la polla pensé yo) en Italia y no sé que rollos más; todo eso en cuestión de segundos. Miraba hacía la puerta del lavabo, por si veía salir a Pedro, pero no, él ya había salido y se estaba comiendo la boca con dos tíos; mientras Jesús, no paraba de hablar. Hasta que vio a no se quien y nos dijo con esa puta carcajada, hasta luego. Cogí la copa y la dejé en las barras laterales. Andrés me preguntó quien era ese personaje, nunca mejor dicho, y de que le conocía. Santiago le explicó, por encima, mi primer encontronazo con él. Mi amigo no utiliza redes sociales, no le gusta, así que no le advertí de nada, ya que a él no le iba afectar. Pero con lo que le expliquemos, ya tuvo más que suficiente, además, lo había vivido en sus propias carnes, su ralladura, su forma de hablar. Después, avisemos a Pedro de que nos íbamos ya. Jesús, iba hablando unos y otros, pero no con nadie en concreto. Es más, estoy casi seguro de que iba solo, aunque presumiera de amigos, creo que no los tenía. Iba en grupo en grupo, como si buscara aceptación. No quería oírle más aquella noche, así que cogimos y nos larguemos. Ya en la puerta, con un cigarro encendido, decidimos irnos para "Bepop" a tomarnos otra copa.

lunes, 17 de junio de 2013

MARICA MALA (PRIMERA PARTE. FICCIÓN)

Cuando Jesús Galient, se me presentó de repente, aquella tarde de Julio, estaba yo sentado en una terraza tomando una cerveza, esperando a mi novio. Estaba leyendo un libro y con la excusa de que le gustaba mucho la autora, Pilar Mateos, se me presentó y sin invitarle, se sentó en la silla vacía. Me miraba de forma extraña, casi daba miedo. Más tarde descubrí, que debí de echarle de allí, sin ningún miramiento, porque era la reencarnación de la verdadera marica mala; a través de mis amigos, me enteré que le llamaban “el galleto” por lo feo y mala que era. Pero vayamos por partes:
Pedí el traslado a Madrid, porque allí se me presentaba una buena oportunidad de ascender en mi trabajo y entre otras razones, porque estaba hasta los huevos de mi pueblo. Vivía en un pueblo de 20000 habitantes, que a priori, no se puede considerar pequeño, pero no tenía nada de atractivo; el cine, hacía años que lo habían cerrado, no había ni un solo pub para tomarse unas copas y menos aún del conocido ambiente. Nunca había entendido esa palabra, no la definición, sino la utilización, ¿de ambiente? Pues que yo sepa en todas partes hay ambiente. No sé porque no le llamamos las cosas por su nombre, ya que todo el mundo lo iba a entender mucho mejor. Un bar gay. Aunque puede llegar a ofender, porque no se oye “voy a un bar hetero”; yo y mis reflexiones. En definitiva, que no había un lugar de ambiente, y en mi pueblo, necesitabas el coche para todo. Normalmente los fines de semana, nos íbamos para la ciudad;  cada semana, uno del grupo, era el que conducía; íbamos cinco en el coche y si alguien ligaba, pues ya se las apañaba para la vuelta. De todas maneras, entre semana, mi pueblo era puro aburrimiento y la mayoría ya nos conocíamos. Y al tener la oportunidad de largarme a Madrid, no me lo pensé dos veces. Aquella tarde, tras trabajar y aceptar mi nuevo puesto, me preparé la maleta; no se lo había contado a nadie. Mis padres se llevaron una gran sorpresa y sin entender mi marcha repentina, intentaron disuadirme para que me quedara. Fue en vano porque lo tenía claro, quería irme de allí y empezar una nueva vida. En Madrid tenía amigos, así que solo no me iba a sentir. Tras preparar la maleta, y mandar unos cuantos mensajes, quedé con algunos colegas, para soltarle el bombazo. Lleve unos botellines de nuestra marca preferida y lo celebremos. Me dijeron que me iban a echar de menos, pero que entendía mi postura, y que si ellos tuvieran la misma oportunidad que yo, lo hubieran aceptado sin más. Tras beber, quedemos en que le daría mi dirección, cuando me estableciera en la ciudad. Primero iba a ir a un hotel, ya que no quería molestar a nadie, pero tenía claro que iba a encontrar piso en seguida.

Y así fue, tras pasar cinco días en un hotel, más o menos cómodo, e instalarme en la central, en mi nuevo despacho, mis amigos me ayudaron a encontrar, un pequeño apartamento de soltero, que me venía genial, por precio y ubicación. Era perfecto. Salón y cocina juntos, con aire acondicionado, lavabo amplio, habitación con armario de cuatro puertas empotrado. Me bastaba para mi solo; fácil de limpiar, de recoger y súper cómodo para mí. Me gustó en cuanto lo vi, así que, no me lo pensé dos veces y aboné lo que me pidieron. Al sexto día ya estaba todo instalado en mi nuevo pisito, y esa noche lo inaugure con un buen polvo. Todo perfecto.

No me costó nada instalarme en la ciudad; mi nuevo puesto, requería mas responsabilidad, pero también era una buena pasta gansa y tener cinco personas a mi cargo, que uno de ellos era colega mío, me facilitaba mucho las cosas. No me costó adaptarme al trabajo, tenía mi buen grupo de amigos y sexo no me faltaba. No podía pedir mucho más. Todo iba bien, no me preocupaba el no tener pareja, me sentí pleno y feliz tal como me iban las cosas; solo echaba de menos a mi familia, y a mis amigos de mi pueblo, pero con bajar de vez en cuando o ellos venir a visitarme, me conformaba. Más no se podía pedir.

Volvamos aquella tarde en la que Jesús, me abordó como un verdadero acosador. Pero antes os explicaré como conocí a mi novio Santiago. Como dije, nunca me había preocupado el tener o no tener pareja, aunque tengo que reconocer que echaba de menos, que tras un buen polvo, la persona que me follaba, me dijera que me quería y se quedara en casa a dormir. No es que no se quedaran algunos, pero no es lo mismo, ya que muchos de ellos, tras follar, se marchaban y aunque se quedaran a dormir, al día siguiente se iban sin decir mucho más, y a la mayoría no les volvía a ver, aunque nos encontráramos en algún pub, no te dirigían la palabra. Con muchos otros repetía, ya que teníamos buena conexión sexual, sabiendo que como pareja no iba a funcionar, si que en la cama iba a la perfección; la verdad, que no tenía quejas de mi vida sexual; no es que fuera un adonis, pero tenía mis encantos, y al ser bastante abierto, pues conocía rápidamente a mucha gente. Pues bien, una noche, tras no encontrarme muy bien, salí del pub a respirar un poco de aire fresco; no había bebido mucho, pero quizás la cena abundante y los picantes de la comida india, me estaba jugando una mala pasada. Me senté en un banco, cuando Santiago, se sentó, y sin poder encender su cigarro, me pidió un mechero. Nos miremos a los ojos, y con una sonrisa, le cedí mi encendedor. Nos rocemos las manos, y sentí un leve escalofrío. Tenía unos ojos preciosos, una mirada que traspasó la mía. Me puse nervioso, como nunca me había ocurrido, o en un muy pocas ocasiones. Contadas diría yo. Nos dimos los nombres y dos besos. Me preguntó que hacía allí sentado y si había ido solo. Le contesté, con un nerviosismo, como un adolescente que acaba de conocer al que cree que es su amor verdadero, que había salido a respirar un poco de aire y que había ido con mis amigos. Él, con una sonrisa casi perfecta, me dijo que había salido a fumar un cigarrillo, y que estaba a punto de marcharse, pero que ahora quizás tenía motivo para quedarse. Me cogió la mano, cosa que me sorprendió, y entremos de nuevo a la sala. Me llevó a la barra del bar y me pidió una copa; no sé bien lo que llevaba, pero la verdad que me sentó de puta madre. Le presenté a mis colegas, estuvimos bailando, hablando e intercambiemos los números de teléfono. La verdad que deseaba follármelo allí mismo, y cuando nos dimos el primer beso, se me puso dura al instante; besaba genial, y tenía ganas de más; pero aquella noche solo hubo eso, besos.

Hasta el tercer día, no le volví a ver; tras dejarnos miles de whassaps, y de charlas interminables, hasta alta horas de la madrugada, volvimos a quedar en el centro. Aquella tarde si hubo sexo, y no veas, fue escandalosamente bueno; tras corrernos y ducharnos juntos, en su piso, cenemos juntos y aquella noche dormí junto a él; por un instante, pensé que era muy precipitado todo, que estaba pasando muy rápido las cosas, y así se lo hice saber. Me miró con sonrisa picarona, diciéndome que si estaba disfrutando de su compañía, que más da si pasaba en el primer día, o si pasaba un largo semestre, que lo importante era que viviéramos el momento, que mañana no se sabe lo que puede ocurrir; que su filosofía era esa, vivir los momentos como si fueran únicos, como si el mundo se fuera acabar y que no le daba importancia a ciertas cosas; que si me sentía incomodo o quería ir mas despacio, que me entendía, pero que no veía razón por no estar juntos e intentar algo bonito. La verdad que tenía razón; siempre me había gustado vivir al día, sin tener preocupaciones para el mañana, pero en cuestión de pareja, algo serio, pues le daba demasiado vueltas; y así hice, hacerle caso y ya llevamos más de seis meses.

Pues bien, aquella tarde, sentado en la terraza, esperándole, con mi libro, Jesús, se sentó en la silla vacía y empezó hablarme de la autora, con aire de saberlo todo, y como si me conociera de toda la vida. Me habló de un libro, que confundió con otra gran autora, y al intentar corregirlo, me puso el dedo en mis labios. Le miré con desconfianza, no era para menos y le dije que si me conocía de algo. Se rió, con una carcajada estrepitosa, muy escandalosa, que la gente de al lado, incluso nos miraron reprochándonos el ruido que estábamos haciendo; bueno más bien él, porque yo me sentía incomodo en aquella situación; un extraño, que no conozco, ni tan si quiera de vista, se sienta sin más y empieza hablarme de aquella forma, pues era de una incomodidad exagerada. Su respuesta a mi pregunta, fue que me había visto navegar por Twitter, y que le parecí atractivo; mientras me hablaba, porque anda que no le gustaba cascar, intenté hacer memoria y no recordaba tenerle en la red social; lo utilizaba, pero la mayoría eran amigos míos de toda la vida, y algún que otro familiar, pero no recordaba a ningún Jesús Galient, si es que utilizaba su nombre, porque claro, muchos escriben con nombres raros. No, estaba seguro que no le seguía en Twitter, y antes de que me taladrara más la cabeza, con esa verborrea molesta, le dije que se estaba confundiendo de persona. Me miró, soltando de nuevo la carcajada molestando de nuevo al resto, y cuando acabo, me confesó, que había soltado unas pequeñas mentirijillas, que no me conocía de la red, sino del pub "el sitio", lugar que frecuentaba con los colegas, y que había visto algún comentario mío en la red, y que un tal Antonio o José, que no recordaba bien su nombre, le había hablado de mí. Tenía la cabeza a punto de estallar, con tantos datos, que no le daba importancia y no me hacía recordar que le hubiera visto alguna vez, que no sabia de que tíos me estaba hablando y solo deseaba que Santiago apareciera de un momento a otro, porque por mucho que intentó, el tipejo no se movía de la silla. Me daba datos y más datos, como si me importaran algo y no se detuvo, hasta que por fin, apareció mi novio. No sé si fueron diez minutos o más, pero me pareció una eternidad. Me besó en la boca y me preguntó quien era mi amigo. Antes de que pudiera responder, Jesús se presentó, dándole dos besos en la cara e intentó darle un beso en la boca. Mi novio se apartó, antes de que se lo pudiera dar. Con la mano, cogió una silla libre, pero Jesús, por fin, con su carcajada estúpida  me dijo que ya  nos veríamos de nuevo, pero que se tenía que marchar, que había quedado. Y tal como llegó, se fue. A mi novio entonces le expliqué lo sucedido; no daba crédito a lo que oía, y con un resumen, lo mejor posible, le conté todo. De aquello, solo sé que aquel tipejo no le conocía de nada. A Santiago se le ocurrió entrar en la red social y allí apareció su foto. Miré el mio y sí, allí estaba siguiéndome. Yo a él no. Pero si entré y mire algún comentario suyo. Y la verdad que todos eran negativos, hablaba de terceras personas, insultando incluso algunos de mis amigos, daba la vuelta a la noticia y lo más increíble, que a penas cinco minutos, había contado que me había visto en una terraza, a las siete de la tarde, todo borracho. Pero si entrabas de nuevo en su perfil, borraba los tweets que había escrito en la última media hora, incluyendo otros, con barbaridades, siendo una autentica marica mala.